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18/09/2006

Por negligente, exigen la renuncia de Ehud Olmert

 

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El ex Jefe de Estado Mayor del ejército israelí, Moshé Yaalon, solicitó la dimisión del Primer Ministro, del actual jefe de las FFAA Dan Jalutz y del Ministro de Defensa Amir Peretz. Acusa una mala conducción en la guerra en Líbano. “No hay ninguna duda de que el equipo de conducción fue percibido por Hezbollá como débil e inexperto”, afirmó el ex jefe militar. Yaalon condenó especialmente la decisión de lanzar una operación de infantería cuando terminaba la guerra, que costó la muerte de 33 soldados israelíes.

El ex jefe militar dijo que Olmert debe renunciar porque no puede alegar que “no sabía” qué podía ocurrir en el Líbano. “No es la manera de ir a la guerra. Y él (Olmert) sabe cómo debe manejarse una guerra. (…) Ir a la guerra fue escandaloso y él es directamente responsable por eso. Las últimas operaciones fueron particularmente problemáticas”, dijo Yaalon.

Según su tesis, la intención de la cúpula israelí fue “conseguir la imagen faltante de una victoria”, lo que en su opinión constituye una decisión “escandalosa”.

Yaalon fue el Jefe de Estado Mayor israelí entre julio de 2002 y junio de 2005, cuando renunció a raíz de su oposición al plan de retiro unilateral israelí de la Franja de Gaza decidido por el entonces Primer Ministro Ariel Sharón.

Acerca de la conducta de Jalutz también fue contundente al manifestar que “el Jefe de Estado mayor fracasó en la conducción de la guerra”.

“El dio a la clase política la impresión de que poseía la capacidad (para manejar la guerra), que en la práctica no tenía”, dijo y añadió que Jalutz “entró en la guerra sin comprender que era una guerra. (…) No movilizó a los reservistas a tiempo, no abrió los depósitos de emergencia a tiempo y no activó la base del alto mando”.

En su exposición, además, acusó al actual jefe militar de “conducir la guerra desde una oficina. Impuso misiones, como la de Bint Jbail, sin discusión alguna y sin consultar con el comando sobre las consecuencias e implicaciones (de la operación)”.

La conclusión de Yaalon es lapidaria puesto que sostiene que Jalutz debió renunciar inmediatamente después de concluida la campaña militar en el Líbano y que su comportamiento “causó la pérdida de la confianza y generó el caos” en las tropas israelíes.

También exigió el reemplazo del Ministro de Defensa, el líder laborista Amir Peretz, aunque admitió que éste no tuvo el tiempo suficiente para conocer de la existencia de misiles de Hezbollá en el Líbano que, durante la guerra, cayeron sobre todo el norte de Israel.

Yaalon señaló que Peretz tuvo la responsabilidad de “asumir el cargo” en circunstancias en las que se preveía la inminencia del conflicto.

El debate acerca de la mala conducción de la guerra en el Líbano provocó una crisis en el gobierno, una de cuyas consecuencias fue la renuncia presentada por el jefe del Comando Norte israelí, el general de división Udi Adam.

Por su parte, Peretz defendió el papel de las autoridades al afirmar que los resultados de la ofensiva libanesa son “mucho más” positivos de lo que el público israelí cree.

El ministro también apoyó la creación de una comisión independiente para investigar la conducción de la guerra y se mostró “seguro” de que su nombre saldrá limpio.

Pero Olmert rechaza una comisión de este tipo para proteger a figuras del gobierno y militares de alto rango.

