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11/09/2006

La matanza de Munich

 


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Munich

Las vícitmas de Munich, De izquierda a derecha de arriba a abajo: Moshe Weinberg, Yossef Romano, Yossef Gutfreund, David Berger, Mark Slavin, Yaakov Springer, Ze’ev Friedman, Amitzur Shapira, Eliezer Halfin, Kahat Shor, Andre Spitzer

El 5 septiembre de 1972, durante los Juegos Olímpicos de Munich un comando formado por terroristas de Septiembre Negro, vinculado a la OLP de Arafat, secuestra y asesina a 11 atletas del equipo olímpico de Israel.

Dos días antes de empezar los Juegos Olímpicos, el gobierno aleman recibió un informe sobre posibles atentados terroristas en Europa. El primero llegó a Lufthansa, alertando sobre un plan para desviar un avión de la Sabena belga en la ruta Bruselas-Londres y llevarlo a Adén, en Yemen del Sur. Presumía que terroristas árabes viajarían en tres grupos a Londres, Amsterdam y Madrid entre el 4 y el 30 de agosto, proveniente de Rumania, Austria y Alemania Federal.
El 30 de agosto un nuevo aviso emanado de la inteligencia alemana reveló la partida desde Beirut de un grupo de terroristas palestinos. Era el quinto día de olimpiadas.

En la villa olímpica había 15.000 policías, 25 helicópteros, 12.000 soldados y un centenar de agentes del contraespionaje. Todos formaban un aparato impotente, paralizado por antiguas culpas, inhibido por los fantasmas del pasado, de aquella olimpiada de 1936 organizada por el criminal Tercer Reich, cuya imagen se quería borrar.

El 4 de septiembre, los atletas israelíes habían estado disfrutando de una salida nocturna por la ciudad antes de regresar a la villa olímpica. Hacia las 4:40 del día 5, mientras los deportistas dormían, ocho miembros del grupo terrorista palestino Septiembre Negro, vestidos con chandal y llevando pistolas y granadas en bolsas de deporte, escalaban la verja de dos metros que rodeaba el complejo y se dirigen a los dos apartamentos en la Connollystraße 31, donde se alojaba el equipo olímpico israelí.

Yossef Gutfreud, entrenador del equipo de lucha de 40 años, oyó un ruido tras la puerta del primer apartamento, observando que alguien abría ligeramente la puerta. Abalanzándose sobre ésta, gritó “¡Chicos, escapad!”, mientras intentaba cerrarla forcejeando con los terroristas. En la confusión, nueve atletas pudieron escapar, y otros ocho se ocultaron. Moshe Weinberg, que en ese momento volvía de comer en un restaurante, agarró el arma a uno de los terroristas, pero resultó muerto por un disparo. Asimismo Yossef Romano fue asesinado cuando intentó atacar a uno de los asaltantes con un cuchillo de fruta. Tras la muerte de éste, los terroristas tomaron como rehenes a nueve integrantes del equipo: David Berger, Zeev Friedman, Yossef Gutfreud, Eliezer Halfin, Andrei Schpitzer, Amitsur Shapira, Kehat Shorr, Mark Slavin y Yaakov Springer.

Posteriormente se divulgó que los secuestradores eran terroristas palestinos de los campos de refugiados del Líbano, Siria y Jordania. Eran Luttif Afif “Issa”,(el jefe del grupo; tres de sus hermanos eran también miembros de Septiembre Negro, dos de ellos en prisiones israelíes), Yasuf Nasal, Afif Abmed Hamid, Khalid Jawad, Ahmed Chic Thaa, Mohammed Safady, Adnan Al-Gashey y Jamal Al-Gashey.

El grupo terrorista exigía la liberación de 234 criminales palestinos presos en cárceles israelíes y dos más encarcelados en Alemania, así como su traslado seguro a Egipto. La respuesta de Israel fue inmediata y contundente: no habría negociación.

Las autoridades alemanas, bajo la dirección del canciller Willy Brandt y el ministro del Interior Hans-Dietrich Genscher, rechazaron el ofrecimiento por parte de Israel de enviar un grupo de fuerzas especiales de su país. La policía alemana que tomó parte en la operación no contaba con entrenamiento especializado en operaciones de rescate de rehenes.

