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08/02/2010: Informamos a nuestros lectores, que retomaremos nuestra tarea informativa a mediados de Marzo de 2010, a menos que la actualidad nos obligue a adelantar el regreso.
18/09/2005

El sionismo religioso, la desconexión de Gaza y un Mea Culpa: “Cometimos un error”

 

Queridos amigos:

Miro los saqueos del asentamiento de Nissanit, que ya han comenzado, y presiento que las semanas que se aproximan serán demasiado duras. La demolición de casas y comunidades construidas en Gush Katif en los últimos 36 años, los enfrentamientos con las IDF y las celebraciones palestinas serán una receta segura para la angustia. Esta angustia provoca que se desee culpar a alguien. Han elegido a Ariel Sharón, quien ha sido comparado con Titus, el general romano que destruyó nuestro templo. Sin embargo, observadores más finos se darían cuenta que nosotros también tenemos culpa de esto.

En los años siguientes a la guerra de Iom Kippur creíamos con sinceridad que éramos los portadores de la bandera de la gente judía. Después de todo seguíamos manteniendo la Torá y sus valores; sabíamos de dónde veníamos y a dónde íbamos; estábamos imbuidos por la fe. La guerra de Iom Kippur nos consolidó hacia una emocionante meta: Judea, Samaria y Gaza. Así comenzó el sionismo religioso.

A partir de aquí, construimos comunidades extraordinarias y familias grandes. Nuestra gente creció en todos los aspectos y se hizo parte de todas las facetas de la sociedad: en la académica, en los medios, en el ejército, en la política. La situación económica de muchos de nosotros mejoró increíblemente. Nuestras redes educativas, las escuelas religiosas-haredí, llegaron a tener un alcance impresionante, debido en gran parte a que nosotros considerábamos la educación como un tema de alta prioridad. Por otra parte, esta entrada del sionismo religioso provocó el establecimiento de comunidades y asentamientos con una naturaleza claramente religiosa. Comunidades que, con toda su belleza y esplendor, se mantuvieron separadas de las ciudades y del resto de la sociedad.

La ideología de Merkaz Harav Ieshivá no fue otra que el propugnar el establecimiento de asentamientos en toda la Tierra de Israel, como frente central de la gente judía de esta generación. Todo esto sin olvidar otras metas: la consolidación de las instituciones religioso-sionistas, la lucha contra los valores permisivos del mundo liberal-moderno, el intento de convertir las IDF en un espacio para la juventud religiosa… Todo esto nos llevó a desocuparnos de preguntas que verdaderamente pesaban sobre nuestras cabezas. Por ejemplo: ¿qué haríamos con los tres millones y medio de palestinos que nos rodean y carecen de derechos civiles? Muy pocos entre nosotros afrontaron esta pregunta con la seriedad que merece. Además, nuestro afán de aislarnos, de pensar que no necesitábamos la ayuda exterior causó una profunda ceguera en muchos de nosotros. Simplemente sentíamos que nosotros estábamos en lo cierto y el resto en lo erróneo. Sentíamos que la corrupción del gobierno era intolerable, que la cultura de la globalización provocaba destrucción, que los medios de comunicación no eran lo que deberían ser….

La pregunta, por lo tanto, es la siguiente: ¿cuál es el huevo y cuál la gallina? ¿No ha causado nuestro aislamiento uno de los grandes problemas de Israel? ¿No tenemos responsabilidad de que durante 30 años la agenda israelí se centrara únicamente en nosotros y en lo que construímos? Si hubíesemos sido más humildes; si hubíesemos afrontado las preguntas duras en vez de mirar para otro lado; si hubiésemos mirado al exterior… quizá habríamos notado que aquí, en nuestro Israel, tenemos un océano de problemas. Problemas que durante muchísimo tiempo hicimos ajenos… Si nuestros rabinos se hubieran preocupado menos de las discusiones internas y más de cómo enfrentarnos a la verdadera situación de Israel, no estaríamos quizá hoy aquí con este dilema.

Queridos amigos, es difícil para mí decir esto: erramos. Y engañamos a nuestra sociedad. Con el objetivo de redimir la tierra de nuestros antepasados, nos olvidamos de nuestra gente. Miramos a nuestros niños y sí, están muy bien, pero nos olvidamos de los muchos más niños de la gente. Nuestros rabinos intentaron conducirnos espiritualmente a través de la Torá y nos decepcionaron. La Torá no tiene nada que ver con la verdadera situación de la gran mayoría de la gente judía. Su ideal no tiene nada que ver con los apuros de nuestra sociedad. Lo terrible es que esta generación de rabinos creó una agenda ficticia para nosotros, una que despreció al israelí simple que luchó por ganar un sustento, una identidad y una dignidad en los primeros tiempos de este país.

Lo cierto es que mientras estábamos ocupados con la Tierra de Israel, fomentando nuestra identidad ideológica, tan aislada de la del resto de la gente, cosas tremendas ocurrían ahí fuera. Hoy día tenemos un millón y medio de pobres en Israel y la mayoría no está en nuestras filas. Miramos siempre hacia dentro. Los asentamientos hermosos, las casas enormes y ostentosas, nuestras prósperas escuelas… pensábamos que era algo que merecíamos por derecho. Mientras tanto, nadie se preocupaba de mirar al otro lado.

No tenemos ningún interés en los derechos de los trabajadores que cada vez más se van erosionando; no tenemos nada que decir acerca de que Israel es el líder mundial en tráfico de mujeres y por supuesto, no tenemos nada que decir sobre el tema palestino (incluso no notamos la existencia de los propios palestinos. Son invisibles. Un fenómeno de la naturaleza. Nos damos cuenta de que están ahí únicamente cuando nos atacan). Y a todo esto debe ser agregado que la institución más cercana a nosotros, la que nuestra gente todavía controla, las cortes rabínicas, funcionan como un organismo tercermundista y tampoco hacemos nada por cambiar esta deshonra.

El comportamiento de muchos de nosotros en los últimos meses demuestra que hemos perdido el norte. Las histéricas manifestaciones de nuestra gente, el consentimiento tácito de enviar niños a combatir con las fuerzas de seguridad… todo esto atestigua un sentido profundo del insulto - como si la sociedad nos hubiera traicionado a nosotros, lo mejor de sus hijos.

Y sí, muchos de nosotros somos de hecho sus mejores hijos. Pero es al revés: hemos sido nosotros quienes hemos traicionado a la sociedad. Inocentemente. Con ingenuidad e idealismo. Pero también con arrogancia. Fuimos los primeros en desunirnos.

Autor: Bamby Sheleg. Publicado en el Jerusalem Post. Traducción: José Cohen, Desde Sefarad.

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18/09/2005

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