11 November 2007 - א' כסלו תשס"ח
Periodistas israelÃes piden que la ley les proteja de grabaciones
Asociaciones de periodistas y medios de comunicación israelÃes han pedido al Parlamento de su paÃs que incluya a su colectivo en la ley que protege a algunos profesionales de que sus conversaciones sean grabadas. La petición llega después de que el “Canal 10″ de la televisión israelà revelara que, hasta 2003, la censura israelà registró durante treinta años las conversaciones telefónicas de los corresponsales en Israel para evitar que filtraran secretos que afectasen a la seguridad del paÃs.
Por ello, las asociaciones de periodistas de Tel Aviv y Jerusalem y los periódicos “Iediot Ajaronot” y “Haaretz” han pedido ahora al responsable del Comité Parlamentario sobre Constitución, Ley y Justicia, Menajem Ben Sasson, que incluya a los periodistas en la lista de profesiones exentas de la grabación de sus diálogos.
Se trata de conseguir que las cintas y transcripciones de los registros accidentales de sus conversaciones regresen al juez que las aprobó, en vez de ser empleadas en las investigaciones. Abogados, doctores, psicólogos y representantes religiosos cuentan ya con la prerrogativa que ahora reivindican los periodistas.
El Parlamento tiene previsto estudiar esta semana la extensión de esta inmunidad a los trabajadores sociales.
En una carta conjunta a Ben Sasson, los representantes legales de los dos citados rotativos, Mibi Moser y Shira Brik Jaimovich, defienden que los registros sonoros pueden “asestar un golpe letal al funcionamiento de la prensa en un régimen democrático”.
Para el responsable de la asociación de periodistas de Tel Aviv, Iosi Bar Moha, las grabaciones de conversaciones con permiso judicial “niegan la inmunidad periodÃstica”.
Los redactores temen que revelaciones como las de Canal 10, sólo conocida tras el desmantelamiento de esa división de la censura, desincentiven a sus fuentes a la hora de confiarles informaciones bajo anonimato.
De hecho, según el citado reportaje televisivo, muchos censores seguÃan escuchando las conversaciones telefónicas de los corresponsales cuando ya sabÃan que no suponÃan riesgo alguno para la seguridad del paÃs, aunque estaban obligados a dejar de hacerlo.
Varios soldados reconocieron incluso haber grabado y distribuido llamadas entre enamorados y haber registrado a un lÃder israelà sin su consentimiento.
[Proceso]
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