[InfoBAE]

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18/09/2006

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Comentarios para “Por negligente, exigen la renuncia de Ehud Olmert”


  1. José Antonio María expresa que:

    Y cuando llegue el día de la victoria. Y toda la tierra del Líbano esté liberada de las hordas musulmanas, que con sus pisadas ruina le dan.
    Y esté el país, en paz y tranquilo, en enorme quietud a no poder más.
    Tanta; que hasta un niño pequeño, hijo de un judío ortodoxo. De esos que aún usan guedejas o rizos del cabello, que crecen junto a sus orejas. Como corresponde a los leones del desierto que son. Pueda pasearse, sin un cuidado o temor especial, en esa tierra del Líbano, que vigilan los que la muerte dan.
    Esos que aún guardan en el recuerdo, haber sido los leones de Judá.
    Todos en el Estado de Israel, querrán veros y conoceros.
    Y como nosotros no nos escondemos de nadie. Tendremos que desfilar.
    Mostrarnos con la cara y el pecho descubierto, siendo lo que somos: caballeros legionarios del pueblo de Israel.
    Los novios de la muerte, ansiosos de poderla contemplar, en la muerte que a sus enemigos dan.
    Quién quiera vernos en persona nos verá.
    Lo que si exijo, es que ninguna filmación fotográfica, de video o TV, en nuestros rostros; nos pueda identificar.
    De este modo tendréis que desfilar:
    Los uniformes de paseo tendrán la corbata o raíz del cuello abierto, mostrando la parte superior del pecho, como corresponde a legionarios, que son tropas del desierto.
    El uniforme es igual para todos, desde el soldado raso o novicio, al general.
    Tendréis dos bandas de música. Cada una de ellas, marcará un paso distinto.
    Uno correspondiente a los neófitos y otro para los veteranos.
    Los músicos de estas dos agrupaciones musicales. Serán los rabinos y/o sacerdotes, encargados de la paz espiritual de la tropa.
    Vestirán igual que los demás.
    Cada agrupación musical vestirá igual que su tropa correspondiente, para desfilar.
    Serán todos hombres entregados al servicio del Señor nuestro Dios.
    Pues es música que se ofrece a Dios.
    Abrirá la formación, situado a la cabeza de ella, los novicios, con su banda de música correspondiente.
    Sus uniformes son igual que los demás. Pero sin distinción. Pues son tropa que aún no han recibido la distinción de la capa. Que caracteriza a un caballero legionario.
    A pesar de formar parte del resto de la tropa y de participar en sus acciones bélicas, como uno más.
    Marcharán con el paso ligero característico de la legión española en el Norte de África.
    Con este paso rápido se adelantarán a los demás.
    Cuando lleguen a la altura de la tribuna de autoridades; se desplegaran en dos filas, a uno y otro lado del lugar por dónde la tropa habrá de pasar.
    Allí firmes, esperaran el paso marcial en desfile de sus compañeros, aquellos que ostentan ya el titulo de caballeros legionarios.
    Y cuando lleguen a su altura, comenzaran a cantar. El himno de la legión naturalmente: “Somos los novios de la muerte“. “Mi divisa es mi bandera“.
    Mientras, los caballeros legionarios, en el mutismo del completo silencio, al son de marcha de su propia banda, desfilaran ante ellos. Y la tribuna de las autoridades.
    Por verlos, el público se agolpará.
    Su paso será distinto al de los novicios, el cual es el paso ligero y decidido de la legión española.
    El de los veteranos soldados, será el paso pausado y marcial de los regulares del Norte de África.
