23 March 2008 - ט"ז אדר ב' תשס"ח
Aún existe en muchos israelíes desconfianza hacia todo lo germano

Angela Merkel en el Parlamento israelí
Superar ese recelo ha sido el objetivo de la visita que la canciller alemana, Angela Merkel, a Israel, donde durante tres días ha tratado de escribir mano a mano con su colega israelí, Ehud Olmert, el inicio de lo que ambos llaman un ‘nuevo capítulo’ en las relaciones bilaterales. Las relaciones entre Israel y Alemania han estado marcadas desde siempre por la huella del Holocausto, que aún genera en muchos israelíes desconfianza hacia todo lo germano. La verguenza de Merkel. Alemania, “protectora” de Israel.
Superar ese recelo ha sido el objetivo de la visita de la canciller alemana, Angela Merkel, donde durante tres días ha tratado de escribir mano a mano con su colega israelí, Ehud Olmert, el inicio de lo que ambos llaman un ‘nuevo capítulo’ en las relaciones bilaterales.
El viaje, en el que Merkel ha prometido que no olvidará la ‘responsabilidad histórica’ de su país en la Shoah (Holocausto) y que concluyó con el primer discurso que un jefe de Gobierno extranjero pronunciará en el Parlamento Israelí, ha estado jalonado de gestos que refleja esa común voluntad.
Olmert y Merkel han apuntalado la nueva etapa que inician sus respectivos estados con una serie de acuerdos bilaterales en distintos campos y con ceremonias simbólicas como el tributo que la canciller rindió, nada más llegar, al fundador de Israel, David Ben Gurión; o el homenaje del Gobierno alemán en el Museo del Holocausto de Jerusalén a los seis millones de judíos asesinados por los nazis.
También celebraron los dos gobiernos una histórica sesión conjunta, cuyo broche de oro fue el discurso de la premier alemana en la Kneset (Parlamento Israelí).
La intención de las dos partes ha sido reforzar los lazos bilaterales en coincidencia con el sexagésimo aniversario este año de la creación de Israel y que éste se convierta en el trampolín de un vínculo con proyección de futuro.
‘Israel no olvida la historia de Alemania pero no desaprovechará tampoco la oportunidad y la obligación de (aspirar a) un futuro mejor’, declaró el jefe del gobierno israelí al tender ayer una nueva mano a la canciller germana.
Durante toda su visita, Merkel hizo gala de una sensibilidad extraordinaria, consciente de los resquemores que sus palabras, o su sola presencia, despiertan aún en Israel, donde viven unos 250.000 supervivientes del Holocausto y sus descendientes, muchos de los cuales aún sufren un trauma que ha traspasado las generaciones.
Y es que, a pesar de los 63 años transcurrido desde la peor barbarie de la historia -la planificación del genocidio de todo un pueblo-, en Israel cualquier cosa relacionada con Alemania sigue arrastrando un destello de aquel oscuro período.
Hace sólo seis meses, varios ministros israelíes rechazaron los coches oficiales que les destinaba la Administración Pública porque eran de fabricación alemana y exigieron que se les devolviera los habituales Volvos suecos.
El boicot a productos fabricados en Alemania era común en los primeros años de vida de Israel, pero con el tiempo los crecientes lazos comerciales lo han convertido en imperceptible.
Israel y Alemania establecieron relaciones diplomáticas en 1965, cuando Bonn terminó de pagar los dos tercios que le correspondían del Acuerdo de Compensaciones por el Holocausto, en total unos 3.000 millones de marcos de la época.
El otro tercio correspondió a Alemania Oriental, pero lo acabó pagando también Bonn en 1991 con la reunificación, para la que había pedido la ‘bendición’ de Israel.
En su día, el acuerdo de compensaciones causó una terrible tormenta política y social, ya que una parte de la población israelí vio la decisión de Ben Gurión de aceptar el dinero alemán como un ’soborno de los verdugos’.
Estudios posteriores aseveran que, sin ese dinero, el entonces recién nacido Estado judío no hubiera podido desarrollarse y dar cobijo a los supervivientes de la Shoah y refugiados procedentes de varios países árabes, más de un millón de personas en total.
