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18 September 2005 - י"ד אלול תשס"ה

Entrevista exclusiva de “La ventana de Or Jadash” al Embajador de Israel en Argentina

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El 18 de julio se cumplió un nuevo aniversario del atentado a la AMIA. Más de una década de impunidad cubren su recuerdo y el de su antecedente en la Embajada de Israel. Dos bombas explotaron y dejaron un saldo de 114 muertos. Dos estallidos irrumpieron en nuestro país y lo mancharon de dolor y de espanto. Él las sobrevivió.
Está ligado de manera especial a la Argentina por ese extraño vínculo, le tocó compartir el dolor con sus ciudadanos desde adentro. Podría haber estado en Costa Rica o en Europa, en Venezuela o en algún otro país de Sudamérica, pero el destino lo encontró acá.
La extraña coincidencia de que cuando atacaron la Embajada, él estaba en una reunión en la AMIA, y que cuando se produjo el atentado a la AMIA, acababa de salir de ahí con destino a la Embajada, es una de esas curiosas cosas de la vida que él cuenta con naturalidad, pero con pesar. No son recuerdos que le guste evocar y, sin embargo, en un rincón de su amplia oficina conserva colgado un cuadro con las escenas de aquel horror.
Rafael Eldad, el embajador de Israel en la Argentina, es un hombre que se muestra calmo y amable, como aquel que ha sabido internalizar el legado judío de vivir con alegría el día a día, pero sin olvidar.

- ¿Usted estaba en la Argentina cuando ocurrieron los dos atentados, no es así?

Sí. Esas experiencias están entre las cosas más desagradables y terribles que me tocó pasar en la vida. El 17 de marzo del ‘92, no me olvido. Yo, en ese momento era consejero de la Embajada de Israel y había estado, ahí, en Arroyo (910) pero después tuve que ir a una reunión en la antigua sede de la AMIA. Cuando volví después de ese almuerzo, nos encontramos con lo que había pasado. Fue, realmente un golpe muy fuerte para todo el mundo pero, especialmente, para los que trabajábamos allí.

Los primeros momentos son los peores porque uno no sabe bien qué ocurrió. Recuerdo que, por ejemplo, a mi esposa que estaba en mi casa, la llamaron para decirle que pasó algo en la Embajada y ella no sabía si yo estaba adentro o no y, entonces, imagínese la desesperación. Se vino en seguida y yo llegué después corriendo y ahí recién nos vimos.

Entre los que murieron había muchos compañeros, algunos argentinos, otros israelíes. Había diplomáticos, sus mujeres, estaba mi secretaria Marcela Droblas, y tantos otros, también. Esto nos ha marcado a todos para toda la vida y es algo que nos va acompañar siempre porque fue muy, muy triste. Pero ya pasaron muchos años y uno tiene que seguir. De hecho, ahí donde estaba la Embajada, ahora hay una plaza con las placas recordando a todos los que murieron y hay árboles. Los árboles representan la vida.

- Pasaron 13 años y 11 desde el atentado a la AMIA ¿Por qué piensa usted que la justicia no encuentra o encubre a aquellos que los cometieron?

Es difícil responder a esa pregunta. A veces, uno oye decir “pasaron tantos años y no se sabe nada”, y yo digo que no es así. Algunas de las cosas se supieron bastante rápido. Sabemos quién hizo el atentado. Sabemos que fue un grupo terrorista de Hezbollah del Líbano con la ayuda, o más bien, con el apoyo de Irán, que es un país que sigue hasta el día de hoy apoyando al terrorismo. Y sabemos, también, que hubo otros muchos que apoyaron: la gente relacionada con la camioneta que trajo los explosivos, la que hacía la logística, observando y estudiando qué pasaba acá y allá y cómo eran los movimientos, los que albergaron a los terroristas, etc. Es decir, hay cosas que sí se saben, pero falta mucho aún. Hay muchísimos detalles que todavía no están claros. Pero no es que no sepamos nada. Sabemos, por ejemplo, que hoy en día nadie está preso, nadie está juzgado y la cosa quedó en el aire. Eso es algo que todos sabemos y por lo que deberíamos pelear.

