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30/11/2008

Crónica de los días de terror en Mumbai

 

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Miércoles 9.21 p.m., en la estación de tren más importante de Mumbai, Chhatrapati Shivaji. Dos jóvenes caminan normalmente por la estación, un edificio victoriano lleno de personas que regresan a casa, pequeños puestos de comida y kioscos de periódicos.

Pasan cerca de un sitio de taxis, donde largas filas de autos viejos esperan a sus clientes. Uno de los jóvenes viste pantalones kaki y una camiseta azul y porta unas pequeñas mochilas sobre la espalda, como cualquier estudiante universitario.

Ellos son, dice un fotógrafo que pudo seguirlos en parte de su recorrido grotesco, “jóvenes con mochilas y fusiles de asalto”.

Los dos, al igual que otras cuadrillas que se organizan por parejas, comenzarán una carnicería en Mumbai que se prolongaría tres días, en los que morirán 174 personas, creando pánico en esa ciudad generalmente pacífica.

Sebastian D’Souza escucha el tiroteo en la estación de Chhatrapati Shivaji desde su oficina en el periódico sensacionalista Mumbai Mirror, ubicada al otro lado de la calle.

Va hacia el sitio de donde proviene el ruido, en medio de la estación amplia, entre los trenes estacionados. Cuando descubre por primera vez a los jóvenes, no se da cuenta de que son los pistoleros, pues parecen muy inocentes. Después los ve disparando.

“Disparaban desde sus caderas. Muy profesionales, muy tranquilos”, dice D’Souza, el editor fotográfico del periódico. Durante más de 45 minutos los sigue a medida que pasan de un andén a otro, disparando y lanzando granadas. A veces D’Souza está a menos de nueve metros (30 pies) de distancia de ellos. Los pocos policías en la estación están muertos, escondidos o escaparon desde hace mucho tiempo.

Hay muchos carteles, signos del progreso económico de la India. En algún momento logra fotografiarlos frente a un cartel de una marca de te. Pareciera que conversan tranquilamente. “¡Despierta!”, se puede leer en el letrero.

En total eran 10 atacantes, bien entrenados y armados con fusiles de asalto y granadas, según las autoridades.

Habían estudiado sus objetivos con anticipación, sabían dónde se encontraban los sótanos y corredores. Incluso llevaban bolsas de almendras para obtener energía. La policía sospecha de musulmanes extremistas que provendrían de Pakistán y que podrían estar vinculados a la insurgencia en la región de Cachemira en el Himalaya, de población predominantemente musulmana.

Arribaron en un bote inflable poco después del anochecer en la playa de Mumbai, un estrecho de arena y rocas semiaislado, donde los pescadores llevan sus botes durante el día.

Desde ahí hay una distancia de menos de 15 minutos caminando hasta los sitios donde realizaron sus ataques más importantes.

El grupo se dividió por la ciudad, atacando 10 sitios en dos horas. Eligieron lugares emblemáticos, muchos de los cuales son populares entre los extranjeros y la clase alta de la ciudad.

Gran parte de los ataques terminaron en cuestión de minutos, pero los pistoleros se parapetaron en dos hoteles de lujo y en el centro judío, contraatacando a cientos de soldados por días.

Son casi las 9:30 de la noche, en el Centro Judío Casa Nariman, las oficinas centrales del movimiento ortodoxo Jabad Lubavitch en Mumbai.

Un disparo sobresalta a la familia del Rabino Gavriel Noaj Holtzberg y a otras personas dentro del centro judío de cinco pisos, remodelado recientemente. El centro se ubica sobre una calle sin pavimentar a una cuadra de una de las principales vías de Mumbai en Colaba, el barrio de moda.

El edificio de colores claros, su sinagoga, el comedor kosher y su amigable rabino eran un gran atractivo para los viajeros israelíes sin grandes presupuestos que buscaban un lugar para celebrar sus fiestas religiosas durante sus vacaciones. También era un centro importante para la pequeña comunidad judía de Mumbai.

Alguien debe estar prendiendo fuegos pirotécnicos, pensó Sandra Samuel, una empleada de limpieza en el centro.

