Obama 2012

Incluso ahora, en noviembre de 2012, es difícil no pensar con alegría en el primer año de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos. En sus primeros 100 días en la Casa Blanca, el enérgico presidente tomó una serie de medidas audaces que extrajeron a la economía americana de su peor crisis desde la década de 1930. Inmediatamente después de que pusiera fin a la tortura e inculpara a Dick Cheney, convocó una conferencia de paz en Oriente Medio y promovió un hecho histórico con sus visitas de reconciliación a La Habana, Damasco y Teherán.
La política económica y exterior de Obama estaba fundamentada sobre una visión del mundo inspirada tanto en los estadounidenses como en los no estadounidenses, en ambos por igual. Tras años de desesperación y de cinismo, el 44 º presidente propuso una nueva agenda nacional e internacional basada en el diálogo, la desmilitarización, la justicia y la paz.
Las primeras señales de que algo andaba mal ya habían aparecido al final de ese primer año de gracia. Sin embargo, Washington fue sorprendido cuando, en el verano del 2010, el Presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad anunció que expulsaría a los inspectores internacionales y que se inclinaba completamente hacia la producción de armas nucleares. El choque se volvió terrible en la víspera de la Navidad de 2010, cuando el líder espiritual de Irán, Ali Khamenei, afirmó que su país tenía sus tres primeras ojivas nucleares destinadas a Riad, El Cairo y Tel Aviv.
La primavera de 2011 fue dramática. En primer lugar, un tratado de defensa mutua y un acuerdo para colaborar en las exportaciones de petróleo fue firmado entre Teherán y el frágil gobierno de Bagdad. A continuación, Kuwait, Qatar, Abu Dhabi y Dubai inclinaron la cabeza y firmaron los correspondientes tratados que les convertían en protectorados del estado chiíta. Arabia Saudita siguió el enfoque contrario: en mayo de 2011 anunció que había comprado armas nucleares a Pakistán, tanto para sí mismo como para su aliado Egipto. Pero la repentina nuclearización de Egipto no logró apaciguar a la Hermandad Musulmana. Manifestaciones masivas obligaron al presidente Hosni Mubarak a dimitir poco después de que suspendiera el acuerdo de paz con Israel.
Para el Día de Acción de Gracias del año 2011 la situación se presentaba muy clara. El Rey Abdulla de Jordania partía hacia el exilio en Londres. Hezbollá había tomado el control de Beirut y una sangrienta guerra de desgaste estalló entre Israel y los palestinos. Los disturbios en el oeste de Asia habían tenido repercusiones en el resto de la escena internacional: Afganistán estaba en llamas, Pakistán se colapsaba y Rusia levantaba su cabeza. En vista de la impotencia de Washington, algunos países europeos comenzaron a inclinarse cada vez más hacia China. Cuando el precio del petróleo se puso por encima de los 200$ por barril, la economía americana se sumergía en otra profunda recesión.
Obama ya no tenía ninguna oportunidad cuando llegaron las nieves a Iowa en 2012. Así, con Oprah Winfrey como paño de lágrimas a su lado, el presidente más prometedor anunció que no se presentaría para un segundo mandato.
¿En qué se había equivocado? ¿Cuándo se desvió Obama por el mal camino? En retrospectiva, la respuesta era clara y simple. En el verano del 2009, el presidente tuvo que hacer frente a la decisión más valiente de su vida: evitar que Irán se dotara de armas nucleares. Por supuesto, optar por un enfrentamiento habría sido incompatible con su ADN de demócrata liberal de Chicago. Sin embargo, y paradójicamente, sólo una decisión de esa índole podría haber salvado su legado y haber hecho avanzar los nobles valores que creía que podrían haber dado lugar a una paz global en el Oriente Medio. Si Obama hubiera decidido hace tres años imponer un cerco político-económico a Teherán, habría cambiado el curso de la historia. El Roosevelt del siglo XXI habría impedido el caos regional y una carrera armamentista nuclear en todo el mundo, además del declinar de América.
Ayer, inmediatamente después de que las televisiones vaticinaran la aplastante victoria de los republicanos en noviembre de 2012, los amigos más cercanos del presidente se reunieron en torno a él. Lo encontraron triste pero sobrio. Obama no tenía dudas: si hubiera conocido al principio de su mandato lo que sabe ahora, habría tomado una decisión estratégica diferente sobre el programa nuclear de Irán. Si sólo fuera posible volver hacia atrás, le decía el pensativo presidente a su humillado jefe de personal, Rahm Emanuel. Si solamente hubiera tomado una decisión diferente en el verano de 2009.
Autor: Ari Shavit - Haaretz
Traducción: José Antonio - Safed-Tzfat
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