El “anti-imperialista” mundo musulmán

El discurso del Presidente Obama en El Cairo ha sido debatido mucho antes de que se pronunciara, y provocará un verdadero tsunami de comentarios posteriornente. Algunos de los comentarios críticos están, en mi opinión, fuera de recibo, ya que ignoraban el hecho de que se trataba de una declaración de un presidente americano emitida en una capital árabe para desde allí abordar al mundo musulmán en su búsqueda de una mejor comprensión mutua. Por supuesto, se puede discrepar con la noción de que sea realmente América la que debería abogar por una mejor comprensión mutua. Como subrayó la ex secretaria de Estado, Madeleine Albright:
“Para la mayoría de los estadounidenses, la idea de que nuestro país está atacando al Islam, o que considera la fe islámica como un enemigo es absurda. La primera Guerra del Golfo fue una respuesta a la invasión por parte de Saddam Hussein de un país árabe vecino. En el 11-S, Estados Unidos fue la víctima, no el agresor. En Irak, la justificación del Presidente Bush para un cambio de régimen, aunque equivocada, no era anti-islámica. Los líderes de EEUU no pueden ser considerados responsables de lo que algunos escritores cuentan a fin de asustar a la gente y vender libros. ¿Quieren más? En el decenio de 1990, los Estados Unidos ha guiado a la OTAN dos veces en conflictos en defensa de poblaciones musulmanas - en primer lugar Bosnia, Kosovo después”
Albright también podría haber añadido que los EEUU han sido unos muy fiables contribuyentes de la UNRWA, la cual se prepara para conmemorar seis décadas de soporte financiero y material a los refugiados palestinos; también podría haber añadido que las promesas de EEUU de apoyo financiero a la Autoridad Palestina siempre se han cumplido – lo que es mucho más de lo que puede decirse de las promesas de algunos Estados árabes.
Habida cuenta de estos hechos, la idea de que América tiene que influir en los “corazones y las mentes” de los musulmanes para tratar de convencerles de alguna manera de que América no es su enemigo, de por sí, ya es un buen ejemplo de lo que le pasa en gran parte del discurso político en el Oriente Medio: los hechos y la realidad son bastante irrelevantes para los ciudadanos y sus puntos de vista, ya que las mentes son anuladas por unos corazones que siempre son más manejables a la hora de definir una identidad. Y lo que aún resulta más fácil: estar en contra de Occidente, en contra de Estados Unidos, y contra el último símbolo de todos esos “anti sentimientos”, contra Israel.
Consideren los resultados de una encuesta que muestra que el líder de Hizbullah, Nasrallah, el Presidente sirio Assad y el presidente de Irán Ahmadinejad son los tres líderes políticos más populares en el mundo árabe: evidentemente, ninguno de ellos es un buen ejemplo de gobierno, de libertades políticas o de oportunidades económicas ofrecidas a sus gobernados, y es que, efectivamente, la falta o carencia de cualquiera de estos beneficios esenciales no cuentan apenas cuando la gente valora a la mayoría de los dirigentes políticos, ya que todos ellos pueden ser considerados como “de pie contra la influencia de EEUU”.