Entonces uno de los atacantes subió por las escaleras.

Ella y otro empleado se refugiaron en una habitación aterrorizados mientras las explosiones y los disparos retumbaron en el edificio durante toda la noche.

“Destruyeron todo, el elevador, el comedor, todo”, dijo después.

Aproximadamente a la misma hora en el Café-Bar Leopold.

El establecimiento conocido como Leo’s es uno de los restaurantes populares entre los turistas que van a la ciudad, un lugar con mesas de cristal, afiches de viajes antiguos y turistas con mochila al hombro bebiendo cerveza barata.

Quizá hay unas 100 personas dentro cuando dos hombres armados llegan a sus puertas. Uno de ellos lanza una granada y después comienzan a disparar.

“Fue un caos total… la gente no sabía qué era lo que estaba pasando. Algunos se arrojaron al piso, otros corrieron fuera o trataron de buscar un lugar para esconderse”, recuerda Farzad Jehani, dueño del restaurante junto con su hermano.

El ataque dura quizá unos dos minutos. Al terminar, al menos cuatro extranjeros y tres indios están muertos, aunque los hermanos no están tan seguros pues los clientes rápidamente llevan a los heridos a los hospitales cercanos en autos y taxis que pasan cerca.

Para entonces los pistoleros se han retirado corriendo por las calles y aparentemente hacia uno de los hoteles más famosos de India, a pocas calles de ahí. “No iban contra nadie en particular, era como si quisieran vaciar sus cartuchos y hacer tanto daño como fuera posible aquí antes de ir al Taj”, agrega Jehani.

9:45 de la noche, Hotel Taj Mahal.

Nadie puede creer que son disparos, por lo menos no en el Taj. Construido hace más de un siglo por una de las familias más ricas de la India, el Taj Mahal con apariencia de palacio es el punto de encuentro para la elite de la ciudad.

Se trata de un icono de Mumbai. Ha sido el lugar de innumerables bodas prominentes, reuniones de negocios y citas románticas caras, pero en ese momento dos hombres disparan incesantemente en el vestíbulo de piso de mármol gris y alfombras persas del tamaño de pequeñas piscinas.

Dalbir Bains, jefa de una tienda de lencería de lujo en Mumbay, disfruta de una cena de carne asada cerca de la piscina junto con sus amigos. Bromean sobre lo que les pareció ser un disparo, pero las risas se convierten en terror cuando se escuchan gritos por el hotel. Ella sube rápidamente unas escaleras y se esconde bajo una mesa en un restaurante junto con otras 50 personas, que intentan a toda costa permanecer en silencio.

“Los disparos nos iban siguiendo”, dice Bains.

9:47 de la noche, estación Chhatrapati Shivaji.

Los asaltantes disparan a un restaurante con un gran ventanal.

Ellos “le disparan a la gente que espera el tren. El equipaje estaba por todas partes. El lugar lleno de sangre. Hay mucha gente muerta en el piso”, dice el administrador Fongen Fernandes.

Pronto todos están o muertos u ocultos. A excepción de los cadáveres, los andenes están vacíos, señala D’Souza.

La peor masacre parece haber sucedido en una sala de espera para los trenes que salen de Mumbai. Había decenas de cuerpos, muchos con disparos en la cabeza. En total, dicen las autoridades, 53 personas son asesinadas.

Finalmente los terroristas roban un camión y huyen. Un poco después uno de ellos es muerto por la policía y otro, el único atacante que sobrevive, es capturado y se descubre que es paquistaní.

En la estación las autoridades utilizan carritos de madera para equipaje con los que recogen los cadáveres.

Dice Fernandes: “Los recogieron como si fueran ovejas o cabras”.

Casi las 10 de la noche, Hotel Oberoi.

El mesero Joseph Joy Pulithara trabaja en un restaurante chino en este moderno edificio lujoso cuando inician los disparos, para terror de los comensales y empleados. Pulithara recibe un disparo en la pierna. Una mujer cerca de él cae con un disparo en la cabeza.