    Sus uniformes son los mismos, que los de sus compañeros los novicios. Pero con dos distinciones: La primera de ellas, es que tendrán derecho a ostentar, colgado de su cuello, posado sobre el centro de su pecho, el ornamento o amuleto que tengan a bien llevar. Siempre que este no exceda en sus dimensiones, al interior de un circulo de cinco centímetros de diámetro.
    Cruces de metal o madera, estrellas de David, Una medalla de la Virgen de su devoción, Chapas con su nombre grabado y otras personales características, o lo que cada uno de ellos, tenga a bien llevar.
    Esa es, será, su personal característica, la que cada uno desee destacar. Posado sobre su pecho, a la vista de quién la quiera mirar.
    La otra distinción, es una capa de seda azul cielo, raso. Sin decoración alguna, pues será prenda para poder regalar a una mujer o al menos cubrirla con ella. Y su única distinción o singularidad será que su borde u orilla, estará formado por un fino cordón de oro.
    Esta capa cubrirá sus espaldas, prendida de los hombros, hasta la altura trasera de las rodillas.
    Desfilando como los regulares de África del ejercito español, verán la prestancia que les da.
    Iniciará esta formación, un soldado o adalid que llevará, elevándolo desde su cintura, el banderín de enganche del Tercio. Tomándolo con la mano derecha.
    Junto a su mano izquierda, suelto, libre, desfilará junto a él, un macho cabrío, cubierto su cuerpo con el estandarte de la Legión.
    Cinco pasos habrá de mediar, entre el portador del banderín de enganche y la primera fila de la tropa de la Legión.
    De manera que el banderín de enganche, se destaque y esté bien a la vista, de la tropa que desfila detrás.
    Con paso cadencioso desfilará la tropa, a lo largo de todo su recorrido. Al son de la música de marcha, que los veteranos rabinos y sacerdotes entonarán.
    Será el paso típico de las tropas de Regulares españolas del Norte de África.
    Con su cadencia se moverán al andar o desfilar.
    La agrupación musical, vestidos como ellos, sin distinción alguna, desfilará detrás.
    Mis halcones del aire y mis lobos de mar, tienen también derecho a desfilar, mezclados entre sus compañeros desfilaran. Esos que la muerte contemplan cuando la dan.
    Entre el grueso de la tropa y su banda de música, desfilarán en sillas de ruedas. Los soldados heridos en acto de guerra, empujados por un familiar, esposa, madre, él sabrá.
    Honor y gloria a ellos, pues representan a todos y cada uno, de los caídos en acto de servicio.
    Ellos son el honor de la legión. Su verdadera insignia y bandera.
    Vestirán el mismo uniforme, con capa de seda azul cielo, raso, bordeada de un fino cordón de oro, posados sobre sillas individuales de ruedas. Que empujará un familiar.
    La banda de música irá detrás.
    Detrás del todo. A tres pasos de distancia de la última fila de músicos.
    Él solo. Situado en el centro de la formación.
    Desfilará su comandante en jefe. Su pequeño general.
    Desfilará solo en el centro de la formación.
    Arrastrando el lado izquierdo de su cuerpo desfilará. Como si hubiese sido victima de una apoplejía que en hemiplejia se muestra.
    Tres pasos detrás del resto de la formación desfilará.
    Pero es un tullido, se puede retrasar. Puede ocurrirle que no le sea posible mantener el paso marcial de los demás.
    Hasta cinco pasos de distancia de la última fila, del resto de su formación, se podrá distanciar.
    Llegar a distanciarse siete pasos del resto de su formación, sería un gran agravio para mí.
    Pues su remedo me representa a mí.
    A ese “cojito” de su general. Lo pueden tomar las cámaras de video y de TV, de cuerpo entero o a pantalla completa, sólo la faz.
    Pues este es el comandante que manda la fuerza. Su representante y su valedor.
    Un general del Ejercito del Estado de Israel.