Justamente, el otro día leía en el diario que después de haber soltado a todos en el juicio, ahora condenaron a 4 años a un policía que parece que hizo desaparecer casettes que podían usarse como pistas. Es lamentable porque todo este tema, sin dudas, fue tan mal manejado que los resultados hoy son obvios.

Ahora, si fue hecho por mala voluntad, por incapacidad o por las dos cosas juntas, y quién es el responsable de eso, habrá que ver. Pero lo que queda claro es que no se hizo nada bien.

Sin embargo, es importante diferenciar entre dos cuestiones que siempre se mezclan y se ponen juntas. La investigación es muy importante y tratar de ver quién ayudó o no ayudó al desarrollo o no desarrollo de esa investigación es relevante, también. Pero no hay que olvidar que lo más importante de todo y que merece todos los esfuerzos es llevar ante la Justicia a los que perpetuaron el atentado.

A lo que me refiero es que, por ejemplo, ahora se habla mucho y estamos todos ocupados del juicio a Galeano y opinando sobre su destitución, pero él no puso la bomba. A lo mejor actuó mal, no sé, sobre eso le corresponde expedirse a la Justicia, y, de hecho, así lo hizo. Pero nosotros debemos estar atentos y saber que éste no es el tema principal. Él no puso la bomba.

Esto es algo común que pasa en Argentina con muchos casos. Se habla de Galeano, de Menem, de Duhalde, de Corach y de si hicieron bien o si hicieron mal. Y ojo, eso es importante saberlo porque si ellos investigaron mal o encubrieron o no dejaron avanzar la investigación, eso se debe saber y hacer público. Pero no hay que perder de vista lo esencial que tiene que ver con seguir el tema de quién puso la bomba, cómo lo hizo y tratar de capturar a esos criminales que lo llevaron a cabo y presentarlos a la Justicia. Por eso hay que seguir trabajando en el tema.

- ¿Cree que son “cortinas de humo” y que es adrede darle más difusión a la cuestión de Galeano que a investigar quiénes son los verdaderos culpables?

No lo sé. Yo sé que en Argentina hay una tendencia muy fuerte a buscar teorías conspirativas. Si algo no se hace bien, nunca es porque alguien es ineficaz, sino porque seguramente lo pensó y lo quiso hacer así. Yo no pienso así, en general. Porque si la gente es tan sofisticada como para hacer todo esto y planearlo tanto y luego hacer otra cosa para tapar lo anterior, la verdad es que me parecería -cuando menos- bastante curioso. Muchas veces todo esto sucede, simplemente, porque no se saben hacer las cosas, porque se hacen mal y porque son ineficaces.

A lo mejor en alguna parte hay grupos o alguien que trató de tapar. Eso no se puede negar. Por ejemplo, varias veces se han tratado, y cada tanto siguen lanzado, teorías locas como la de la implosión. Esos no lo hacen sin querer. Eso, para mí, sí es de mala fe para distraer la atención. Porque acusar a los mismos asesinados de algo así, como si ellos mismos se hubieran casi suicidado, eso es como demasiado.

Así que hay gente mala. Hay gente que trata de poner obstáculos. Gente a la que parece ser que le conviene que esto quede en la nada. Pero, en general, yo pienso, o prefiero pensar, que no es adrede.

Yo insisto en que en estos temas no hay que dejarse marear ni olvidar que lo principal es terminar la investigación y hacer justicia. Hacia ahí tienen que estar nuestros esfuerzos. Y espero que, ya que es un momento de buena voluntad política -al parecer- eso se pueda aprovechar.

- ¿Cuál es su opinión con respecto al proceder del actual gobierno en el caso?

El gobierno del presidente Kirchner y todas las autoridades actuales, están demostrando muchísima voluntad. Han hecho algunos gestos muy importantes, pero eso no es suficiente si no hay resultados. Espero, y creo que no sólo yo, sino todos los argentinos, que los que están a cargo de este tema muy pronto puedan traducir estos esfuerzos en algo más concreto. Que esta buena voluntad que muestran pueda llevar a resultados claros.

- ¿Considera que los archivos entregados por la SIDE son un paso significativo o solamente una maniobra para cambiar la mala imagen de esa entidad?

