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29/03/2010

El síndrome de Jerusalem

 


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Hillary Clinton tiene una manera selectiva de sentirse insultada. Al Assad, el presidente sirio, recibió a Ahmadinejad en Damasco después de que los EEUU hubieran enviado allí a un nuevo embajador. Clinton solicitó una explicación y le dijeron que se metiera en sus propios asuntos. Pero cuando el Ministerio de Vivienda israelí anunció la construcción de viviendas adicionales en un barrio judío ya existente de Jerusalem, Clinton no pudo soportarlo.

La reacción de la comunidad internacional a la “Operación Ramat Shlomo” revela dobles raseros, unilateralidad y la habitual ignorancia de los hechos históricos.

Revela doble rasero, porque en los intentos de reconstruir la confianza entre Israel y los palestinos, sólo de Israel se espera que no “provoque” a la otra parte. Los palestinos, por su parte, se salen con la suya con todo. Es cierto, Biden pidió a la Autoridad Palestina que cancelara la inauguración de una plaza con el nombre de Dalal Mughrabi. Sin embargo, la inauguración fue solamente retrasada y la verdad es que no he oído a Hillary Clinton o a Catherine Ashton regañar a los palestinos sobre dicha provocación.

Dalal Mughrabi dirigió uno de los ataques terroristas más horrendos de la historia de Israel, perpetrado el 11 de marzo de 1978, cuando ella y otros terroristas secuestraron un autobús y mataron a 37 civiles. En diciembre de 2009, el presidente de la AP, Mahmoud Abbas, decidió patrocinar una ceremonia para conmemorar el 50º aniversario del nacimiento de Mughrabi. Unos meses antes, Abbas inauguró un centro de ordenadores con el nombre de Mughrabi. El 11 de marzo de 2009, la televisión de la AP llamó a Mughrabi y a sus cómplices “héroes”. Este año, la Autoridad Palestina ha planeado celebrar el evento del 11 de marzo inaugurando una nueva plaza Mughrabi. Biden estaba en la ciudad el 11 de marzo, por lo que solicitó a Abbas que le evitara esa vergüenza (Israel, por contra, se “pegó un tiro” en el pie pasando de eso).

¿Qué puede suponer exactamente la paz entre Israel y los palestinos si los dirigentes palestinos enseñan a sus hijos que el asesinato de civiles israelíes inocentes es un acto de heroísmo digno de alabanza? Si se espera que Israel y los palestinos se muestren sinceros acerca de la paz, ¿por qué los palestinos enseñan a sus hijos que matar a los israelíes es digno de elogio, mientras que Israel recibe críticas en público por añadir unos apartamentos a un vecindario ya existente que de todos maneras seguiría dentro de la jurisdicción de Israel en cualquier acuerdo de paz?

Entonces, si esto es así, es que hay parcialidad. Al unirse a la posición de que “Israel no tiene derecho a construir en el barrio de Ramat Shlomo”, la comunidad internacional se pone del lado de los palestinos. Jerusalem Oriental no es un territorio ocupado. Cuando los británicos se retiraron de su Mandato sobre Palestina en mayo de 1948, dejaron un vacío jurídico detrás de ellos. La resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas de noviembre de 1947 había recomendado que Jerusalem fuera un corpus separatum, pero esta resolución no era jurídicamente vinculante, y de todos modos fue rechazada por los árabes. Con la firma de los acuerdos de armisticio de 1949 entre Israel y los Estados árabes que iniciaron la guerra, Israel se convirtió en parte soberana de facto de la parte occidental de Jerusalem y Jordania de la parte oriental.

La anexión por parte de Jordania del Jerusalem Oriental no fue reconocida por la comunidad internacional (con la excepción de Gran Bretaña y Pakistán). Su soberanía fue el resultado de una guerra de agresión. La soberanía de Israel después de junio de 1967, al contrario, fue el resultado de una guerra de legítima autodefensa. Esta sola diferencia hace que, como sostiene el ex miembro de la Corte Internacional de Justicia, el juez Stephen Schwebel, la opción y los derechos de Israel sean mucho más poderosos que los de Jordania. Sin embargo, Jordania nunca fue calificada como país “ocupante” de Jerusalem Oriental, mientras que Israel sí lo es.