    Y cuando el pueblo de Israel. En una imagen diferida emitida por TV, los vea desfilar; con sus rostros distorsionados en la imagen, para que nadie que no haya asistido al desfile, los pueda reconocer. Gozosos sonreirán.
    Mi amigo. Mi remedo. Mi general.
    Mi alférez. Mi adalid. Mi valedor.
    El valedor de la voluntad del Señor nuestro Dios.
    Si algún día ( esté yo aún entre vosotros, o ya no esté) esta dolencia, también te acoge a ti.
    No te desesperes en ello, pensando el por qué te ocurrirá.
    Simplemente estas herido, con las heridas que corresponde tener a un general.
    Pues cada vez que uno de tus soldados sea herido físicamente, tú también psíquicamente lo serás.
    ¿Recuerdas? Esa parte de la historia de Israel, reflejada y/o narrada en el libro. En que estando Moisés enarbolando en alto el estandarte de su pueblo ante el Señor nuestro Dios. Haciendo valer sus razones ante el Señor mi Dios, durante el combate. Cada vez que su mano y su brazo descendía incapaz de seguir sosteniendo el estandarte ante el Señor nuestro Dios. Las tropas de Israel no se mantenían ante su enemigo, siendo victimas del.
    Y si de nuevo recobrando fuerzas o sacándolas del sentimiento de su corazón, izaba su estandarte haciéndolo valer ante Dios. Las tropas de Israel con renovados bríos se hacían dueños del combate. Haciendo que el enemigo claudicara ante ellos.
    Me ocurrió por primera vez, al ostentar durante la batalla, el estandarte, las razones servias, ante el Señor nuestro Dios.
    Teniendo como enemigos, frente a mi pueblo servio. A las hordas musulmanas, que al poco atacarían Israel. Y a una OTAN, comandada por un neurótico Solana, convertido en Mister no sé qué.
    Me aconteció una segunda vez. Y si llega a ocurrirme una tercera vez, estando al mando de las suplicas, ante el Señor mi Dios, rogando por las tropas de Israel. Tampoco será demasiado suplicio. Son gajes del oficio, que necesariamente ha de asumir, cualquier buen profesional.
    Es como decirle a un buen electricista: “No trabaje usted de eso, que puede darle corriente“.
    Intentaré que no me dé. ¿Qué otra cosa puedo responder? Pero aquello que tengo que hacer, lo haré.
    No me preguntes, que ese; Mister no sé qué, ¿qué clase de “mierda” es?
    Pues a las mierdas por su hedor se las reconoce. Y si está demasiado seca por la acción del aire y del sol. Basta con removerla con un palito, para que reaparezca su pestilente hedor.
    Atareada estaba un ama de casa, limpiando su hogar. Cuando alertada por el olor, levantó la alfombra del salón, descubriendo una apastada mierda debajo.
    Al verla, reconociendo en ella las formas y texturas de las mierdas de su hijo; que durante años, de su culito, le había tenido que quitar. Exclamó: Éste es el Pepe, ¡seguro! Que se acaba de cagar.
    Nota aparte: El banderín de enganche de la unidad. El Tercio de la legión israelí. Desearía que lo diseñaseis así: Al extremo de una pica larga y acerada, de madera terminada en punta metálica; lleva esta lanza, asido o adosado a ella, un pequeño rectángulo de seda azul cielo, bordeada en sus márgenes por un fino cordón de oro. En el centro, rodeado del fondo azul, encerrado en los márgenes interiores de una estrella de David, estará su escudo de armas, el cual vosotros mismos diseñareis.
    Nota al margen: No quiero insignia ni adorno alguno en la capa. Pues al otro lado de ella. En el hombre que la portará, estará impresa en el alma, la estrella de David.
    O por decirlo más claro: caballero legionario, tú eres la estrella de David.

  2. Isaac Bensignor Galindoz expresa que:

    No es necesario escribir tanto para decir lo que cada uno de nosotros piensa y desea. Hoy en dia, la paciencia de leer y leer… como el comentario que antecede, se podria reducir a un quinto. En cuanto a la conduccion de la ultima contienda, entre Hisballa e Israel, fue sencillamente ´´bochornosa´´ para un Ejercito que supo demostrar al Mundo ´´La Guerra de los seis dias´´ Yo, como un simple ciudadano judio, de 93 años de experiencia diria, que, no solamente despedir a los que se menciona mas arriba, en otros comentarios, sino, terminar con los dirigentes del Sin Bet, plus los 120 componentes de la Kneset, que ya estan ´´gagá´´ para nuestra querida Mediná. I.B.G. Beer Sheva.