27 August 2007 - י"ג אלול תשס"ז
La comunidad judÃa argentina da un paso para reconciliarse con Alemania
Aldo Donzis, presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), nunca habÃa ido a Alemania. Ni habÃa ido ni planeaba hacerlo. Hasta procuraba evitar, como no pocos miembros de la comunidad judÃa, que el aeropuerto de conexión para ir a Israel fuera Francfort. TenÃa razones para ello: creció con el estigma de la penosa asociación instantánea entre ese paÃs y el Holocausto, entre ese paÃs y el horror que padecieron sus seres queridos.
“Para muchos, Alemania tiene un sello, el sello del nazismo”, admitió el embajador alemán en la Argentina, Rolf Schumacher, durante una reunión con Donzis. De ahà la idea de la embajada, finalmente concretada, de organizar un viaje a BerlÃn y Munich para rabinos y dirigentes de la comunidad judÃa argentina, una de las más numerosas del mundo.
El propósito, según Schumacher, no era mostrar a Alemania como un paraÃso, “que no lo es”, sino como el paÃs que fue y que, a pesar de ello, supo curar las heridas, alzar la frente, seguir adelante y, sobre todo, preservar la memoria.
El contingente argentino reunió a la flor y nata de la comunidad: estuvo integrado por Donzis; el Presidente de la AMIA, Luis Grynwald; su par de B’nai B’rith, Pablo Grinstein; el Gran Rabino Shlomo Benhamú, y los Rabinos Alejandro Avruj, Daniel Oppenheimer, Abraham Skorka, Daniel Goldman, Salomón Nussbaum y Marcelo Polakoff.
En total, tres dirigentes y siete religiosos que, según Donzis, vieron “una Alemania comprometida a aceptar el pasado, no a clausurarlo, y abierta al debate” sobre cuestiones tan sensibles como la amenaza del presidente iranÃ, Mahmoud Ahmadinejad, de “borrar del mapa a Israel” y sus acuerdos con el presidente venezolano, Hugo Chávez, asà como el antisemitismo y la integración de los judÃos en la sociedad alemana.
Carteles y baldosas
En los últimos años, acotó Schumacher, el crecimiento de la comunidad judÃa “fue impresionante en BerlÃn por el arribo de gente procedente de la ex Unión Soviética”. La delegación argentina estuvo en el Bundestag (Parlamento) y en el Ministerio Federal de Relaciones Exteriores, entre otros sitios.
Quizá lo más impresionante haya sido la visita al campo de concentración de Sachsenhausen, construido en 1936 en Oranienburg, Brandeburgo, cerca de BerlÃn, con la ominosa finalidad de confinar y liquidar opositores polÃticos, judÃos, gitanos, homosexuales y, posteriormente, prisioneros de guerra; más de 50.000 personas perecieron en él.
“No todos los paÃses tienen la valentÃa de recordar con carteles aquellos sitios en los cuales desaparecieron y murieron familias enteras -advirtió Donzis-. Lo hemos visto en edificios y hasta en baldosas en Alemania. Y hemos percibido la inquietud de grupos de jóvenes frente a los monumentos que recuerdan el Holocausto, lo cual demuestra cómo se va transmitiendo la historia de generación en generación”.
De vuelta en la Argentina, Donzis se sintió diferente. “Éramos unos cuando fuimos y otros cuando volvimos”, confesó. Tanto él como sus compañeros de viaje procuraron mostrar algo más que las postales y transmitir algo más que anécdotas. Intentaron transmitir, como evidencia, la nobleza de un paÃs que, más de medio siglo después de aquello, tiene la nobleza de mostrarse a sà mismo como aquel que jamás quiere volver a ser lo que fue.
[La Nación]
Comments are locked.






