30 March 2008 - כ"ג אדר ב' תשס"ח
Ehud Olmert, el hombre sin sustancia
Ehud Olmert tiene muchas buenas calidades. El Primer Ministro es un buen amigo de sus amigos, es un padre fiel de sus hijos, y es leal con sus seguidores. No es brillante, pero es inteligente. No es profundo, pero es pragmático. Es enérgico, diligente y equilibrado. Olmert tiene muchos de los rasgos requeridos para ser un dirigente (fabricante de decisiones). También tiene una virtuosa capacidad para crear redes de poder, y de reforzarlas y activarlas en tiempos de necesidad.
Olmert es un polÃtico dotado y multifacético. Sabe ser encantador y como amenazar, sabe jugar a ser un hombre de mundo pero también relacionarse con la gente normal. Es dudoso de que haya alguien en Israel con más relaciones. También es dudoso de que haya alguien que como él sepa cortejar al poderoso y tener relación y amistad con criminales.
Y sin embargo el Primer Ministro tiene un defecto que eclipsa todas esas buenas calidades: nuestro hombre carece de sustancia. No tiene ninguna visión genérica y global de la realidad. No tiene cimientos éticos ni principios estructurales. En suma, Olmert no tiene corazón. Ni tiene ningunas Tablas de la Ley. En el sentido más profundo, él no sabe de donde vino y a donde va. Por eso mismo, hoy puede decir lo contrario de lo que dijo ayer, sin mover una pestaña.
Tampoco tiene dificultades a la hora de decir una cosa y hacer la contraria. Ya que está guiado más bien por la búsqueda del litigio que de la verdad, el Primer Ministro es capaz de cambiar de piel y de polÃtica como un camaleón. Por eso es un explotador consecutivo de las oportunidades y un superviviente brillante, un moldeador desesperado de la realidad.
Como un capitán sin dirección y sin brújula, Olmert estira su oportunismo hasta el absurdo, y su pragmatismo hasta hacerle perder el camino. Despierta pasiones y domina el juego de los abrazos, e inclusive puede llegar hasta ser hipnótico, pero en sus 40 años dedicados a la polÃtica no ha dejado ninguna señal o marca relevante. Incluso en sus dos años como Primer Ministro no ha realizado nada genuino.
Éstos dos años han sido muy importantes, pues se suponÃa que en ellos el Primer Ministro de Israel reforzarÃa el paÃs antes de la más importante prueba histórica del final de la década.
Durante estos años se supuso que perseguirÃa la paz y se prepararÃa para la guerra. Que prepararÃa el terreno para dividir el paÃs y que a su vez dispondrÃa los corazones de la gente para luchar por su paÃs. Para detener a Irán, para probar a Siria y para agotar a Hamás. En resumen, establecerÃa la legitimidad de Israel como un estado judÃo y democrático, restaurarÃa en Israel las cualidades de un paÃs caracterizado por la excelencia, rehabilitarÃa el arte de gobernar y renovarÃa su importancia. Además, proveerÃa al estado de instrumentos diplomáticos, de orgullo nacional y de un sentido de dirección y de liderazgo.
Olmert no hizo nada de esto. Prometió la convergencia… y cambió de opinión. Prometió un final del conflicto… y nos decepcionó. Falló durante la Segunda Guerra del LÃbano… y dejó de entender su significado. Hizo algo, pero no lo bastante, respecto a la cuestión crucial de Irán. Esta perdiendo un tiempo precioso antes de entrar en negociaciones con Siria, no ha formulado una estrategia total y consecuente respecto a Hamás y no ha preparado al paÃs para una futura evacuación de los establecimientos. Además, no ha espoleado a la nación para que este detrás de sus Fuerzas de Defensa (IDF) y reforzarlas.
Pero si la impresión de su lejanÃa respecto a los asuntos exteriores y de seguridad ha mantenido a esas áreas estancadas durante los últimos dos años, su dejadez respecto a los asuntos internos y de la sociedad ha causado un daño tremendo. No ha realizado la revolución necesaria en el sistema escolar. Ha causado una revolución destructiva en el sistema de justicia, rendido incondicionalmente al Shas, y ha potenciado una centralización de la economÃa que ha incrementado las diferencias dentro la sociedad. Bajo Olmert, Israel se ha convertido en un paÃs imprudente que abandona al débil y al indefenso. La responsabilidad mutua ha sido erosionada, la justicia social ha sido pisoteada. La corrupción se ha extendido.
En otro paÃs, o en otro perÃodo, se podrÃa haber sido más indulgente con los fracasos del Primer Ministro. Después de todo, todavÃa es un neófito. Tal vez aprenderá. Aunque miren, según fuentes externas, él ha aprendido a tomar decisiones en el área de la seguridad nacional. Según fuentes económicas, él conduce la economÃa de una manera razonable. No todo es negro. Ni existen convicciones inquietantes de que su supuesta corrupción personal sea un hecho cierto.
Pero en este paÃs, y en este perÃodo, ser indulgente con el gobierno es un lujo. El Israel de hoy necesita de la excelencia en cada área; sobre todo en el área del liderazgo. Olmert carece de esta excelencia. Tampoco la tendrá en el futuro. Incluso si hace esfuerzos para rehabilitarse, una persona sin sustancia no puede conseguir lo que no posee. Una persona sin corazón no puede navegar hacia la paz y no puede resistir una guerra. Una persona sin autoridad moral no puede ser un lÃder en un tiempo crucial.
Por lo tanto, aunque Olmert sea un buen tipo y un buen amigo de sus amigos, no es su sitio la oficina del Primer Ministro. Dos crÃticos años más con Olmert en el timón significan una apuesta peligrosa.
Autor: Ari Shavit - Haaretz
Traducción: Safed-Tzfat by José Antonio
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