Eso de entregar los archivos es simplemente un gesto, más que algo realmente sustantivo. Los archivos estaban. En vez de estar en este cuarto estaban en el otro, pero estar, estaban. No es algo que cambia totalmente nada. Pero sí es un gesto para demostrar que hay buena voluntad para seguir adelante y no dejar el tema dormido. Y Es algo fundamental. No hay que dejar el tema dormido y eso no es solamente responsabilidad del gobierno. Porque aun en caso -que espero que no ocurra- de que nunca se esclarezca, es indispensable que se siga el tema. Se debe seguir investigando para que los terroristas que lo hicieron sepan que constantemente alguien los está buscando, alguien los sigue buscando. ¿Y por qué eso me parece tan importante? Porque cuando alguien sabe que lo están buscando, tiene que esconderse. Vive con miedo, no tiene con quién salir, ni en quién confiar, ni siquiera en su familia y esto es parte del castigo. Ese terrorista, aun si no está en la cárcel como debería como resultado de un proceso judicial, está en la cárcel porque tiene miedo de salir a la calle, tiene miedo de vivir, de hablar, tiene miedo de que el vecino lo vea y lo venda.

Entonces, es fundamental no abandonar la investigación ni la búsqueda ni los reclamos. A pesar de la desilusión, de la bronca y de la desmoralización que devienen con los años. Hay que insistir, no importa cuánto, el tiempo que lleve. Ojalá dé resultados inmediatos, pero incluso si no, es un mensaje muy importante para el criminal y también para la sociedad, que quede claro que cuando se asesina a 29 personas, como en caso de la Embajada o a 85 como en lo de la AMIA, eso no pasa desapercibido ni queda impune. La sociedad sigue investigando, debe seguir reclamando.

Los ruidos de los bombos de una manifestación que está pasando cerca, interrumpen el clima. Hacemos una pausa. El embajador ofrece café y aprovecha para indagar “¿sólo preguntas tristes me va a hacer?”. No oculta la pena que le produce hablar sobre este tema, tal como nos sucede a todos. Tal vez por eso, cuando la protesta pasa y sus sonidos se van perdiendo a lo lejos, al retomar la entrevista, de pronto comenzamos a conversar sobre las relaciones bilaterales entre Argentina e Israel, sobre la situación actual del conflicto en Medio Oriente, la posición de los medios y, también, sobre algunos puntos en el asunto de la desconexión.
Sobre eso, habla de otra forma, más distendido y se explaya en sus respuestas. Su actitud es la misma, cálido y bien dispuesto. Sin embargo, en esos detalles, se lo puede notar decididamente más cómodo.
Y es que la necesidad de justicia, la bronca por la impunidad y la desmoralización que causan ambas, son inevitables cuando hacemos referencia a los atentados que sufrimos en la Argentina. Nos pasa a todos. A quienes perdieron personas queridas allí, a quienes se salvaron, a quienes lo vimos por la tele y salimos corriendo a ayudar, a quienes se lo contaron sus maestros o sus padres y, también, a Rafael Eldad. Rafael Eldad nació en el año 1949 en Casablanca (Marruecos), pero sólo vivó allí hasta los 13. En 1962 emigró a Israel donde, años más tarde, sirvió en las Fuerzas Navales. En 1978, luego de haberse graduado en Ciencias Políticas e Historia en la Universidad de Haifa, entró al servicio diplomático y, 2 años después, pasó a ser miembro de la delegación israelí en la Asamblea General de la ONU. Habla cuatro idiomas (hebreo, inglÉs, francés y español), está casado y tiene tres hijos (Keren, Lirón y Dana).
Es un hombre aplomado pero de ideas fuertes.
A principios de los ‘80 fue destinado a Turquía, luego, a Costa Rica y en el 1989 llegó a la Argentina. Durante los primeros años se desempeñó como Consejero de la Embajada israelí en Buenos Aires, y del ‘92 al ‘94 como Ministro Consejero. Entre 1994 y 1995 ocupó el mismo cargo en la División de Europa Occidental y, desde 1998 a 2002, sirvió como Embajador de Israel en Perú. En 2004 regresó a nuestro país. Desde entonces, está viviendo aquí con su esposa, Batia, y es Embajador (en Argentina y Paraguay) y director del Departamento para América del Sur.

- ¿Qué temas de intercambio se están llevando a cabo entre Argentina e Israel?