Los atacantes corren a otro restaurante y disparan incesantemente a los comensales y meseros, cuenta Andreina Varagona, una maestra estadounidense de meditación a la que le dispararon en el brazo y la pierna. Al menos una decena de personas caen muertas al piso, incluyendo a uno de los amigos de Varagona.

“Había cuerpos por todas partes”, agrega la maestra. “Sentí como si estuviera en una película”.

Los atacantes conducen a decenas de supervivientes hacia un descanso en una escalera. Uno de ellos pide ver sus identificaciones, argumentando que busca estadounidenses y británicos. Después de esto les obliga a subir las escaleras, dice Alex Chamberlain, un huésped británico.

Chamberlain y muchos más escapan en medio del caos.

El personal de uno de los restaurantes lleva al menos a 60 comensales a una cocina, después los conducen a otro cuarto donde les dan algunos refrigerios y finalmente los escoltan fuera de allí, según el presidente del hotel, P.R.S. Oberoi.

Otros huéspedes se refugian en sus habitaciones.

Los atacantes comienzan a tomar rehenes.

10:35 de la noche

Los asaltantes atacan rápidamente una estación de policía. Pocos minutos después abren fuego en un hospital, luego emboscan a una patrulla en la que matan a cinco policías y se van conduciendo. Al poco tiempo una bomba explota en un taxi en el barrio suburbano de Vile Parle. Unos 15 minutos más tarde otra bomba hace explosión en un taxi dentro de la ciudad. Al parecer una persona muere.

Jueves por la mañana, Hotel Oberoi

Una tela que cuelga de una ventana tiene una petición sencilla pero desgarradora: “¡Sálvenos!”

Dentro cientos de personas se ocultan en sus habitaciones, o han sido tomados como rehenes.

Los hombres armados con fusiles y granadas empujan al empresario egipcio Osama Embabi dentro de un cuarto donde cuatro o cinco personas, huéspedes de otros países árabes y trabajadores del hotel, ya han sido encerrados.

“Nos gritaron y advirtieron que no nos fuéramos de la habitación o nos iban a disparar”, dice.

Mientras tanto, Lo Hoei Yen, una abogada de Singapur de 28 años, llama con su teléfono celular a su esposo Michael. La han atrapado, le dice, y amenazado de muerte si las fuerzas indias atacan el hotel, según reportes de los medios de Singapur.

Después de las 9:00 de la mañana, el ejército indio comienza una operación que se prolongará un día para rescatar a los rehenes del Oberoi. El cuerpo de Lo es encontrado en el piso 19.

Jueves

Parece que la policía y el ejército indio nunca terminarán el combate. Luchan contra los terroristas en tres sitios, incluyendo dos de los edificios más famosos de la ciudad, y cientos de personas continúan atrapadas. Comienzan incendios en ambos hoteles y los bomberos tratan de combatirlos, pero sólo cuando es posible acercarse a los edificios. Los disparos y las explosiones parecieran ser parte del ruido habitual del sur de Mumbai.

La gente se ha enfrentado al terrorismo antes, pero en esta ocasión es diferente.

“Existe un limite de lo que una ciudad puede soportar”, dice Ayesha Dar, un constructor de 33 años.

10:45 de la mañana, Centro Judío.

El centro judío está en silencio a excepción del llanto de un niño.

Samuel, la empleada, abre la puerta de su escondite y se encuentra con un corredor vacío. Sube un piso rápidamente y encuentra a Moshé, el hijo de 2 años del rabino, que llora junto a los cuerpos de sus padres y dos huéspedes israelíes que yacen sobre el piso. Los pantalones del niño están manchados de sangre. Ella lo toma y corre por las escaleras hasta salir del edificio.

Los soldados que atacaron a los terroristas dicen que eran oponentes difíciles.

“Es obvio que los habían entrenado en alguna parte… No cualquiera puede manejar armas AK ni lanzar granadas de esa forma”, dice un integrante no identificado de la unidad de Comando de la Infantería de Marina de la India que lleva el rostro cubierto por una máscara negra, luego de que sus unidades atacaran los hoteles. Los asaltantes eran “muy determinados y sin escrúpulos”.

