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02/11/2008

El ultra descansa en «suelo» judío

 

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Con la madera de la finca, expoliada a una familia hebrea, el antisemita austriaco Haider pagó su carrera política. Ahora es también su tumba. Localizamos en Israel a la verdadera heredera del Valle de los Osos. En el Valle de los Osos, una finca de 1.600 hectáreas que los Haider poseen en la sureña provincia de Carintia (Austria), ya no habrá cámaras ni flashes. Aquella vez, Jörg Haider se trajo un imponente oso, de nombre Kenny, con el que posó delante de la puerta de su casa, encandilando a medio país con su bravura. Atrás han quedado los tiempos de risas y jolgorio, de reuniones familiares y alboroto político. Hasta la capilla de San Miguel, situada en un rincón de la finca, parece más endeble que nunca. Desde ayer guarda las cenizas del que fue su amo, Jörg Haider, 58 años, el líder de la extrema derecha austriaca que se mató hace ocho días cuando conducía borracho su Volkswagen Phanton a más de 140 Km/h.

No es la primera vez que el Bärental —como llama a este valle alpino de 6,5 kilómetros de longitud— llora la pérdida de un dueño. La primera fue en 1938, cuando la anexión de Austria al Tercer Reich. El judío rumano Giorgio Roiser, su esposa Matilde y sus tres hijos habían hecho de esta hermosa finca su hogar, adquirida allá por los años 20 del siglo pasado. Noemi, hija de Giorgio, recordaba tiempo atrás los apacibles días de juegos infantiles al amparo los Alpes. Hasta que llegaron los nazis, expropiaron la hacienda y obligaron a los Roiser a marcharse de sus tierras. Mientras la familia huía al exilio, aquel paraíso pasaba a manos del ario Wilhelm Webhofer, del partido nazi. Se sabe que pagó 300.000 marcos alemanes de entonces, una cantidad ridícula que de ningún modo correspondía al valor real de la finca.

Finalizada la II Segunda Guerra Mundial, Matilde Roiser, ya viuda, pidió que le devolvieran sus tierras. Fracasó. Ni la mediación del Congreso Mundial Judío pudo torcer el destino. Tan sólo logró recibir una compensación económica de 120.000 dólares que le fue entregada en 1954 por Wilhelm Webhofer, un tío-abuelo lejano del ultraderechista recién fallecido tras estrellar su coche contra un muro. Se murió multimillonario. Había heredado, en 1983, el Valle de los Osos, las tierras compradas, hacía 28 años, por su tío-abuelo. A pesar de la larga sombra del expolio judío —las leyes nazis prohibían a los judíos poseer tierras o inmuebles—, aquellas tierras alpinas se convierten en el santuario de los Haider. Aunque nunca hubo paz entre los antiguos dueños del Valle de los Osos y los nuevos amos ultras.

Noemi Merhav, hija de aquel judío-rumano al que los nazis le robaron la finca, jamás perdió la esperanza de recuperar las tierras de sus antepasados. Crónica la ha localizado en su casa de la ciudad norteña de Haifa (Israel). «¡Qué Haider ha muerto? No tengo nada que comentar», suelta de entrada la judía de 81 años, frágil de salud pero lúcida de mente.

LA HUIDA

La anciana, aunque intenta olvidar, no puede. «Mi padre compró aquel bosque, donde había un gran aserradero. Comerciaba con madera desde la ciudad italiana de Pisa, en la que vivíamos. Tras su muerte y ante el auge del nazismo alemán y el fascismo italiano, mi madre [Matilde Roiser] nos llevó a Israel, que entonces era Palestina bajo mandato británico…».

Con la venta de aquella madera de los Roiser, el ultraderechista Haider financió años después buena parte de su fulgurante carrera política. Pero Noemi no guarda rencor. Se siente victoriosa. No por la muerte de Haider, sino por haber sobrevivido. «Me robaron pero no me mataron. Conseguí formar una familia, trabajar y vivir en Israel. Toda una victoria contra los nazis y su plan de exterminio», remacha orgullosa la anciana desde su residencia en el Monte del Carmel. Lejos de aquella finca familiar en la que ella jugaba de pequeña, valorada en 15 millones de euros, donde hoy descansa el antisemita y xenófobo Haider.