Es importante comprender que “de pie contra la influencia de EEUU” es algo que se considera como un desafío crucial no sólo para los fanáticos islamistas, sino también paras los árabes occidentalizados, liberales y secularizados. El comentario sobre el discurso de Obama de Khaled Diab, un escritor egipcio que vive en Bélgica, es un buen ejemplo:
Diab elogia en Obama el “cambio de retórica del choque de civilizaciones”, aunque no importa que este tipo de retórica sea muy popular dentro del mundo islámico, y alaba a Obama por “criticar algunos aspectos de la política exterior de EEUU”. Sin embargo, para Diab, el presidente Obama no mostró la suficiente humildad, y su discurso puso de manifiesto “consejos típicos de la arrogancia americana”. En opinión de Diab:
“… es este auto-engaño, esta creencia de que América no es un imperio, que no está motivada por unos planes imperiales, que es en cierto modo más virtuosa que el resto del mundo, lo que la condena a seguir repitiendo los mismo errores. Y no es Obama, sino por este imperio que no se atreve a decir su nombre por lo que muchas personas alrededor del mundo mantienen en un última instancia su desconfianza. Las palabras del Presidente cayeron muy bien entre muchos árabes … una encuesta llevada a cabo poco antes de esta visita evaluada la aprobación de Obama. Su clasificación entre los árabes se sitúa alrededor del 45%, muy lejos de la de George Bush, villano público número uno. Pero sólo porque les guste el emperador eso no significa que los árabes confíen en el imperio: cerca de las tres cuartas partes aún consideraron que EEUU es la segunda mayor amenaza en el mundo”
Bueno, todos podemos adivinar quien es considerado como la mayor amenaza…
La descripción de Diab de Estados Unidos como un imperio fue criticada por muchos lectores como inapropiada, pero sus opiniones son, sin duda, una buena guía de la forma en que la mayoría de los musulmanes de mente abierta ve a los EEUU y sus supuestamente políticas imperialistas. Sin embargo, mientras que un “imperio” americano es considerado como una cosa mala a la que hay que oponerse, otro comentario escrito por un musulmán aparentemente muy liberal, a la espera del discurso de Obama, ilustra perfectamente el doble rasero del mundo musulmán cuando se trata de “imperios”.
Escribiendo en el Huffington Post, el cineasta, guionista y escritor Kamran Pasha, ofreció una opinión similar a la expresada por Diab en The Guardian, con la esperanza de que en virtud de Obama, la política exterior, “basada en la arrogancia imperial, y que ha marcado los últimos ocho años, sufra un drástico cambio”. Pasha explica posteriormente:
“Ha sido desde hace varias décadas, con un mundo musulmán emergido de la mayor crisis de su historia tras la destrucción de Bagdad por los mongoles, cuando nos acontece el legado del colonialismo europeo. La mayoría de nuestras naciones son nuevas, de menos de un siglo de edad, y fueron excavadas en las ruinas de los imperios islámicos fenecidos - los otomanos en Turquía y en el Oriente Medio, los Qajars de Irán y los Mughals del subcontinente indio. Nací en Pakistán, un país musulmán que no vio la luz hasta 1947, cuando mis padres aún eran niños pequeños. La extrema conmoción y la humillación por la ocupación por las potencias europeas han dejado en el mundo islámico una gran confusión y un profundo desasosiego [...]
Sólo unos pocos cientos de años atrás, los ejércitos musulmanes gobernaron Europa oriental y estuvieron a punto de conquistar Viena. Antes ya habían creado ricas civilizaciones que fueron la envidia del mundo - los abasidas de Bagdad y los omeyas de España, quienes llevaron el arte y la ciencia a la humanidad. Los musulmanes habían dominado el uso de la pólvora en el siglo XIII, cuando los europeos vivían en chozas de piedra. Y la idea de que un día los primitivos europeos no sólo dominarían a los musulmanes, sino que les sobrepasarían ampliamente en la ciencia, en el arte y en la tecnología, resultaba ridícula [...]
Y nuestro mayor dolor, el sufrimiento de nuestros hermanos en Palestina, permaneciendo como algo que los musulmanes sienten que no pueden aliviar. Respecto a Israel, con sus armas nucleares y el apoyo económico y militar de los Estados Unidos, los musulmanes se sienten impotentes a la hora de ayudar a los palestinos a defender sus vidas, sus hogares, su dignidad humana. Viendo como los soldados israelíes vigilan la Mezquita Al-Aqsa mientras los musulmanes oran, nos resulta desgarrador y vergonzoso para una comunidad que ha considerado a Jerusalém como su casa desde la época del Profeta Mahoma”.
En otras palabras: el imperialismo y la subyugación musulmana de innumerables pueblos y culturas es buena y admirable; sus conquistas son legítimas y deben ser conservadas en la mayor medida de lo posible. Por el contrario, América, y lo que significa respecto a las libertades civiles, al pluralismo y a los derechos de las minorías, debe ser castigada por su “arrogancia imperial”.
Autor: Petra Marquardt-Bigman - Jerusalem Post BlogCentral
Traducción: Safed Tzfat
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