No fue esa la única ayuda de Alemania a Israel o a grupos e instituciones del pueblo judío.
Desde hace décadas, miles de millones de los antiguos marcos han fluido para proyectos sociales, de desarrollo e incluso militares, como los tres submarinos Dolphin regalados a la Marina israelí en la década de los noventa.
También en el campo diplomático el apoyo de Alemania ha sido casi absoluto, hasta el punto de que algunos políticos de la Unión Europea (UE) se han quejado abiertamente de que la diplomacia alemana hacia Oriente Medio está condicionada por su responsabilidad en el Holocausto.
La vergüenza de Merkel
Israel vivió hace pocos días una jornada particular. La canciller alemana concluyó su visita oficial a ese país con un histórico discurso en el Parlamento, donde rindió tributo a las víctimas del nazismo. Merkel nació después de la Segunda Guerra Mundial y no ha tenido participación ninguna en las masacres cometidas por los alemanes. Pero es posible que cada alemán nacido en una generación posterior pueda suscribir la frase que ella pronunció: “La Shoah nos llena a los alemanes de vergüenza”. Una vergüenza que, como una nube negra, se extenderá por varias generaciones. Sin embargo, frente a un evento que demolió los límites de lo humano, esta declaración de vergüenza es un pequeño ladrillo en la lenta tarea de reconstruir ese límite. Aunque no sabemos si la vergüenza o el horror son suficientes para evitar que esto ocurra alguna otra vez, bajo otro formato.
Fue la primera ocasión en que un jefe de gobierno extranjero habla en el Parlamento israelí y en que un líder mundial se dirige a los diputados de la Knesset en alemán. Más de 60 años llevó la posibilidad de siquiera escuchar una alocución en el idioma en que se desarrolló la mayor tragedia del pueblo judío. Siempre quedará la pregunta colectiva de cómo pudo gestarse algo tan indeciblemente monstruoso en el mismo ámbito en el que ha germinado lo más sublime. Un idioma que gestó lo mayor de la poesía y el pensamiento, pero en el que se concibió la frase que sintetiza la forma más sofisticada y racional del mal: “la solución final”. Nadie podrá comprender nunca esta ambivalencia.
Después de que la humanidad viviera estos extremos de la crueldad y de la destrucción de todos los límites imaginables, quedan dos conclusiones posibles y, nuevamente, ambivalentes: aquella de Adorno, “no más poesía después de Auschwitz”, la muerte del lenguaje. O aquella respuesta de Imre Kertesz: luego de Auschwitz “sólo queda la poesía”, la salvación por el lenguaje. No es un dato menor que el discurso de Merkel haya sido abierto en hebreo y también cerrado en hebreo. Eso indica una sensibilidad inusual de su parte. Fue como decir, aunque en el medio provocáramos una tragedia por la que nuestro pueblo siente vergüenza y se arrepentirá para siempre, en el antes y el después está el pueblo hebreo. Fue como decir, en el medio irrumpió la muerte, pero antes y después existe la vida.
Alemania, “protectora” de Israel
Quien «no cree en los milagros no es realista», citó Angela Merkel al fundador de Israel en la primera alocución concedida a un jefe de gobierno extranjero ante el parlamento israelí. Lo hizo antes de proclamar que «Alemania jamás abandonará a Israel». Para Berlín su «seguridad es y será innegociable».
«Lehodott le…» empezó la canciller en hebreo su discurso, «señora presidenta, gracias por permitirme hablar aquí. Lo considero un inmenso honor», antes de seguir en alemán, la lengua de los exterminadores. Pocas cosas están tan conectadas al hígado como la lengua: de hecho ha habido resquemores y algún parlamentario israelí excusó su ausencia.
De ahí el milagro de que el pontífice literario alemán, un judío superviviente. Reich-Ranicki ha escrito que de niño no podía dejar de admirar, extrañamente, la belleza de la lengua de sus verdugos. Milagro es esta amistad germano-israelí, como la existencia entre asechanzas de este estado, el único democrático en el Cercano Oriente..