CUMPLEAÑOS INFELIZ

Lo que más le gustaba a su esposa Claudia era hacer de anfitriona en el Valle de los Osos. Los pocos ratos que ella y Jörg pasaban juntos transcurrieron siempre en la finca de su alma, adonde Haider se dirigía el pasado sábado, 11 de octubre, en vísperas de una fiesta familiar con motivo del 90 cumpleaños de su madre, Dorothea Rupp. Iba al volante de su coche oficial. Con tres veces más alcohol en las venas de lo permitido. Lo había ingerido durante una intensa velada festiva en la discoteca El Cabaret, no muy lejos de su destino. Cuatro litros de cerveza y 142 Km/h hicieron el resto. «Se ha derrumbado el sol en Carintia», dijo uno de sus compañeros de fatigas al enterarse de su muerte.

Paradójicamente, a Haider nadie le prohibió subirse a su coche a pesar de su borrachera. Muchas voces callan pero la rumorología sigue su curso. Algunos incluso han llegado a insinuar un atentado del Mossad, los servicios secretos de Israel.

Hay silencio en el Valle de los Osos. Claudia, 51 años, administradora de la finca a la que se dirigía su difunto marido, tendrá a partir de ahora más cosas que callar. De ella se sabe que siempre ha sido muy dada a relatar la legendaria historia del valle desde el medioevo hasta nuestros días. Verdad a medias. Durante sus visitas guiadas por la finca ha omitido siempre la lúgubre penumbra del expolio. En su lugar, ha preferido destacar la «bondad» de su esposo, Haider, por mantener intacto el paraíso robado. Un barniz que ha funcionado a las mil maravillas entre la población austriaca más reaccionaria, que veía al ultra como una especie de antidepresivo. Un camaleón que cambiaba de chaqueta según le dictaba el instinto. Un día se presentaba como la encarnación de Margaret Thatcher y al siguiente como el icono de la extrema derecha europea. «No sé cómo uno puede llamarse Ariel [en referencia a Ariel Muzicant, presidente de la Comunidad Judía de Austria], teniendo tanta mierda en las manos», fue una de sus numerosas e históricas proclamas que lograron sacar a los austriacos de su letargo político. Ese era el Haider del que la anciana Noemi Nerhav no quiere oír hablar. El hombre que alcanzó fama por sus críticas a la globalización, por sus agravios xenófobos y por ese peculiar instinto de animal político que demostró tener sobre todo en su Carintia adoptiva, donde era presidente regional, lejos de aquellas tierras de Alta Austria donde mamó el discurso nazi de su padre.

«¿Qué Haider ha muerto? No tengo nada que comentar», repite una vez más la octogenaria quien siendo niña le arrebataron la infancia y una herencia que ya da casi por perdida. Porque a Noemi Merhav sólo le quedan los recuerdos. Su finca judía la heredarán los hijos de su enemigo: Ulrike, de 31 años, y Cornelia, de 28. Falta saber si ellos, a diferencia de sus padres, serán capaces algún día de ajustar cuentas con el pasado.

MÓNICA FOKKELMAN SAL EMERGUI (Viena | Jerusalén) – El Mundo

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02/11/2008

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Comentarios para “El ultra descansa en «suelo» judío”


  1. RAFAEL ISRAEL expresa que:

    holas buenas tardes, escribo desde la frontera de peru y bolivia.
    comentar sobre la muerte de ses ani semita de nombre Hayder, bueno dire segun lo que acbo de leer y sabia de ese sujeto, que era un cualquiera un tipo sin ETICA POLITICA y que ahora ya se que VIVIO USURPANDO UNA PROPIEDAD DE UNA FAMILIA JUDIA,,,que ladron…
    Desde aqui suerte a TODO EL PUEBLO JUDIO DEL MUNDO….que orgullo de pertencer a este gran pueblo, tan perseguido en la historia, pero nunca nos rendimos y cual es nuestro pecado TRABAJAR EN BENEFICIO DE LA SOCIEDAD…

    rafael israel p.