10 July 2006 - י"ד תמוז תשס"ו
Hasta los 120!!!
Moisés murió a los 120 años, razón por la cual - cuando los judíos desean a otro un feliz cumpleaños- agregan el dicho “Hasta los 120”. Ya llegará el día en que, lo que solía ser una edad de fantasía, pueda devenir en algo normal. En verdad, los miembros más ancianos de los dos Clubes 100 Plus (miembros de más de 100 años) en Israel, tienen 19 años y viven en Haifa. En total, hay - en Israel- 1015 personas - miembros del club, en virtud del hecho que han nacido hace un siglo o más. Aproximadamente un tercio (de los 1015) se hicieron socios este año, lo que significa que nacieron en 1906. De los 1015, 22 sobrepasaron los 110 años.
La estadística más interesante, que da testimonio de la resistencia de estos ciudadanos, es el hecho que, 132, se radicaron en Israel en los últimos 16 años. Entre los “recién llegados”, estuvo la alemana Bertha Porush, que arribó en 1999. Anteriormente, Porush viajaba a Israel dos veces al año, es de Australia, dando muestra que no se es demasiado viejo para ser un miembro del jet-set. Nacida en Berlín el 17 de octubre de 1903, Porush, que tiene doble nacionalidad, recibió cartas de felicitación en su centenario, de la Reina de Inglaterra, del Primer Ministro de Australia y del presidente de Israel –de algún modo razonable, ya que vivió en los tres países. Porush no estará entre los 120 miembros del Club que serán recibidos en una recepción en Beit Hanasi (Casa del Presidente) en estos días. Una de las razones es vanidad: en su hogar de Jerusalem, utiliza un andador para moverse por diferentes sitios, aunque no se deja ver con éste en la calle. En sus visitas semanales al salón de belleza para peinarse, camina con ayuda de un bastón y la asistencia de su cuidadora. Una ´lady´ en todo el sentido de la palabra, Porush irradia tranquila dignidad. Su maravillosa melena, de cabello blanco, está inmaculadamente en orden. Su vestimenta es clásica y elegante, y la expresión de su rostro indica un calmo y curioso interés acerca de todo lo que la rodea. Una ferviente creyente de que hay “mente sana en cuerpo sano”, Porush continúa ejercitándose diariamente, y está deseosa de compartir los secretos de su rutina con cualquiera que quiera oírla. Respecto de sus nietos, comenzó a escribir sus memorias en 1994, pero mantiene al texto en revisión: “Siempre hay algo para agregar”, dice. Porush conoció a su marido, el ex Rabi Israel Porush, cuando él vino de Jerusalem, donde había nacido, para estudiar en el Seminario Hildesheimer en Berlín. Al mismo tiempo, aprendía matemáticas en la Universidad de Marburg, donde se graduó con honores.
Se casaron en octubre de 1934. Su tío vino desde Berlín para oficiar la ceremonia. Su madre concurrió y su futuro suegro viajó desde Jerusalem.
Su marido, que tenía un cargo en la Sinagoga Finchley, recibió la oferta de una congregación de Melbourne, Australia, pero la descartó. Sin embargo, cuando todos se vieron forzados a usar máscaras de gas y las sirenas de ataques aéreos se encendían con frecuencia, la familia decidió aceptar un ofrecimiento de la Gran Sinagoga de Sydney. La pareja llegó, con sus dos hijas pequeñas, Judith y Naomi, en 1940. El Rab Porush permaneció como líder espiritual de la Gran Sinagoga hasta 1972 y, durante los dos años anteriores, continuó con su labor como principal de la Corte Rabínica. Su hija mayor, Judith Mond, murió de cáncer a los 34, dejando marido, hijo e hija. Su marido volvió a casarse, y permaneció en contacto; su hija Michelle está felizmente casada con hijos, pero su hijo Dani, de 45, es soltero, para decepción de su abuela. “Estoy tratando de encontrarle una novia”, dice. ”Cuando sos una rebettzem (mujer de un rabino), siempre quieres hacer shidajim (uniones matrimoniales). Incluso ahora, todavía intento hacer un shidaj si puedo”.
A pesar que no tiene más paciencia para la lectura, Porush es una ávida gustadora de periódicos y diarios, especialmente la sección de finanzas. Le gusta estar al tanto de las actividades actuales. Vive con su hija y yerno Isi Leibler. Tiene una estrecha relación con sus nietos y bisnietos, la mayoría de los cuales viven en Israel, así como también con gran cantidad de expatriados australianos que residen en Israel.
Su longevidad es, probablemente, genética. Su madre, que vivió con ella durante 27 años en Australia, murió a los 93.
Los miembros de su familia consideraron a Bertha e Israel Porush como “eternos tortolitos”. Cuando Israel murió en 1991, luego de 56 años de matrimonio, la conexión no se rompió. Bertha tiene una foto de su marido en su cuarto. “Cada noche después de rezar mis oraciones, lo miro y le digo buenas noches”. [Cidipal]
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