La relación con la Argentina, tradicionalmente, ha sido muy cercana porque creo que para los argentinos Israel no es un país más en el Medio Oriente, sino que es especial. Tal vez, se debe a que hay una comunidad judía muy importante, o quizás porque Israel se destaca en muchos temas, no lo sé muy bien, pero sea como fuere, es un país especial. Y lo mismo le pasa a Israel, la Argentina no es un país más en Latinoamérica, sino un país importante y con el que siempre se quiere estrechar relaciones.

Y esto se trata de hacer a todos los niveles. Por ejemplo a nivel político, se buscan establecer contactos entre líderes de las dos partes. Hace poco estuvo en Israel Cristina Kirchner, el ministro del interior Aníbal Fernández, el Secretario de Estado para las comunicaciones, una delegación de la Cancillería, estuvo el propio Rafael Bielsa y está por viajar el vicepresidente Daniel Scioli.

Desde Israel, en Argentina, estuvo el viceprimer ministro Ehud Olmer, y está por llegar el ministro de Agricultura. Como ve, hay contactos y esto no se hace para hablar y porque sí. Se trata de un mensaje para todos. De hecho, el intercambio comercial en el último año ha crecido mucho, 120% más de lo que era antes. Y en estos primeros meses de 2005, ha aumentado un 40%.

El intercambio cultural, es muy rico también. De hecho, en la última edición de La Feria del Libro el stand de Israel ganó el primer premio. Además, se organizó una semana de comida israelí en Puerto Madero en “La Bisteca”. Así que las relaciones están atravesando un buen momento, en general.

- En mayo usted firmó junto a Aníbal Fernández un Protocolo para implementar un acuerdo sobre cooperación entre ambos países. ¿De qué se trata? ¿Confía en que producirá resultados exitosos?

Es sobre temas de seguridad, de lucha contra la delincuencia y el tráfico de drogas y, también, contra el terrorismo que, tantas veces está ligado a todos estos temas anteriores.

Se trata de un convenio entre los ministerios del Interior de Argentina e Israel y se firmó en el despacho de Kirchner, por su propio pedido. Eso es importante porque, normalmente, es algo que se firma entre el Ministro del Interior y el Embajador en su despacho o aquí, en la Embajada. Sin embargo, el Presidente para darle mayor importancia pidió que se firmara en su oficina. Se trata de otra prueba de la buena relación actual entre ambos países.

Y para que siga ese buen vínculo, nosotros tratamos que la presencia del Estado de Israel no sólo resalte, sino que sea también muy positiva. Por eso intentamos generar diálogo con la prensa nacional y local, y generar presencia, porque para llevar un mensaje, para explicar lo que pasa en un país, para dar mi opinión no me puedo sentar en una oficina y hablar. Se habla con los medios y ellos lo comunican.

- ¿Al respecto, cómo ve la relación entre Israel y la prensa local?

En los 10 meses que llevo en este puesto he publicado 10 artículos en Clarín, La Nación y uno en Página 12. Así que lo que estamos tratando de tener es una presencia en la prensa, por lo menos. Sobre todo, en lo que se refiere al conflicto de Medio Oriente. Y sobre la base de que para que haya buenas relaciones, para que haya amistad tiene que haber conocimiento. Entre dos pueblos que no se conocen no puede haber relaciones. Cuando se conoce más las bondades de cada uno, las complicaciones, los retos que tiene, eso ayuda mucho a entenderse, también.

Israel, de todas formas, organiza sus relaciones internacionales de manera multilateral, esto es con grupos de países. Argentina, en este sentido forma parte del MERCOSUR, junto con Brasil, Uruguay y Paraguay. De hecho, yo soy embajador de Israel también en Paraguay. Y se ha entregado ya un acuerdo comercial entre Israel y el MERCOSUR, por ejemplo.

- Más allá de la presencia que se esté consiguiendo tener ¿qué opina sobre el tratamiento que le dan los medios argentinos no sólo al conflicto de Medio Oriente, sino a todos los temas relacionados con Israel?

Sé que hay muchas quejas sobre este tema que la prensa no trata bien a Israel en sus artículos. Y, en gran medida, esto es cierto, no se puede negar. Pero hay que ver que la situación de conflicto en Medio Oriente es tan violenta, a veces, y tan difícil, que se vuelve difícil juzgar. Por eso estoy contento que desde hace unos meses está todo más tranquilo y creo que en los medios esto se ve reflejado, también.

