Obama está dividiendo Jerusalém

Los enemigos del Primer Ministro Benjamin Netanyahu se han asociado para promover unas pocas causas sagradas: poner de rodillas a Israel, forzar una Pax Americana en Israel (el “plan Obama”) y conseguir que el primer ministro muerda el polvo.
Si los medios de comunicación de nuestro propio país están tratando de derribar a Netanyahu, ¿por qué no debería aprovecharse la administración americana, la cual ha movilizado a los entusiastas medios de comunicación israelíes para sus propias necesidades, de su desdeñosa actitud con respecto a los objetivos de la administración Obama? (Aunque sea rechazable su actitud, en la cultura americana, con su código de honor y su moderación, este tipo de comportamientos no serían permitidos).
No han logrado poner de rodillas a Netanyahu, pero han conseguido atizar un fuego en el exterior de proporciones bíblicas ( “Por favor, con autoridad”, le suplica Gideon Levy a Barack Obama en un artículo del 17 de mayo). Ese fuego que está persuadido de que una iniciativa presidencial americana se puede presentar sin necesidad de un diálogo previo con el gobierno de Israel en el poder, es inaceptable para la gran mayoría de los judíos de Israel.
Además de la exigencia de que se ejerza una fuerte presión sobre Israel, la paz también exige que Obama ponga fin a la “relación especial” entre Estados Unidos e Israel. Estas relaciones, nos explican estos patriotas israelíes, son perjudiciales para los intereses de los EEUU.
También en este caso su desvelos han obtenido sus frutos. El discurso sobre una visión para la paz en el Oriente Medio, previsto para el 4 de junio, no se pronunciará en la Casa Blanca, ni siquiera en una sesión conjunta del Congreso. Verá la luz en una intervención en El Cairo, saltando intencionalmente una visita a Jerusalém (e inclusive Tel Aviv), para que el espíritu de la paz surja de los labios del mesías americano.
Obama tiene pocos conocimientos de la historia, la ideología y la psicología de la oposición árabe a la existencia del Estado judío. Pero él tiene una estrategia: descongelar las relaciones con el Islam. Resulta evidente lo que se pide a cambio.
Pero los que construyeron su programa, que por pura coincidencia se asocian totalmente a las ideas de la extrema izquierda de Israel (y cuyos distribuidores están en estrecho contacto con Rahm Emanuel y sus semejantes), están demostrando una ambición y una arrogancia que les cocerá en su propia salsa.
Ningún líder árabe, político o religioso, ha sido hallado aún que este de acuerdo en renunciar al derecho de retorno, el cual es un pilar central del plan de Obama. La idea de internacionalizar la Ciudad Vieja y su gobierno por medio de las Naciones Unidas es una idea inútil. Sólo los judíos asimilados - que también pueden hallarse en Israel – podrían apoyar esta idea de un presidente neófito, que no tiene ni idea de cuan profunda es la ligazón judía con su capital, sobre todo con el área que contiene la mayoría de sus lugares sagrados.
Obama ha lanzado una gran cantidad de globos al aire, quizá demasiados. Incluso un mago como él no puede atraparlos todos. El último, particularmente uno de las más ambiciosos del plan de Obama, podría explotar en sus propios pies, pero también en los de todos aquellos en la región que pagarán el precio que les impone este presidente americano y que quiere, por la fuerza, cambiar el orden de las cosas. Eso también le sucederá si no deja de lado otras iniciativas y, desconectado de la realidad, no se apresura a conectarse con ella en otros lugares del mundo, así como en su propia casa.
Hoy, Día de Jerusalén, una ceremonia tendrá lugar celebrando los 42 años desde la liberación de la capital de Israel. En su discurso, Netanyahu puede enfriar un poco, educadamente, el fervor mesiánico de Obama y dejar bien claro que Jerusalém nos pertenece. Puede que después de la liberación de la ciudad por los paracaidistas en 1967, ninguna potencia extranjera vuelva a pasar nuevamente a través de sus puertas.
Autor: Israel Harel - Haaretz
Traducción : Blog Safed-Tzfat por Jose Antonio
21/05/09
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obama es un iluso si cree que los judios promedio acepten sus proposiciones sobre todo lo de partir jerusalen, mas facil sería que nadie la tuviera o mas bien que quedara en manos de la humanidad.
Jerusalén ha sido, es y debe seguir siendo la capital espiritual y física del Estado de Israel.
Obama tiene buena voluntad pero que Estados Unidos no haga amistades con el mundo musulmán a costa de Israel. Obama debe saber que Jerusalén no está en venta.
No existe formula ni fuerza humana alguna, que pueda persuadirnos y menos arrebatarnos a Jerusalem como parte integrante, indivisible é irrenunciable capital de Israel por la voluntad soberana de Hashém y su pueblo que está fisicamente en Eretz Israel y en el resto del planeta. Somos un universo numeroso y dispuesto.
¡Am Israel Jai!
Solo la voluntad del Santo Bendito Es El, podra quitarnos de las manos Yerushalaim
seamos obedientes y fieros guerreros para defender nuestra casa.
mientras israel no comprenda el significado sufrimiento del progimo y no solo ver el sufrimiento propio y no luchar por la paz sin dar tregua al propio beneficio sin duda alguna hasta el fin de su existencia seguira teniendo diferencias con el mundo entero.
quien se encuentre libre de pecado que arroje la primera piedra. soy de argentina
No existe en el pueblo judio un escritor que haya gozado de tanta popularidad, que haya llegado tan al fondo del corazón de su pueblo, sin distinción de clases sociales, edades, tendencias políticas o gustos estéticos, como el genial humorista que cautivó a los lectores judíos, desde su aparición en la arena literaria, con el expresivo y cordial seudónimo de Shólem Aléijem, “la paz sea con vosotros”.
Sobre Jerusalem, Sholem Aleijem escribio el siguiente cuento:
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- Hágame, por favor, el bien de contármelo todo detalladamente. ¿De modo que usted ha visto con sus propios ojos el Muro Occidental? ¿De manera que lo vio? ¿Y lo ha examinado bien? Cuénteme entonces, ¿cómo, dónde, cuándo?…
Así le hablaba mi maestro a un judío que acababa de llegar de Palestina, ¡de Jerusalém!
- Dígame, pues, por favor; píntemelo exactamente, cómo, dónde, cuándo..
Y el judío de Jerusalém se lo describió exactamente: cómo, dónde y cuándo. Y mi maestro aspiraba las palabras, se admiraba, se crecía de entusiasmo como quien recibe de un país lejano noticias de un íntimo amigo suyo.
Tanta atención prestó el maestro al judío de Jerusalém que no se dio cuenta de cómo nosotros, los muchachos de la clase, nos deslizamos uno tras otro fuera del aula y nos fuimos a patinar sobre el hielo.
Cuando volvimos al heder, aún estaba hablando.
- ¡El Muro! - decía el maestro al judío de Jerusalém - ¡El Muro Occidental! He ahí todo lo que nos ha quedado de nuestro Templo, de todo nuestro reino. ¡El Muro Occidental, el Muro Occidental!
Y el maestro se echó a llorar.
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Emocionante, verdad ?