7 November 2005 - ה' חשון תשס"ו
Israel recuerda al Primer Ministro Itzhak Rabin, en el décimo aniversario del magnicidio
En su modesta casa en el Kibutz Manara, cerca de la frontera con el LÃbano, EL TIEMPO dialogó con Rajek Rabin Yaakov, la hermana del lÃder inmolado.
Con una vela encendida en su memoria, en la residencia del presidente de Estado Moshe Katzav, se iniciaron este jueves los actos en recuerdo de los 10 años del asesinato de Rabin, que cayó abatido por el extremista judÃo Igal Amir al concluir un mitin por la paz en Tel Aviv.
Rabin, según los sondeos, uno de los mejores Primeros Ministros de Israel, y que se atrevió a dar el paso de estrechar la mano de los palestinos y firmar los acuerdos de Oslo de 1993 junto con Yasser Arafat tras décadas de enfrentamientos, no ha sido olvidado y su nombre es evocado con frecuencia cuando se habla de iniciativas para encontrar la paz con los palestinos.
Pero hoy se teme que en Israel suceda de nuevo algo similar por la decisión de Ariel Sharón de evacuar Gaza.
Estas son las apreciaciones de Rajek Rabin:
Estos dÃas no deben ser fáciles para usted
No, para nada, porque al hablar de Itzhak existen dos facetas. Está la muy personal, por la que no importa si mi hermano era Primer Ministro o encargado de un establo. En el Estado de Israel, hay mucho duelo, muchas pérdidas.
Y la dimensión general…
SÃ, su asesinato, en mi modesta opinión, fue algo terrible con lo que la sociedad israelà no lidió debidamente, no supo extraer las lecciones necesarias. Y creo que hoy estamos donde estamos porque no se sacaron las conclusiones apropiadas del hecho de que un Primer Ministro electo en un paÃs democrático fue asesinado por sus posiciones, por el proceso polÃtico que emprendió. Pensamos que eso podÃa suceder en los paÃses árabes o en otros lugares, pero nunca aquÃ.
Aquà era imposible…
Itzhak estaba muy seguro de que eso no podÃa pasar. Se sentÃa seguro. No se podÃa ni hablar con él del tema.
¿Usted no creÃa que la incitación a su muerte eran sólo palabras…?
Yo realmente tenÃa miedo. Yo sentÃa que el mensaje estaba claro, escrito en la pared y que no eran sólo palabras.
¿Habló con él de eso?
No, no se podÃa. Era imposible. No querÃa ni escuchar. Ni él ni Lea, la esposa. Pero hay lecciones que enseña la historia. Y yo siempre he pensado que gente que quema muñecos, es capaz también de quemar gente. Y cuando yo vi que presentaban a Itzhak en fotos como vistiendo el uniforme de la ‘SS’ nazi, cuando le ponÃan el pañuelo árabe, el de Arafat, y gritaban por las calles “con sangre y fuego echaremos a Rabin”, tuve miedo.
Entrevistó Jana Beris para el periódico El Tiempo - Colombia
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