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13 May 2007 - כ"ה אייר תשס"ז

El estupor mortal de Israel

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Si el primer ministro israelí Ehud Olmert hubiera estado preparado y resuelto en la defensa de su nación frente a sus enemigos como él lo está en la defensa de su permanencia en el poder, Hezbollah hoy sería una reliquia deshonrada, mientras Olmert sería estimado como Dan en Beersheba. En cambio, la organización terrorista es aclamada en todas las partes del mundo árabe por su ataque a Israel el verano pasado, mientras Olmert — a pesar de sus movimientos de superviviencia en la Knesset - es tan injuriado por sus conciudadanos que según la última encuesta, el 0% de los israelíes - este no es un error de imprenta - votaría a favor de él hoy.

La encuesta sigue al informe interino de la Comisión de Winograd, un comité de “cinta azul” designado en septiembre pasado para investigar los defectos cometidos por Israel en la segunda guerra del Líbano. El informe es mordaz. Documenta en detalle la indiscutible torpeza, la ceguera testaruda, y la casi criminal falta de preparación que invadió los niveles más altos del gobierno de Israel durante la guerra y los últimos años previos a ella.

La comisión reprueba a Olmert por tomar decisiones imprudentes y no informadas, y lo juzga culpable “de un fracaso serio de su juicio referente a su ejercicio, responsabilidad, y prudencia.” Es igualmente crítico con el inepto ministro de defensa Amir Peretz, cuya incompetencia afectó a la capacidad de Israel de defenderse de los ataques de Hezbollah, y del antiguo Jefe de Estado Mayor, Dan Halutz, que nunca advirtió a sus despistados superiores que las fuerzas armadas no estaban preparadas para una ofensiva por tierra en el sur del Líbano.

Para alguien que asocia a Israel con la brillantez militar y el vigor, el informe de Winograd se convierte en una lectura insoportable.

El disparador de la guerra fue una incursión de Hezbollah, el 12 de julio pasado, a través de la frontera del Líbano, en la cual varios soldados fueron asesinados y otros dos secuestrados. Pero Hezbollah había estado preparándose abiertamente para la guerra durante seis años, después de la retirada unilateral de Israel del sur del Líbano en mayo de 2000. No haciendo ninguna tentativa de disfrazar sus intenciones, Hezbollah ocupó el territorio que Israel había abandonado, creando una red de búnkeres fortificados y de rampas de lanzamiento de cohetes, desplegando miles de misiles a lo largo de la frontera. Mientras, Israel lo observó, no haciendo nada contra esa amenaza creciente.

“Cada timbre de alarma debería haberse disparado” escribe el redactor de JPost, David Horovitz. “Pero muchos de los sistemas de advertencia estaban, literalmente o figuradamente, desconectados hace mucho tiempo. Y aquellos que trataron realmente de acentuar los inequívocos peligros inminentes a menudo eran ignorados.”

¿Cómo ha podido permanecer Israel en tal estado de autosatisfacción? ¿Qué explica tal letargo ante una amenaza mortal cada vez más peligrosa?

La respuesta, lo dice la Comisión Winograd, es que demasiados “dentro de las élites políticas y militares de Israel han alcanzado la conclusión de que Israel está más allá de la era de las guerras.” A diferencia de sus antepasados, que entendieron que el estado judío nunca tendría la paz hasta que sus enemigos decidieran postrar sus armas, la dirección israelí actual imagina que puede conseguir la paz por medio de la restricción y las retiradas.

“Ya que Israel no tuvo la intención de iniciar una guerra”, concluye el informe, “los altos funcionarios decidieron que Israel no tenía que estar preparado para una verdadera guerra.” Y que siendo así, “no había tampoco ninguna necesidad urgente de actualizar de un modo sistemático y sofisticado la estrategia de seguridad total de Israel, y considerar movilizar… todos sus recursos, políticos, económicos, sociales, militares, espirituales, culturales, y científicos para hacer cara a esos desafíos.”

Hartos de enfrentamientos, ansiando vivir normalmente, los israelíes se apaciguaron en el estupor. Estrecharon la mano a Yasser Arafat, escaparon del Líbano y expulsaron a los judíos de Gaza. Se culparon a sí mismos del odio de sus enemigos y pusieron la otra mejilla frente a los atentados suicidas y los ataques de Kassam. Trataron de ser Atenas, como señaló Ari Shavit. Pero para sobrevivir en el Oriente Medio, hasta Atenas debe actuar a veces como Esparta.

“Estamos cansados de enfrentamientos”, gimoteó Olmert en un discurso de 2005. “Estamos cansados de derrotar a nuestros enemigos.” Lamentablemente, aquellos que se cansan de derrotar a sus enemigos generalmente terminan por ser derrotados por ellos.

Dentro de las búsquedas de una nuevo liderazgo, es interesante señalar la opinión de uno de los especialistas en la teoria del juego, Robert Aumann, laureado con el Nobel de Economía y profesor de la Universidad Hebrea.

“Nos parecemos a un alpinista que es sorprendido por una tormenta de nieve,” comento Aumann en la Conferencia Herzliya de este año. “Tiene frío y esta cansado, y quiere dormir. Si se duerme, se morirá de frío. Estamos en un peligro terminal porque estamos cansados. Me permitiré decir unas palabras impopulares, pasadas de moda: Nuestra obsesión temerosa por la paz trabaja contra nosotros. Nos aleja de la paz, y pone en peligro nuestra misma existencia”.

“Los Roadmaps, la capitulación, los gestos, las retiradas, las convergencias, las deportaciones, etcétera no traen la paz. Al contrario, traen la guerra, como vimos el verano pasado.”

Con enemigos como Hezbollah, el cansancio es un lujo que Israel no puede permitirse. No sea que olvidemos también que Hezbollah es nuestro enemigo.


Autor: Jeff Jacoby
traducción: Jose Antonio - Safed-Tzfat


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Comments are locked.

.bolívar dijo el 16 de May, 2007:

Para todos es increible que hayan ocurrido tantos errores en el último conflicto armado con los terroristas; el gobierno, los mandos militares y demas responsables de este fracaso deberían pedir perdón y retirarse por el bien de Estado de Israel.

.eladio dijo el 20 de May, 2007:

De todas las formas creo que ha que ser algo positivo, no creo que todo fuera un fracaso. Peor fracaso hubiera sido no hacer nada.

El obejtivo de acabar con Hitzbula en una operación como esa era irreal, al menos habría que invair todo el líbano, y despues ir casa por casa tunel por tunel, y hombre, hay que ser realista, eso sería imposible.

Otra cosa es que se pudieran evitar errores de coordinación, errores en los objetivos por usas mapas anticuados, o no tener a los soldados suficientemente preparados para lo que van a hacer, eso sí se debe corregir. Peor es no saber realmente lo que quieres conseguir. Los objetivos, antes de empezar han de ser claros, correctamente evaluados, y con una alternativa por si no sale bien. No se puede improvisar sobre la marcha, y encima ponerse objetivos casi imposibles, como liberar los soldados secuestrasdos, que pueden estar en cualquier sitio. Tambien es dificil llevar a cabo una guerra teniendo en cuenta la opinion pública internacional, hay que pensar también en la guerra informativa y en saber “vender” una causa, más cuando se considera justa.

De todas formas la destrucción de parte del Líbano no queda sin “provecho” y es que es un triste recodatorio para todo aquel que prentenda atacar a Israel, porque Israel, con más o menos éxito, también golpeará y lo hara fuerte.