Esta relativa calma va a permitir, además, demostrar -y es parte de nuestro esfuerzo- que Israel tiene conflicto, pero tiene sus argumentos, tiene que defenderse porque está constantemente atacada por terroristas. Se trata de un país pequeño rodeado de países árabes alrededor. Es un país que corre riesgos en su existencia misma. A veces, la prensa se olvida de estas cosas.

Pero es nuestra tarea, justamente tratar de que se tenga una imagen más completa de la situación. Israel no es solamente conflicto. Es un país democrático ejemplar. En toda la región no hay otro así.

Es un país que a pesar de tener que luchar y hacer guerras continuamente para defenderse, ha logrado desarrollarse y convertirse en uno de los países más avanzados del mundo, en temas de educación, ciencia y en salud. Lo mismo en cuanto a sus logros en cuestiones como la tecnología y la agricultura. Tiene una vida cultural intensiva y de gran nivel.

Además, es un país lindo, muy turístico. Tenemos el Mar Mediterráneo, el Mar Rojo, el Mar Muerto. Tenemos la Galilea, el desierto y hay ski en el Golán. Está Jerusalem, está Masada y tantas cosas bonitas. Esto también hay que mostrar y saber hacer ver. Israel no es solamente una bomba que puede explotar en un autobús o un conflicto con los palestinos.

Pero no es fácil porque la prensa se interesa justamente en estos temas diarios que por ahí venden más. Pero bueno, por eso hay que salir, hay que hablar, hay que difundir, hay que mantener las buenas relaciones. De a poco, se podrá lograr ir creando una imagen más real y completa. Pero lo mejor que puede suceder para que todo esto se logre, es que el conflicto se tranquilice. Mientras que hay un conflicto podemos estar hablando todo lo que querramos, pero va a seguir difícil. Así que ojalá se mantenga esta calma.

Además, en Israel ahora está habiendo ya suficientes problemas internos con todo el asunto de la desconexión, y ya hay bastante con eso.

- ¿Qué piensa que va a pasar con el tema de la desconexión?

Ojalá no haya demasiadas fisuras internas. Es un tema que preocupa mucho, mucho porque en una democracia uno tiene todo el derecho a no estar de acuerdo y a expresarlo pero, aun en democracia, hay líneas rojas que no se deben cruzar. Y por eso espero que este plan del gobierno que fue aceptado de una manera democrática por un gobierno elegido democráticamente en la kneset, que es un parlamento democrático, pueda realizarse y que los que están en contra, protesten, si así lo desean, pero siempre dentro del marco de la ley y de los límites de la democracia y la libertad. Ojalá no se pasen. Tengo, personalmente un temor que alguien pueda traspasar estas líneas.

- De hecho las amenazas de que esto suceda, están…

Y sí, están. El ambiente es muy tenso allá, pero hay que esperar que prime la razón.

- Hasta ahora el método que usaba Arafat siempre, era negociar un poco y luego tratar de presionar a través del terrorismo y la violencia para conseguir un poco más. Negociaba otro poco y otra vez el terrorismo para ir por más… ¿Qué hace pensar que la historia no se va a repetir con Abu Mazen?

Es la esperanza, nada más. Acá no hay recetas, ni seguridades matemáticas. Abu Mazen tiene otro discurso, eso sí es claro, está a la vista. Habla de otra manera, habla de paz. Está en contra, o por lo menos habla en contra del terrorismo.

Pero también sabemos que hay que tener no solamente las palabras, sino los hechos. Porque mientras haya todavía tantos grupos armados palestinos que hagan lo que quieran, entonces no vamos a poder llegar a nada. Y para eso él tiene que controlarlos.

- ¿Y puede hacerlo?

Si no puede controlarlos, entonces tiene que dar un paso al costado y dejar que venga otro jefe. Es así. Porque esto de que el uso de la fuerza es monopolio del estado es algo básico, no solamente en democracia, sino en toda la civilización humana. No puede ser que dentro de un solo país cada uno levante armas.

