18 September 2005 - י"ד אלול תשס"ה
El árbol de la paz ha de echar raíz en Israel
Shalom. Salaam.
Situación y relación mutua de quienes no están en guerra. Pública tranquilidad y quietud de los estados. Sosiego y buena correspondencia de unas personas con otras. Reconciliación.
Las desgarradoras imágenes de colonos judíos inundados de lágrimas junto a soldados israelíes, de rabinos caminando en riguroso silencio cargando la Torá en un nuevo destierro, nos han batido el alma a quienes sabemos lo que es abandonar la tumba de nuestros padres para siempre.
Medio siglo de sangre derramada tuvo suficiente peso para justificar el dolor de esa briosa separación, en aras de pavimentar un sendero que conduzca a alcanzar el deseo más implorado en la liturgia judía: shalom, paz.
Hacer historia puede ser un proceso lastimoso, pero Israel ha dado, unilateralmente, un paso que es un logro extraordinario. El desmantelamiento de los asentamientos en la Franja de Gaza no sólo muestra el compromiso del Estado hebreo con el plan de paz, sino que también destella las primeras luces de lo que el futuro augura cuando hay fe.
De Ariel Sharón, el Primer Ministro israelí, aprendimos que existen momentos en los que es necesario ceder el ideal que a uno más le ha costado defender, a fin de conseguir algo mucho más valioso. Nos percatamos de que es a uno a quien le toca iniciar el diálogo para comunicarnos con quien no nos entendemos.
Los colonos nos confirmaron que siempre estamos los que sufrimos por culpa de quienes manejan el poder sin pensar en nosotros. Los soldados nos enseñaron que cuando tenemos una causa, debemos luchar por ella pese a los sacrificios que tengamos que hacer en nuestro espíritu.
“¡Mirad cuán bueno y placentero es para los hermanos vivir juntos y unidos!”, rezan los Salmos del Rey David.
Judíos y palestinos deben pensar, en los momentos más idealistas, en la felicidad que les traería no tener que vivir bajo el yugo del odio. Por eso es que soñar la paz está despertando a Israel con ansias de salir adelante. Con la esperanza de que la Autoridad Palestina tenga esa misma buena fe muy pronto cuando llegue su turno.
Shalom, utilizado también como saludo, deriva de la raíz que significa entereza, prosperidad y salud; se escribe con las mismas letras en hebreo que la palabra shalem, completo; e implica integrar la pasión del cuerpo a los deseos del alma, según las enseñanzas hebraicas.
Por eso es que para vivirla los seres humanos deseamos la libertad y el derecho a determinar nuestro propio destino individual o colectivamente. Y entendemos que los medios para lograrla no pueden ser la violencia ni la intolerancia.
“Los problemas que enfrentamos hoy, conflictos violentos, destrucción de la naturaleza, pobreza, hambre y otros así, son problemas creados por los seres humanos que pueden ser resueltos a través del esfuerzo humano, la comprensión mutua, y el desarrollo de un sentido de hermandad”, declaró el Dalai Lama, Tenzin Gyatso, cuando recibió el Premio Nobel de la Paz en 1989.
La paz es una filosofía que se entiende y se aprecia sin resentimientos, comprendiendo que si una situación no es buena para uno, entonces la situación de uno puede que no sea buena para el otro.
Israel ha comenzado a poner en práctica las instrucciones de ese pensamiento filosófico, una política que debe seguir en pie para incentivar a la dirigencia palestina a mitigar el rencor que alimenta a los fanáticos que obstaculizan la armonía.
El lunes, Mahmoud Abbas, el Presidente de la Autoridad Palestina, llamó a Sharón para encomiarlo por “una decisión histórica y valiente”. Asimismo, le sugirió la reanudación de las negociaciones y le enfatizó: “Somos tus socios para la paz”.
Esta no es una victoria o una derrota para nadie, sino una demostración de la voluntad humana para resolver los conflictos que están enraizados en nuestras sociedades.
Lo que falta es desvelarse de verdad por asegurar que el ideal de la coexistencia pacífica, aunque requiera de mucha voluntad, forme parte de la conciencia colectiva.
Mientras se alcanza esa meta, a los palestinos les tocará la difícil tarea de poner orden en su casa para demostrar que pueden ejercer su soberanía con pleno derecho. También tendrán que poner fin al abominable terrorismo. A los israelíes les tocará concederles la libertad requerida para que puedan ordenar sus asuntos, y continuar las negociaciones referentes a Cisjordania.
Cediendo y cediendo se va recibiendo. Solamente así lograremos romper las espadas, como lo profetizó Isaías, para hacer de ellas arados.
Autor: Daniel Shoer Roth - El Nuevo Herald 28/08/2005
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