El plazo para la ejecución de los deportistas pasó de tres a cinco horas tras las conversaciones llevadas a cabo por las autoridades germanas. El jefe de policía alemán Manfred Schreiber y Ahmed Touni, que encabezaba la delegación olímpica egipcia, negociaron directamente con los secuestradores ofreciéndoles una ilimitada cantidad de dinero. Los embajadores de Túnez y Libia en Alemania también ayudaron intentando ganar concesiones de los secuestradores, pero fue inútil.

Finalmente los terroristas exigieron un transporte para El Cairo. Las autoridades fingieron llegar a un acuerdo y a las 22:10 dos helicópteros transportaron a los asaltantes y a sus rehenes a una base aérea en penumbra próxima a Fürstenfeldbruck, donde un avión Boeing 727 de Lufthansa les estaba esperando. Los secuestradores creyeron que estaban en Riem, el aeropuerto internacional cercano a Múnich. Las autoridades habían planeado un asalto sobre ellos en el aeródromo.

Cinco francotiradores alemanes fueron seleccionados para disparar a los secuestradores. Ninguno tenía una preparación especial en este tipo de acciones y fueron elegidos porque practicaban el tiro de forma competitiva los fines de semana (posteriormente uno de ellos reconocería que no se consideraba un tirador de élite). En los 75 minutos que pasarían antes del fatal desenlace, las autoridades policiales germanas solicitaron tardíamente tanquetas, las cuales tardarían 30 minutos en llegar debido al denso tráfico.

Los helicópteros aterrizaron a las 22:30 en el aeropuerto. A las 23:03 dos terroristas bajaron de los aparatos, caminaron hacia el avión y se volvieron. Seguidamente otros dos descendieron empujando a dos rehenes, que llevaban sus manos atadas a la espalda. Viendo que el avión estaba vacío y sabiéndose engañados, regresaron precipitadamente hacia los helicópteros. En ese momento el aeropuerto es súbitamente iluminado con bengalas y focos y las autoridades alemanas dan la orden de abrir fuego.

Los cinco tiradores emboscados no disponían de radios para coordinar su fuego, y carecían de rifles de precisión y de teleobjetivos o dispositivos de visión nocturna. En el caos que sobrevino, dos secuestradores que estaban cerca de uno de los pilotos fueron eliminados. Otros tres terroristas se parapetaron detrás de los helicópteros, fuera del alcance de las luces, y comenzaron a disparar. Uno de los policías que estaba en la torre de control murió al alcanzarle una de las balas. Los pilotos del helicóptero lograron escapar, no así los rehenes, que permanecían atados brazos en alto al techo en el interior del aparato.

A media noche se exigió a los secuestradores que se rindieran. Cuatro minutos más tarde uno de los terroristas saltó del primer helicóptero lanzando una granada a su interior, que explotó con cuatro atletas israelíes y un piloto en su interior. Antes de que el fuego de la primera explosión alcanzase el depósito de gasolina del segundo helicóptero, Luttif Afif y otro secuestrador salieron del aparato y comenzaron a disparar a la policía.

Éstos respondieron a los disparos, abatiendo a ambos. Los rehenes del segundo helicóptero murieron durante el tiroteo (posteriormente se señalaría que fueron ametrallados por un tercer asaltante). Los tres terroristas restantes fueron capturados.

El 29 de octubre un avión de la Lufthansa fue secuestrado, exigiendo los terroristas la liberación de los tres integrantes de Septiembre Negro supervivientes de la matanza de munich, presos en cárceles alemanas. Sus reivindicaciones fueron atendidas por las autoridades germanas. Los tres criminales fueron liberados y conducidos a Libia.

[El Rejunte.il – Heruth]

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11/09/2006

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Comentarios para “La matanza de Munich”


  1. Pablo Rozentzwaig expresa que:

    No se puede tener piedad con quienes no la tienen contigo, la mejor forma de hacer negocios con terroristas es matandoles sin darle posibilidad de negociar.No se puede ser bueno con quien te odia, por el simple hecho de pensar diferente, es ahi donde esta el exito de cualquier accion contra el terrorismo, saber de antemano que eres odiado por ellos. Y que las consecuencias pueden ser desastrozas si fallas.