Si uno está frustrado o no le gustan las cosas, no puede salir a la calle y matar gente. El uso de la fuerza es monopolio sólo del estado. Y eso debería funcionar también entre los palestinos. Mientras siga existiendo esta situación en la que la Jihad islámica, la Hezbolláh, Hamas, Al Qaeda, o cualquier otro grupo al que no le guste esto o lo otro, salga a las calles o al mundo y saque armas, entonces, no vamos a llegar a nada.

Por eso, ese es el desafío más grande que tiene que enfrentar Abu Mazen. Es la prueba más difícil que tiene que presentar. Debe demostrar que no solamente ha cambiado el ambiente en las palabras, sino que en los hechos ahora alguien controla, alguien pone límites que no deja traspasar. Y, sobre todo, que todo se arregla alrededor de la mesa de negociaciones, en el diálogo. Vamos a ver si lo va a poder hacer…

- ¿Piensa que la creación de un Estado palestino independiente ayudaría a lograr la paz?

El establecimiento de un Estado palestino es algo factible. Si todavía no lo hay, es culpa de los palestinos mismos porque desde Israel se lo hemos ofrecido mil veces y cuando estaban casi por llegar, ellos mismos lo arruinaban.

Pero acá, también, hay una cuestión que hay que entender y es que un arreglo que conlleve al establecimiento de un Estado palestino debe ser un arreglo permanente. Es decir, algo que marque un punto final y el término del conflicto. Porque muchas veces vemos que hay muchos palestinos o países árabes que lo que piensan y sostienen es que tiene que sacar a los judíos del territorio, que ese es el objetivo final. Entonces, bajo esa lógica, el establecimiento de ese Estado palestino se ve como una etapa hacia esta meta. Eso no. No lo vamos a aceptar de ninguna manera. Si es así, entonces Israel no entra en el juego. Si hay conflicto, que siga el conflicto.

Por eso, por ejemplo, cuando analizamos por qué fracasó el acuerdo que trató de hacer Barak con Arafat, una de las razones principales es que una de las condiciones de Barak era que nosotros hacíamos todas las concesiones pero con la única condición de que quedara escrito que con eso se terminaba. Que asegurara que no era que mañana nos iban a venir con otros reclamos.

- Que no sea una primera fase, para después seguir…

Exactamente. Y entonces, las negociaciones fallaron. Eso dejó al descubierto las verdaderas intenciones que tenían. Vamos a ver ahora.

De todas formas, pienso que estamos hablando de cosas que todavía no corresponden. Es muy prematuro. Esta Intifada de cuatro años ha abierto un abismo terrible entre los pueblos y no es que ahora que Abu Mazen habla lindo, mañana hay paz y todos nos abrazamos. No funciona así. Hay un abismo muy, muy grande y para reconstruir lazos y extender puentes va a llevar tiempo y hay que respetarlo.

Hay que hacerlo despacito si queremos que funcione esta vez. Así que lo que tenemos en frente no es un acuerdo de paz, sino unos acuerditos pequeños que de a poco quizás nos lleven a la paz. Pero bueno, hay que empezar con este proceso si no difícilmente algún día lleguemos. Y dentro de esto está el plan de desconexión para poder lograr un clima un poco más agradable, pero vamos a ver.

- Usted hablaba del abismo que creó la Intifada, pero además ¿eso no se ve reforzado por el tipo de educación que reciben los palestinos?

Por supuesto. De hecho, una de las exigencias de Israel no es solamente que Abu Mazen hable bien, sino que en el sistema educativo no sigan mostrando a los judíos como si fueran los demonios y que los colegios no inciten a la violencia. Lo mismo en cuanto al contenido de los medios de comunicación, que dejen de mostrar todos los días una película más antisemita que la otra. Porque no se puede hablar de paz con alguien y, a la vez, mostrarlo como si fuera un diablo. Porque con el diablo no se hace paz, con el diablo no se convive. Entonces, una de dos: o querés hacer paz o, como el otro es el diablo, hay que luchar contra él.

Por eso hablo de que va a llevar tiempo. Son cosas que deben ir paralelamente, deben darse al mismo tiempo. No se puede pensar ‘primero hacemos la paz, y después educamos para la paz’, no funciona así. Deben ir las dos cosas de la mano, ambas cuestiones juntas porque sino es imposible mantener cualquier acuerdo.

