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26/12/2006

Negación del Holocausto: Mi historia personal

 

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Un día de 1994, cuando vivía en Ede, una pequeña ciudad holandesa, recuerdo que recibí la visita de mi hermanastra. Ella y yo habíamos solicitado asilo en Holanda. A mí se me concedió, a ella le fue denegado. El hecho de que yo recibiera el asilo me dio la posibilidad de estudiar. Mi hermanastra no pudo hacerlo. Para ser admitida en el instituto de educación superior al que quería asistir, tuve que aprobar tres cursos: uno de Lengua, uno de Educación Cívica y otro de Historia. Fue en este último cuando oí hablar por primera vez del Holocausto. Por aquel entonces yo tenía 24 años, y mi hermanastra 21.

En aquella época, el genocidio de Ruanda y la limpieza étnica de la antigua Yugoslavia plagaban las noticias diarias. El día en que me visitó mi hermanastra, me encontraba dándole vueltas a lo que les había ocurrido a seis millones de judíos en Alemania, Holanda, Francia y Europa del Este. Supe que hombres, mujeres y niños inocentes fueron separados unos de otros. Con estrellas prendidas al hombro, fueron trasladados en tren a los campos y gaseados por la sola razón de ser judíos. Fue el intento más sistemático y cruel de la historia de la humanidad por aniquilar a un pueblo.

Vi fotografías de masas de esqueletos, incluso de niños. Escuché aterradores relatos de algunas personas que habían sobrevivido al terror de Auschwitz y Sobibor. Le conté todo esto a mi hermanastra y le mostré las imágenes de mi libro de historia. Lo que me dijo me horrorizó todavía más que la atroz información de mi libro. Con gran convicción, mi hermanastra espetó: “¡Es mentira! Los judíos saben cómo cegar a la gente. No fueron asesinados, gaseados ni masacrados. Pero rezo a Alá para que algún día todos los judíos del mundo sean destruidos”. Me horrorizó su reacción.

Recuerdo que de niña, cuando me criaba en Arabia Saudita, mis profesores, mi madre y nuestros vecinos nos decían casi a diario que los judíos eran malos, los enemigos declarados de los musulmanes, cuyo único objetivo era destruir el Islam. Nunca nos informaron sobre el Holocausto. Más tarde, en Kenia, cuando era una adolescente y nos llegaba a África la filantropía saudita y de otra zonas del Golfo, me acuerdo de que la construcción de mezquitas y las donaciones a hospitales y a los pobres iban juntos con los insultos a los judíos. Se decía que ellos eran los responsables de la muerte de bebés y de epidemias como el sida. Eran avariciosos y harían cualquier cosa por acabar con los musulmanes. Si algún día queríamos conocer la paz y la estabilidad, tendríamos que destruirles antes de que ellos nos destruyeran a nosotros.

Los líderes occidentales que dicen sentirse escandalizados por la conferencia de Ahmadineyad en la que niega el Holocausto necesitan despertar a esa realidad. Para la mayoría de los musulmanes del mundo, el Holocausto no es un gran acontecimiento histórico que neguemos. Sencillamente no lo conocemos porque nunca se nos ha informado sobre él. Y lo que es peor, a la mayoría se nos prepara para que deseemos un holocausto de los judíos.

Recuerdo la presencia de filántropos occidentales, ONG e instituciones como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Sus representantes hacían llegar a quienes consideraban necesitados medicamentos, preservativos, vacunas o materiales de construcción, pero ninguna información sobre el Holocausto. A diferencia de la filantropía, ofrecida en nombre del Islam, los donantes laicos y cristianos y las organizaciones de ayuda no llegaban con un programa de odio, pero tampoco con un mensaje de amor. Sin duda, ésta fue una oportunidad perdida si nos fijamos en las organizaciones benéficas que propagaban el odio procedente de países musulmanes ricos gracias al petróleo.

Se calcula que, en la actualidad, la cifra total de judíos en del mundo ronda los 15 millones, y sin duda no supera los 20 millones. En lo relativo a la fertilidad, su crecimiento puede compararse con el del mundo desarrollado, al igual que su envejecimiento. Por otro lado, se calcula que las poblaciones musulmanas están entre 1.200 y 1.500 millones de personas, y que no sólo están creciendo con rapidez, sino que son muy jóvenes. Lo sorprendente de la conferencia de Ahmadineyad es el (tácito) consentimiento del musulmán medio al deseo no sólo de negar el Holocausto, sino de exterminar a los judíos.