La introducción en hebreo desató el aplauso del Knesset como, según los cronistas, sólo lo hizo el histórico discurso del egipcio El Sadat. La historia «a veces se condensa en un día, al que llamamos histórico», escribe el «Frankfurter Allgemeine», «pero los días históricos tienen su prehistoria»: la que va de Auschwitz a los 60 años del Estado nacido de las cenizas.
«Hablar de normalización queda descartado», admite el comentarista Günther Nonnenmacher, nada puede ser normal entre los hijos de unos y otros. Ya dijo el embajador hebreo Yochanan Meroz que «las relaciones son muy buenas, pero no normales». Pero denodadamente la nueva Alemania ha logrado pasar de enemiga a protectora, un país donde cualquier judío tiene todas las facilidades para venir a asentarse.
Este esfuerzo humilde pero determinado es el que hace a Tel Aviv contemplarla hoy como «la mejor amiga de Israel», más poderosa que el propio lobby de Washington. Sin perder ascendiente sobre el mundo islámico, en la delicada cuestión iraní Berlín es capaz de trabajar también contra sus intereses -económicos, no políticos- pero es batalla personal de la canciller: Israel «es para Alemania cuestión de estado».
No hace tanto, dirigentes israelíes se negaban a recibir a un enviado alemán, muchos jamás tocarán un aparato o un automóvil alemán, como rehusan oír su lengua. Esto «merece acogerse con respeto», escribe la prensa alemana, recordando que respetar es originalmente «volver la cabeza» a lo que se ha hecho. Con ese respeto, «me inclino ante las víctimas y me inclino ante los supervivientes», dijo Merkel rememorando el gesto del socialdemócrata Willy Brandt, arrodillado en el gueto de Varsovia. En ello están izquierdas y derechas, y el verde Fischer, afirmando que «la base de nuestra relación sólo puede ser la Shoa», fue el primero en ofrecer a Tel Aviv antimisiles Patriot cuando la amenaza iraquí.
«Sólo quien reconoce su pasado puede ser digno de un futuro», dijo Merkel al Knesset: y el alemán «está lleno de vergüenza». Pero, contra los recelos, quiso decirlo en alemán. Antes había copresidido históricamente un gabinete de ministros conjunto. Sus palabras no son ya sólo de obligación con Israel, sino de proyectos e intercambio -un Foro Germano-Israelí, una conferencia para el futuro palestino- hacia generaciones que deben ver la paz. Cumplida la responsabilidad, llega la justicia y anunciaba Merkel la fundación en Berlín del Centro de los Deportados, que recuerde la ordalía de los 12 millones de alemanes del este, represaliados en postguerra.
[AJN - La Nación: Enrique Valiente Noailles - ABC]
2 Comentarios actualmente publicado/s.
.FEDERICO dijo el 23 de March, 2008:
.Vitor Santos dijo el 25 de March, 2008:
De acuerdo com Federico. Pero sus profesores son de otro generación. Quizá les haya qyuedade la verguenza del que hizieren los alemanes de las generaciones anteriores. Y tambiém creo que la menaza está en otro lado. Irán?
Sí. Pero de muchos otros lados. Nadie puede estar seguro entre asesinos fanáticos que estan por todo lugar.







Hace 20 años, durante mi adolescencia, me eduqué en un colegio de profesores alemanes en su mayoria. Ellos me expresaban continuamente este sentimiento de verguenza por el error historico de haber herido a la nacion de Israel y haber provocado la muerte de mas de 40 millones de europeos y mas de siete millones de judios llevados a la guerra por poner sus esperanzas en un hombre que parecia brillante.
en los ultimos años reconozco que se ha cumplido la palabra profetica que está escrita: Maldito el hombre que confía en el hombre, bendito el hombre que confía en YHWH.
Es necesario poner atención en las naciones como Irak e Iran que presentan un ambiente propicio para que las multitudes lleguen a ser engañadas de forma parecida por líderazgos egoístas y llenos de odio.
Los alemanes tienen una experiencia histórica en éstos asuntos y podrían ser los mejores colaboradores de Israel para prevenir o evitar o al menos aligerar el peso en tiempos del posible surgimiento de líderes asesinos.