- En el asunto de Medio Oriente hay una particularidad que no se observa en otros casos en el mundo. Continuamente se liga el conflicto con el cuestionamiento a la legitimidad del Estado de Israel en sí. ¿Eso es algo que se puede revertir, o se va a revertir algún día? ¿Cómo?

Se puede revertir si se firma un acuerdo de paz donde se reconozca la existencia del Estado de Israel y, por el cual se eduque a convivir en paz con Israel. Justamente, es uno de los temas que siempre tratamos de explicar ante los medios. Que entiendan que Israel no es un país como los otros, está amenazado en su existencia misma. No es como Irak. Allí todos los días ponen coches bomba y matan gente pero nadie cuestiona la existencia de Irak. Los iraquíes van a seguir ahí. Con Sadam Hussein o con otro, a nadie le importa. Es lamentable lo que pasa allí, no digo que no, pero el tratamiento es distinto con respecto a Israel.

Si jaz be jalila perdemos la guerra, mejor ni pensar lo que puede pasarnos. Por eso lo que hay que cambiar es la forma de ver el conflicto en Medio Oriente y juzgar a Israel según estos miedos y no como si fuera cualquier otro país, porque de hecho no tiene la misma situación.

- O al revés. Quizás se lo debería juzgar como al resto de los países, con el mismo parámetro, sin cuestionar su derecho a existir…

Claro, pero esto no es fácil porque los medios no tienen esta visión completa. Ellos muestran la escena ‘acá hay un niño palestino y acá un tanque israelí, miren el pobre e indefenso palestino’.

- Toda la información aparece descontextualizada…

Exacto y no es la manera adecuada de verlo y mucho menos de presentarlo. En eso sí tienen gran responsabilidad.

- Usted decía antes que en Israel hay otros temas, más allá del conflicto con los palestinos. ¿Considera que el problema socio-económico, en estos momentos, es más relevante para la gente que el terrorismo? ¿Qué es lo que está pasando que ha aumentado tanto el índice de pobreza en Israel?

No es así. Es que a los judíos nos gusta quejarnos. Esto es así en todo el mundo.

Es cierto que hay problemas, eso uno no puede negarlo, pero en Israel hay una red de seguridad social tan fuerte que cuando se habla de pobreza, hay que entender que no es la misma pobreza que se ve acá en las afueras de Bs. As., o de Rosario y, ni que hablar, de la que se ve en Perú, en Guatemala o Brasil. Es relativo entonces el término este de “pobreza”.

Yo estuve en varios países de América Latina y cuando veo por televisión en Israel una familia que se queja ‘estamos pobres, estamos mal’ y uno mira lo que hay alrededor, toda la escena: la casa, la heladera, el televisor, el sofá donde está sentada la misma señora que se queja y, entonces, uno entiende que es relativo lo de “pobreza”.

Ahora, por supuesto, en relación a la sociedad israelí, al nivel de vida de allá, esa señora puede estar mal, pero hay unas redes de seguridad y asistencia social en el país que amparan esto. Se apoya a los enfermos, a los ancianos, a los minusválidos, a los que tienen muchos hijos. Es más, a veces uno piensa si no es exagerado el apoyo que se da, pero siempre es así.

Lógicamente, también hay pobres, porque es una sociedad como las demás. Y además, esto tiene que ver con una crisis económica que tuvimos a raíz del terrorismo. A partir del conflicto hubo más gente que de pronto empezó con problemas. Ahora, yo creo que está habiendo un proceso de recuperación y que cada vez hay menos pobreza. Y con esto no digo que no haya aún problemas económicos, pero las cosas son muy relativas y siempre hay alguien que te apoya. En Estados Unidos, uno no tiene trabajo y se puede morir, que a nadie le importa. En Israel tenemos todavía esas redes de contención.

Hay que esperar que la economía vaya creciendo cada vez más para que haya trabajo para todos, para poderle dar un buen nivel de vida a todos y para que el Estado, a través de los impuestos que recauda cuando hay bonanza económica, pueda apoyar a los más necesitados. Y hay otra cuestión, la verdad es que si hay tranquilidad vamos a poder gastar mucho menos en seguridad y la plata que se libera podrá ir en gran medida para esto. Así que las cosas dependen un poco también de eso.

Entrevista realizada por Natalia Susevich- Especial para La Ventana de Or Jadash Año 6 Número 42


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