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27/12/2005

Janucá, la otra fiesta de la luz

 


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Usted, lector, habrá visto por estos días enormes candelabros en las plazas de varias ciudades argentinas y de las principales del mundo con población judía, y seguramente se habrá preguntado la razón de esta costumbre. O quizás haya recibido una tarjeta de salutación o un e-mail con la inscripción Happy Hanukkah, Merry Christmas (Feliz Janucá, Feliz Navidad) y se habrá interrogado sobre el origen de esta frase. Es que este año las celebraciones judías y católicas comparten varios días en común, dado que el inicio del sexto día de Janucá coincidirá con la Nochebuena cristiana (católica y protestante). Candelabros y árboles de Navidad conviven hoy en las grandes urbes y se erigen como mudos testigos de una era de convivencia.

Esta noche, al tiempo que los judíos observantes estén encendiendo seis luminarias de su candelabro y en plena celebración del comienzo de un nuevo mes del calendario hebreo, los católicos iluminarán en su totalidad el árbol de Navidad hogareño. La feliz coincidencia amerita que analicemos los aspectos comunes a ambas celebraciones.

¿Qué es Janucá? Literalmente, “inauguración, consagración”. Se recuerda la histórica victoria de los macabeos contra el terrible rey pagano greco-sirio Antíoco Epífanes, quien pretendía imponer sus costumbres politeístas. Los invasores fueron expulsados y se produjo la restauración de los servicios religiosos en el templo de Jerusalén. Este hecho ocurrió hace “sólo” 2168 años. Fue un triunfo que reinstaló la soberanía política y religiosa sobre la tierra de Israel.

Se trata, posiblemente, de la primera lucha por la obtención de la libertad religiosa que registra la historia. Etimológicamente, la palabra Janucá tiene las mismas consonantes que la palabra hebrea jinuj (educación), y quizá sea un símbolo de que la resistencia a la opresión debe ser transmitida como valor a través de la enseñanza a las nuevas generaciones.

Los ocho brazos (con uno auxiliar) del candelabro utilizado en la festividad recuerdan al así llamado por la tradición judaica milagro de Janucá: el aceite del Gran Templo, que podía durar sólo veinticuatro horas, alcanzó para ocho días.

La Navidad cristiana y la Janucá hebrea tienen muy poco que ver en su fondo, pero mucho que ver en la forma de celebración.

Si bien sus significados y sus orígenes son muy distintos, ambas festividades -como lo han destacado los investigadores- tienen en común, entre otros aspectos, la época en que se celebran, los ocho días de duración de la festividad hebrea y los ocho días de distancia entre la Navidad y el Año Nuevo cristiano, el carácter familiar y hogareño, los regalos para los más pequeños, la obligación de mostrar el símbolo de la festividad en lugar visible para todos y, por sobre todos los detalles, la importancia otorgada al elemento de la luz.

Debe tenerse en cuenta que estas festividades tuvieron su origen en el hemisferio norte, donde las oscuras noches invernales son las más largas del año. La luz, en semejantes condiciones, adquiere un significado difícil de valorar en nuestras latitudes y en la era actual de la iluminación eléctrica.

El rito de las velas

Dice la tradición judaica que un haz de luz tiene el poder de disipar una enorme oscuridad. Tanto es así que, si recordamos los sucesos del Génesis, la primera creación después de los cielos y la Tierra fue la luz. Asimismo, en la visión profética la luz adquiere un carácter idealizado; de este modo, el profeta Isaías señala que en los tiempos por venir “la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol será septuplicada como la luz de siete días” (Isaías XXX, 26). Y, de acuerdo con la Kabalá hebrea, el hombre guarda en sí una chispa de luz divina.

El ritual de Janucá es muy reducido: consiste en el encendido de velas al anochecer de cada día. El primer día, una luminaria; el segundo, dos, y así sucesivamente. Una de las llamas, conocida como shamash , se utiliza como servidora, para que su toque despierte a la vida a las demás. En Europa oriental se incorporó una canción del siglo XIII escrita por un tal Mordejay (cuyo nombre figura en acróstico), llamada Maoz tzur (“Fortaleza, roca, es mi salvador). Otra de las costumbres, sencillas, es jugar con una perinola cuyas letras recuerdan el citado milagro.

Hoy en las grandes ciudades -como Buenos Aires, Moscú, París, Nueva York, Sydney, San Pablo, México y Jerusalén, entre otras- se enciende, en lugares públicos, un candelabro (en hebreo, janukía ) en celebración de esta fiesta judía de la luminarias.

Como decíamos, la celebración tiene más de dos milenios, pero las ceremonias públicas masivas son una creación de las últimas décadas. Todos estos actos públicos en distintas ciudades tienen su trascendencia, pero hay uno que tiene mayor significación simbólica como señal de vitalidad del pueblo judío: se trata del encendido de luminarias que se realiza en Roma, generalmente con la presencia del alcalde local, frente al arco del emperador Tito, construido por los antiguos romanos como testimonio de la destrucción del reino de Judea y del inicio de la diáspora forzosa del pueblo hebreo. ¡Todo un símbolo de supervivencia!

En síntesis, este año el calendario parece querer transmitir un mensaje de convivencia. El final del mes de noviembre coincidió con la finalización del mes musulmán de Ramadán. Y ahora se agregan celebraciones judías y cristianas. Las tres parecen querer encargarnos misiones: la de buscar lo mejor de nosotros mismos, la de encontrar la convivencia y un mayor compromiso con el prójimo desvalido, la de aplicar los valores éticos y la de un renacimiento espiritual para lograr un mundo mejor y más justo.

Por Mario Eduardo Cohen(*)
Para La Nación
* El autor es presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí y autor del libro América colonial judía, próximo a aparecer en su versión en inglés.

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27/12/2005

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Comentarios para “Janucá, la otra fiesta de la luz”


  1. Aida Gelman expresa que:

    Es un buen artículo, sencillo,y claro desde las significación histórica, como también la importancia que hoy va tomando el mostrar esta celebración nuestra de modo abierta.
    Siendo de San Juan, Pcia de Argentina, bastante lejos de B.As. me gustaría que se comenzara a establecer mayor difusión de esta festividad, que como este artículo plantean es diferente desde sus significado y su origen, pero que comparten lo familiar, las luces y lo ludico. Esperemos que cada año sea mas fuerte este Vivir JANUCA

  2. Bolívar Domínguez expresa que:

    Hermoso artículo, gracias por compartirlo no se lo que significa Ramadam para los Islámicos, Januca para los Judios hoy me entero, pero si Navidad para los cristianos, Compartir en familia el pan, el amor, la luz, la felicidad de tenernos unos a otros, el saber que contamos con la solidaridad aunque sea por estas fechas.
    Será obra de YHWH el que esta feliz coincidencia se realice en este tiempo.
    El origen de estas tres religiones es el mismo, somos monoteistas, y artículos como este hacen muchisimo bien a todos.
    Grácias y mil veces grácias que tengan todos SHALOM.

  3. Mª CARMEN MAS CÁCERES expresa que:

    Me ha gustado mucho; sobre todo, porque no conocía en profundidad la Fiesta de la Luz, judía. Es sencillo y divulgativo, lo que facilita el conocimiento de aquello que tenemos en común ambas comunidades: judíos y católicos. Gracias y Shalom, también Feliz Navidad!!!