No puedo evitar preguntarme: ¿por qué no se celebra una contraconferencia en Riad, Cairo o Lahore, Jartum o Yakarta condenando a Ahmadineyad? ¿Por qué guarda silencio la Conferencia Islámica ante esto? Puede que la respuesta sea tan sencilla como horrenda: durante generaciones, los líderes de los denominados países musulmanes han alimentado a su población con una dieta constante de propaganda similar a la que recibieron generaciones de alemanes (y otros europeos), según la cual los judíos son alimañas y hay que tratarlos como tales. En Europa, la conclusión lógica fue el Holocausto. Si Ahmadineyad se sale con la suya, no le faltarán musulmanes dóciles dispuestos a acatar sus deseos.

El mundo necesita un fomento del entendimiento entre culturas, pero necesita con más urgencia ser informado sobre el Holocausto. No sólo en el interés de los judíos que sobrevivieron al Holocausto y el de sus descendientes, sino en el de la humanidad en general. Quizá haya que empezar por contraatacar la filantropía islámica surcada de odio contra los judíos. Las organizaciones benéficas cristianas y occidentales en el Tercer Mundo deberían ocuparse de informar sobre el Holocausto a los musulmanes y no musulmanes en sus áreas de actuación.

AYAAN HIRSI ALÍ
Tribuna de El País, Madrid, 17/12/2006

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26/12/2006

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Comentarios para “Negación del Holocausto: Mi historia personal”


  1. Pablo Rozentzwaig expresa que:

    Se sabe que el hombre recibe informacion diaria, pero que esta informacion puede ser negativa e incluso muy limitada a lo que alguien quiere que escuche o lea, y asi de arcaico es el mundo, asi se vive en las dictaduras, tanto de derecha como de Izquierda, estas ultimas son las peores pues estan llenas de odio, de resentimientos y sobre todo de desinformacion y represion.
    Esa cultura Islamica, es una aberracion colectiva, llena de todo lo que tienen las dictaduras, y peor, porque ademas tienen un gran capitulo de religion ligado a todo esto.
    Son la Autocracia del siglo XXI, una pena de las generaciones actuales, pero la sulucion esta en manos de gente que vivan en esos paises, atrasados, y llenos de mentiras.
    Veo venir la destruccion de gran parte del planeta a manos de estos indeseables, terroristas la mayoria, que con su fanatismos son capaces de acabar con poblaciones enteras, mientras el hombre de occidente guarda silencio o apoya esta barbarie. Dios generoso, y redentor salve al mundo de esta gentusa, y se apiada siempre de mi pueblo, ISRAEL.

  2. Betty expresa que:

    Me conmueve leer que una persona creyente del islam hable así. Eso me hace pensar que no todo está perdido. Me preocupa mucho el crecimiento de las facciones extremistas del islam que propagan esas mentiras y ese odio. También es preocupante que los musulmanes puedan conocer estos hechos únicamente por haber vivido en occidente, ya que los países islámicos no hacen nada por negar esos dichos ni por enseñar que sí existió el holocausto o contrarrestar el lavaje de cerebro… De todos modos, ver que hay gente “del otro bando” que puede reconocer un hecho histórico de tal magnitud y ver claramente que el odio hacia el judío es ancestral e injustificado, me hace tener esperanzas de que algún día judíos y musulmanes podamos vivir en paz… Respecto del comentario anterior, espero que no se refiera al mundo musulmán en general, sino a las facciones extremistas que pregonan lo que el artículo tan claramente dice. Ojalá triunfe el diálogo y la tolerancia.
    Iaasé shalom!!!!

  3. Mario Ruffinelli expresa que:

    Soy Cristiano y por lo tanto podria decir que mantengo cierta imparcialidad en el conflicto entre arabes e israelies. Si algo debe destacarse, es la diferencia de posturas en ambas partes, los judios se inclinan a la solucion de compromiso a la paz, no necesariamente sienten simpatia hacia los arabes pero han aprendido a tolerarlos, los musulmanes estan cegados por un odio que no se sustenta en hechos concretos sino que es mucho mas profundo, les viene de un trasfondo cultural y religioso donde la raiz de los males lo constituye la mera existencia de la nacion de Israel o del judio como individuo.
    Si abrimos los ojos y somos realistas tendremos que despojarnos de la esperanza de alguna vez alcanzar la armonia y la paz duradera en la region, es triste pero debemos entender que no es posible alcanzar esta meta.
    Admiro al pueblo judio y siento gran compasion por el pueblo arabe, pero aqui no es cuestion de buenos deseos o falsas esperanzas, no se como acabara todo esto pero si estoy seguro que no acabara bien.