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8 January 2006 - ח' טבת תשס"ו

El legado duradero de un símbolo de la lucha existencial de Israel

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Tan grande fue la preponderancia sobre Israel establecida en los últimos años por el primer ministro Ariel Sharon, que la atmósfera predominante antes de su masivo ataque cerebral bien podría ser resumida de la siguiente manera: “¡Arik, guíanos!”

Su nuevo partido centrista, Kadima, creado casi por un capricho, ya se había perfilado y consolidado como un claro favorito para las elecciones del 28 de marzo. Esta popularidad reflejó la convicción de que Sharon sabía más que nadie. Semejante fe entre los israelíes más dados al escepticismo que a la creencia estuvo arraigada en muchos aspectos, pero quizá más profundamente en la identificación de Sharon -soldado, político y al final estadista- como lo más próximo que podrían tener a otro David Ben-Gurion, un segundo padre de la nación.

Ciertamente, Sharon moldeó a Israel de manera profunda. El herido jefe de pelotón durante la Guerra de la Independencia israelí de 1948 estaba convencido y sabía cómo su pueblo odiaba la debilidad. La campaña que desarrolló durante toda su vida para crear un Estado judío fuerte y seguro estuvo sustentada en una profunda desconfianza hacia los árabes, que, en cierta medida, muchos israelíes comparten.

Héroe de la Guerra de los Seis Días, en 1967, maestro de la táctica militar en la guerra del Iom Kipur, en 1973, fundador del partido Likud, al que finalmente abandonaría, líder de la criticada invasión al Líbano, en 1982, por la que sería llamado “el carnicero de Beirut” en el mundo árabe, materia gris de los asentamientos en Cisjordania y la Franja de Gaza, y planificador de la retirada de Gaza, Sharon simbolizó como nadie la lucha existencial de Israel.

Tres conclusiones

Esa lucha lo llevó, en los últimos años, a sacar tres conclusiones esenciales cuya importancia perdurará. Israel, con una demografía que le jugaba en contra, no podría indefinidamente gobernar a los más de 3.400.000 palestinos en Cisjordania y la Franja de Gaza. La creación de un Estado palestino, aunque no el que vislumbraban los líderes palestinos, favorecía los intereses de Israel. Y era hora, a pesar de la derecha religiosa, de hacer algo por la moderada corriente principal de la población israelí. “Si hay algo que no se le puede negar es que fue el primero de los sucesivos primeros ministros durante décadas que hizo algo en favor de la mayoría israelí”, expresó el analista político Daniel Ben Simon. “Hemos vivido -añadió- bajo el control autocrático de los extremistas. Sharon los creó pero luego se volvió contra ellos.”

Ben Simon se refería a la decisión de Sharon de ordenar el retiro el año pasado de los asentamientos israelíes en Gaza, objetado por los nacionalistas místicos y mesiánicos. Para el premier israelí, Gaza era simplemente la primera etapa. Su nuevo partido político fue concebido para suministrar la base política para que Israel pasara a la segunda etapa, una retirada significativa de Cisjordania, lo que allanaría el camino para un Estado palestino según los términos de Sharon.

“Su próximo paso habría sido ceder por lo menos el 70 por ciento de Cisjordania”, afirmó Martin Indyk, un ex embajador norteamericano en Israel. “Había llegado a la conclusión-agregó- de que Israel necesitaba poner fin a la ocupación y separarse de los palestinos, y que éstos necesitaban un Estado”.

Pero algo sobre lo que Sharon no había llegado a una conclusión fue si podía negociar de buena fe con los palestinos, ya fuese con el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmoud Abbas, o con cualquier otro. Su odio hacia el enemigo era persistente (jamás le estrechó la mano a Arafat). Pocas son las evidencias de que Sharon tuviera cierto sentido de las humillaciones diarias, y el odio concomitante, acentuado por sus decisiones políticas, incluyendo la construcción de un muro que simbolizada su propia voluntad y la de Israel de darle la espalda a un vecino y en lo posible sumirlo en la inexistencia.

Ariel significa “el león de Dios”. Sharon ha sido el indomable león de Israel, aunque tenía poco tiempo para dedicarle a Dios. En la selva de los primeros 57 años de Israel, un león ha sido esencial. Pero todo lo que logró Sharon no debería opacar el hecho de que el moderno Estado de Israel fue concebido para algo mejor que una vida en la selva.

Por Roger Cohen The International Herald Tribune -
Traducción: Luis Hugo Pressenda
Publicado en La Nación


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