18 August 2008 - י"ז אב תשס"ח
Israel no acepta la inmigración de cristianos etÃopes descendientes de judÃos
Los Falash Mura, descendientes de judÃos etÃopes que hace un siglo se convirtieron al cristianismo, ya no tienen sitio en Israel, al completarse su cuota instaurada en 2003 por el entonces Primer Ministro, Ariel Sharón. El Estado judÃo cierra asà una de sus inmigraciones más polémicas, que ha enfrentado desde hace años al Rabinato con sectores más laicos. Muchos la ven sólo como una argucia de los recién llegados para huir de la pobreza de su paÃs natal.
El problema nace de algo tan difÃcil a veces de determinar como quién es judÃo y, por tanto, susceptible de establecerse en un Estado creado para acoger a los judÃos del mundo que lo deseen.
En virtud de ese principio, contemplado en la Ley del Retorno de 1950, Israel concede automáticamente la nacionalidad a cualquier persona que demuestre tener, al menos, un abuelo judÃo. La inmensa mayorÃa de los más de 100.000 judÃos etÃopes israelÃes llegaron al paÃs gracias a esa ley, principalmente en dos famosas operaciones en los últimos 25 años, bautizadas Moisés y Salomón.
Los Falash Mura (”extranjeros” en amárico, lengua etÃope), sin embargo, no pueden acogerse a ella, ya que se convirtieron al cristianismo, uno forzados, otros voluntariamente, a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, y por ello tienen que someterse a un proceso religioso de retorno al judaÃsmo al llegar a Israel.
Hace cinco años, el gobierno de Ariel Sharón limitó la entrada a una cuota de trescientos Falash Mura al mes, con el objetivo de frenar la entrada ilegal de inmigrantes, esto es, de etÃopes sin ancestros judÃos.
En cambio, los etÃopes que se mantuvieron fieles a la fe judÃa siguieron teniendo abiertas las puertas de la Tierra Prometida.
La pasada semana, Israel recibió a su último gran grupo de Falash Mura, 65 familias, aunque todavÃa hay hueco para casos aislados.
La noticia ha caÃdo como un jarro de agua frÃa en EtiopÃa, donde todavÃa residen más de 20.000 cristianos con ancestros judÃos, y a pesar de que la situación de sus hermanos en Israel no es precisamente alentadora.
Porque Falash Mura o no, los emigrantes etÃopes han tenido serios problemas de adaptación en Israel, con trabajos poco cualificados, debido fundamentalmente a su poco o nulo dominio del idioma hebreo, y a su precaria educación, sumándose a esto esporádicos episodios de racismo.
El 70 por ciento de las familias etÃopes carece de salario y el porcentaje de delincuentes juveniles de esta comunidad dobla la media nacional, según la Asociación Israel para los JudÃos EtÃopes.
Cualquier paseo por las calles de Jerusalem muestra cómo los israelÃes de origen etÃope se tienen que conformar con trabajos poco valorados.
“Nunca he tenido la oportunidad de sentirme israelà a causa de la discriminación que sufrimos, tanto por parte del Gobierno como de la sociedad”, explica Abraham, de 34 años, en un restaurante etÃope de Jerusalem.
Abraham, quien llegó a Israel en 1990, se sabe “una excepción” entre sus hermanos de origen, pues trabaja en un instituto de investigación.
Guizat, de 32 años, ha tenido menos suerte (sobrevive de chapuzas), pero como Abraham coincide en acusar a las autoridades de racismo por cerrar la puerta a los Falash Mura.
“Son tan judÃos como nosotros. Simplemente estaban en zonas con más presencia cristiana y dejaron de practicar. Sus ancestros son los nuestros”, subraya Abraham sobre los recién llegados.
Los orÃgenes de la presencia judÃa en EtiopÃa son motivo de controversia por la carencia de pruebas históricas y unanimidad en los textos sagrados.
Según una de las versiones, descienden de la perdida tribu israelita de Dan, mientras que otra apunta a un grupo de judÃos que huyeron a Egipto tras la destrucción del Primer Templo de Jerusalem, en el siglo VI antes de Cristo.
Pero la más famosa y llevada a la gran pantalla se retrotrae a la noche que supuestamente pasaron juntos el Rey Salomón y la Reina de Saba, de la que habrÃa nacido el monarca Menelik I, fundador y primer soberano de la EtiopÃa Imperial.
Un pasado que, cree Guiza, molesta al Gobierno israelÃ.
“No quieren traer más judÃos negros. Nos consideran poco educados. Si fuéramos europeos no habrÃa problemas”, sentencia.
[RPP - Noti-Israel]
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