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13 November 2006 - כ"ב חשון תשס"ז

Munich inaugura sinagoga, símbolo de victoria frente plan Hitler

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La plana mayor de la política alemana y de la comunidad judía convirtieron la inauguración de la sinagoga de Munich el jueves último, aniversario de los pogromos nazis, en un llamamiento contra el antisemitismo y ultraderechismo aún presentes en la sociedad germana.

‘La inauguración, un 9 de noviembre, es la mejor evidencia de que Hitler no logró su objetivo de aniquilarnos y de que somos parte de Alemania’, dijo la presidenta del Consejo Central de los Judíos de Alemania, Charlotte Knobloch.

El nuevo centro es un ’símbolo de la vitalidad de la comunidad judío-alemana’, constató el presidente de Alemania, Horst Koehler, para añadir luego que ‘duele tener que ver aún’ que en el país del que partió el Holocausto persiste el antisemitismo.

‘Hoy, en este mismo día, pretendían marchar por la Marienplatz los neonazis’, recordó Koehler, en alusión a una manifestación ultraderechista prohibida por las autoridades.

Las advertencias del presidente no se dirigieron sólo contra esa provocación. Koehler recordó que un grupo de neonazis, ‘afortunadamente interceptados a tiempo’, planeó un atentado con bomba para el acto de colocación de la primera piedra de la sinagoga, en 2003.

Aludió al ‘antisemitismo latente’ en parte de la sociedad germana y llamó a un ‘compromiso decidido y cerrado contra la ultraderecha’.

‘El mero conocimiento de los crímenes del nacionalsocialismo y del Holocausto no bastan’, dijo, sino que ‘debemos mantenernos en guardia para el presente, para el futuro y para todos los tiempos’.

Knobloch recordó que ella misma vivió, con seis años, la llamada ‘Noche de los Cristales Rotos’, el 9 de noviembre de 1938, antes de abandonar la ciudad huyendo de los nazis, y dijo que la inauguración del nuevo templo, justamente ese día, es ‘un sueño hecho realidad’.

La sinagoga, un edificio de formas rectilíneas en contraste con el entorno de tejados rojos inclinados del corazón muniqués, reemplaza al templo que fue destruido por orden de Hitler, el 9 de junio de 1938, meses antes incluso del primer gran pogromo.

Munich está relacionada aún hoy con las esencias y nacimiento del nazismo, puesto que el propio Hitler la consideró una especie de ‘feudo’. Su ayuntamiento fue el lugar elegido por su Ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, para lanzar la arenga que precipitó la quema de las sinagogas en todo el país.

El retorno de la sinagoga al centro de la ciudad, ‘a apenas cinco minutos a pie’ del ayuntamiento, enfatizó Knobloch, ’simboliza también un regreso al centro de la sociedad’ muniquesa, segunda comunidad judía del país, con 8.000 miembros, después de Berlín.

La ceremonia tuvo rango de acontecimiento de primer orden, con asistencia del Primer Ministro de Baviera, Edmund Stoiber, de miembros del Gobierno y los líderes del Partido Socialdemócrata (SPD), Kurt Beck, y de los Verdes, Claudia Roth, entre otros.

La Canciller Angela Merkel había destacado, en un comunicado, la significación ‘para todo el país’ de la apertura de un templo con el que se ‘escribe un nuevo capítulo de la vida judía en Alemania’.

Entre los asistentes estaba también Christina Rau, viuda del anterior presidente, Johannes Rau, fallecido el pasado enero, a quien Knobloch agradeció la labor de éste en favor de su comunidad.

Rau presidió tres años antes, asimismo un 9 de noviembre, la colocación de la primera piedra de la sinagoga, ceremonia que se realizó bajo enormes medidas de seguridad.

Unos meses antes de ese acto, la policía desarticuló los planes de un grupúsculo de neonazis, encabezados Martin Wiese, de perpetrar un atentado con bomba en ese día.

Wiese fue condenado en 2005 a siete años de cárcel, como cabecilla de una organización terrorista, y varios de sus cómplices a penas de entre dos años y tres meses, la mínima, y cinco años y nueve meses, la mayor.

El dispositivo de seguridad preparado para el jueves excedía a lo habitual en este tipo de actos institucionales.

Más de 60 años después del fin del Tercer Reich, en Alemania los templos y centros judíos están bajo vigilancia policial día y noche, en previsión de provocaciones, atentados y otras formas del antisemitismo, ‘latente’ o no, al que aludió Koehler en su discurso.

[Terra]


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