22 July 2007 - ז' אב תשס"ז
El postsionismo no existe
En años recientes un fenómeno llamó “postsionismo” se ha desarrollado en el discurso polÃtico intelectual en Israel. Fundamentalmente, es una crÃtica radical no sólo de la polÃtica de Israel; en su base es una negación total del proyecto sionista y de la misma legitimidad de la existencia del Estado de Israel como un estado-nación judÃo. Los argumentos llamados “postsionista” tienen varios aspectos - no sólo polÃticos sino también culturales. Ellos ven al sionismo como un fenómeno colonial, no como un movimiento nacional que compite con otro, el movimiento nacional palestino, en su reclamación del mismo territorio. Algunos de aquellos a quienes llaman “postsionistas” llegan hasta argumentar que la misma existencia de un pueblo judÃo es “una narrativa” inventada en el siglo 19, y que los judÃos sólo son realmente una comunidad religiosa. La actitud del sionismo, que tiene la mayor parte de sus raÃces en Europa, hacia los judÃos de los paÃses musulmanes también es percibida en el contexto de la explotación colonial.
Esta aproximación también quiere deslegitimar del mundo conceptual del sionismo: como algunos de los llamados argumentos “postsionistas” son extraÃdos del discurso posmodernista, sus portavoces entienden que los términos que ellos utilizan tienen fuerza propia. Él que controla los términos controla el debate. Asà pues, insisten en denominar en hebreo al Eretz Israel pre-1948 como “Palestina”, y los judÃos que vienen para vivir aquÃ, a quien el discurso sionista llama “olÃm” (de la raÃz hebrea “subida”), son denominados “inmigrantes”, etcétera.
Al mismo tiempo, aquellos que procuran no aceptar la narrativa sionista a veces aceptan sin dudar la narrativa palestina. Para ellos está claro que hay un pueblo palestino, lo que pasó en 1948 es exactamente lo que los árabes dicen que pasó, y en el conflicto israelÃ-palestino hay, por una parte, una “narrativa” sionista, y por la otra, “hechos” que son exactamente idénticos a la narrativa palestina. Esto por supuesto es una locura absoluta, y contradice los principios del postmodernismo en sà mismo.
Pero hay también otro aspecto en todo esto: aquellos que se llaman “postsionistas” son simplemente antisionistas de la vieja era. El término “postsionismo” suena como si fuera algo innovador, como posterior al sionismo. Sin embargo, este es un grave error: para que el término “postsionismo” sea significativo, es necesario comenzar por la aceptación del sionismo como un hecho y una realidad y tratar de ir más allá. AsÃ, por ejemplo, la crÃtica postmoderna comienza con la aceptación de la modernidad, combate sus resultados dialécticos y sus contradicciones y sus intentos de continuar.
No es asà para aquellos que se llaman “postsionistas”: ellos no ven al sionismo y al Estado de Israel como una realidad que ha llegado a suceder, sino más bien como algo que no es legÃtimo desde el principio, desde su raÃz, y por ello debe ser eliminado desde la base, en sus mismas fundaciones.
Sin embargo, en esto sus reclamos son idénticos a los de los antisionistas al viejo estilo. Éstos eran, por ejemplo, los clásicos argumentos de los comunistas y hasta cierto punto también de los Bundistas (*1): para ellos no existÃa ningún pueblo judÃo (ver, por ejemplo, la doctrina de Stalin), el sionismo es un aliado de imperialismo y los árabes palestinos son vÃctimas de la agresión sionista. No todos estos argumentos son completamente infundados, y aquellos que discreparon con ellos también sabÃan que el debate era legÃtimo.
No hay ninguna razón para no repetir hoy estos argumentos, si uno piensa que son correctos. La deshonestidad intelectual está en la tentativa de crear la sensación de estar ante algo nuevo, supuestamente “post” y de moda (cool o chic): este es simplemente un viejo coche que ellos tratan de vender como si acabará de dejar hace un minuto la cadena de producción de las últimas innovaciones intelectuales.
Algunos de aquellos que se llaman “postsionistas” también vienen del antiguo campo comunista. Hay algo de patético en esos que hace 20 años creÃan en algo nuevo, en ese mundo justo que debÃa emerger de Moscú o de Cuba, y la única cosa que les ha quedado hoy de aquella “elevada” visión es el antisionismo. No la hermandad entre las naciones, tampoco la liberación del proletariado, y nada de una justicia social universal - todo esto ha sufrido un colapso de un modo trágico; la única cosa que permanece es el odio al sionismo.
La posición antisionista ha acompañado al sionismo desde su mismos comienzos, y esta es una posición legÃtima aun si uno no está de acuerdo con ella; es la que condujo a algunos comunistas en la Tierra de Israel (perdonen, Palestina) a justificar los asesinatos de judÃos en Hebrón y en Jerusalem, cometidos por los palestinos en 1929, como una expresión auténtica “de un levantamiento popular”, aun si su inspiración fuera un Islam fanático.
No hay nada nuevo en esta ceguera moral y en esta deformación histórica, pero vale la pena recordarlo: este no es un asunto de postsionistas, sino mejor dicho de antisionistas de la vieja escuela. La absurdidad es que los antisionistas de un tipo diferente, la gente del movimiento ultraortodoxo Agudat Israel, por ejemplo, han aceptado el hecho histórico de la existencia del Estado de Israel. Los otros antisionistas, los que están acostumbrados a denominarse a sà mismos como la gente del futuro, están todavÃa cautivos de las trampas del pasado. En efecto, no hay nada nuevo bajo el sol.
(*1) Bund: Unión general de los trabajadores judÃos de Lituania, Polonia y Rusia. Creado a finales del s. XIX en el Imperio Ruso, y siempre opuesto al sionismo, luchó por la emancipación de los trabajadores judÃos dentro del combate más general por el socialismo. Asimismo, se opuso a las tendencias centralistas y totalitarias de los bolcheviques rusos.
Autor: Shlomó Avineri
Traductor: José Antonio
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