Viernes, casi a las 7 de la mañana, Centro Judío

Comandos vestidos de negro se dispersan por las azoteas de los edificios que rodean el centro judío y comienzan a disparar para protegerse.

Sobre la azotea del centro van descendiendo uno a uno efectivos enmascarados que se deslizan por una cuerda que pende de un helicóptero.

El helicóptero regresa después con más comandos, y una tercera vez para entregar equipo.

Lentamente el equipo de asalto desciende por una escalera exterior y comienza a registrar el inmueble.

Una pequeña explosión ocurre en el interior. Pocos segundos después se escuchan dos disparos, hay una pausa y luego dos disparos más. Por horas se escucha un ritmo similar. En el edificio quedan huecos generados por explosiones mientras que cientos de espectadores aplauden desde las calles cercanas.

Viernes por la mañana, Hotel Oberoi

Decenas de rehenes, con sus pasaportes en las manos, son retirados del hotel en taxis, autobuses y ambulancias.

A las 3 de la tarde, el gobierno anuncia que han muerto dos de los atacantes y que se ha podido establecer el control en el edificio.

La pareja de atacantes había asesinado a 32 personas _22 huéspedes y 10 trabajadores_ además de herir a muchos más.

Hacia la tarde más de 100 personas que fueron tomadas como rehenes son escoltadas fuera del edificio.

5:39 de la tarde, Centro Judío

Las fuerzas indias lanzan un cohete a uno de los pisos superiores del Centro Judío, lo cual estremece el barrio y hace volar las ventanas de los edificios cercanos.

6:15 de la tarde, Centro Judío

Un pequeño grupo de comandos sale a la calle levantando sus fusiles en señal de triunfo. La multitud deshace las barricadas de la policía y celebra en las calles.

Dentro del edificio hay nueve personas muertas, incluyendo al rabino y su esposa. Según los reportes de la prensa israelí algunos están vestidos con su ropa de oración.

Viernes, últimas horas de la noche, Hotel Taj Mahal

Los combates continúan en el hotel ubicado junto al mar. Las autoridades afirman que uno, o quizá dos de los atacantes continúan dentro. Las explosiones y los disparos se prolongan intermitentemente y se intensifican al amanecer. Salen llamaradas de las ventanas, extendiéndose sobre las paredes del edificio. Nubes de humo negro se elevan sobre el Mar Arábigo. En el exterior, decenas de periodistas se arremolinan en la plaza frente al Taj, y en algunos momentos se pueden escuchar a más de cinco de reporteros de televisión dando las últimas noticias.

Sábado 8:30 de la mañana, Hotel Taj Mahal

Después de tanta destrucción las cosas terminan en calma; no hay un anuncio de la victoria. Se escuchan explosiones en el interior y poco tiempo después un hombre camina por la plaza, donde soldados con chalecos anti balas se habían desplazado atemorizados, y llama a los bomberos para que se acerquen a apagar los últimos incendios.

Se declara el fin del enfrentamiento en el Taj Mahal, concluyendo así con tres días de terror. Han pasado 60 horas desde que los primeros atacantes llegaron a la estación de tren.

Fuera, pedazos de escombros quemados llenan la plaza, tiras de sábanas blancas atadas unas a otras cuelgan de las ventanas como recuerdo de aquellos que escaparon. Unos diez autobuses están estacionados cerca, a pocos metros del Mar Arábigo. Están llenos de soldados y fuerzas especiales que por fin pueden descansar.

Cientos de personas se acercan a los autobuses para entregarles flores.

Fuente Univisión – Los periodistas de The Associated Press Tim Sullivan en Nueva Delhi, Ravi Nessman en Mumbai, así como Ramola Talwar Badam, Erika Kinetz, Anita Chang, Jenny Barchfield y Paul Peachey contribuyeron con este informe.

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Fecha de la nota
30/11/2008

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Comentarios para “Crónica de los días de terror en Mumbai”


  1. julio expresa que:

    todos rezemos por que en todo el mundo reine la paz y la alegria no es posible que estas perosnas por ser judias aun tengan en estos tiempos que vivir estas acciones ya basta respetemos a todos los seres humanos.