Con el fin de ser considerado como “ocupado” en virtud del derecho internacional (y para que lo aplique el Cuarto Convenio de Ginebra), un territorio debe haber sido previamente un país soberano o parte de un país soberano. Jerusalem Oriental nunca formó parte de un “país soberano” en los tiempos modernos. Cualquiera que considerara en 1949 que la anexión de Jerusalem Oriental por Jordania era ilegal e ilegítima, deberá entender que Israel no conquistó “territorios soberanos en 1967″, o si es al contrario, sí se considera la anexión de Jordania de 1949 como legal y legítima, significa que la anexión de Israel de 1967 lo es aún más, ya que fue el resultado de una guerra en defensa propia y no de agresión.

Es precisamente porque Israel no conquistó un país soberano, o parte de un país soberano, cuando entró en Cisjordania en 1967, y debido a que Israel cruzó una línea de armisticio y no una frontera, que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en la Resolución 242 pide la retirada israelí “de territorios” (en contraposición a “de los territorios”) conquistados durante la guerra, en el marco de un acuerdo de paz negociado. La posición árabe es que Israel debe retirarse de “todos los territorios” y que Jerusalem Oriental es un territorio ocupado. Israel contesta esa posición con hechos históricos y jurídicos.

Al denominar a las actividades de construcción de Israel en Jerusalem Oriental como “ilegales” y/o “ilegítimas” (en lugar de catalogar el “anuncio de Ramat Shlomo” como lamentable o contraproducente), la comunidad internacional se coloca nuevamente del lado de la posición árabe sobre Jerusalem y la Resolución 242, desestimando la posición de Israel. En inglés, simplemente, a esto se le llama parcialidad.

La tercera y última cuestión es la ignorancia de los hechos históricos. The Economist publicó hace poco un artículo sobre Jerusalem (“Una ciudad que debe ser compartida”, 6 de marzo 2010) que ignoraba por completo la profanación de los lugares religiosos que no eran musulmanes por parte de Jordania y la Autoridad Palestina, y ni siquiera mencionaba por qué no se alcanzó un acuerdo sobre Jerusalem durante la Cumbre de Camp David de 2000.

Cuando Jerusalem Oriental estuvo bajo el control jordano entre 1949 y 1967, a los judíos no se les permitía orar en el Muro Occidental, y cincuenta y ocho sinagogas y escuelas judías fueron destruidas en la Ciudad Vieja, siendo el cementerio judío del Monte de los Olivos sistemáticamente profanado. Después de que la AP obtuvo el control del Waqf (organismo de control de las mezquitas) de manos de Jordania en 1996, se realizaron actos de vandalismo arqueológico en el Monte del Templo, tratando de borrar todo vestigio de los dos Templos de Jerusalem.

La Autoridad Palestina construyó dos enormes mezquitas en el Monte del Templo: una en 1996 (la mezquita de “los establos de Salomón”), y otra en 1999 (la mezquita de “Al-Aqsa Al-Qadim”). En ambos casos, la Autoridad Palestina, que controlaba el Wakf, eliminó decenas de miles de toneladas de escombros que contenían objetos arqueológicos que databan del período del Primer Templo. La Autoridad Palestina también ha profanado y destruido parcialmente la Tumba de José en Nablus y la sinagoga antigua Jericó.

Por el contrario, Israel debe preservar la integridad de todos los lugares musulmanes que estaban bajo su jurisdicción desde 1967 y garantizar la libertad de acceso a los fieles musulmanes. En los años 1970 y 1980 se produjo el típico ceremonial en la UNESCO en el que los países musulmanes solicitaban a esa organización que investigara las supuestas “profanaciones” por parte de Israel de los lugares musulmanes, pero las denuncias fueron sistemáticamente rechazadas por los propios expertos arqueológicos de la UNESCO (Prof. Raymond Lemaire), que en cambio elogiaron realmente a Israel por su tratamiento de los lugares religiosos musulmanes.

Este es un argumento poderoso en contra de una división de Jerusalem: Israel es el único país que ha demostrado (y sigue demostrando) respeto hacia los lugares santos musulmanes y cristianos, mientras que los palestinos han destruido y profanado (y continúan haciéndolo) los lugares judíos, e incluso lugares cristianos (en abril de 2002, durante la Operación Muro Defensivo, los terroristas palestinos utilizaron a la Iglesia de la Natividad de Belén como refugio, cometiendo actos de vandalismo en ella). Pero también existe otra razón adicional: los recientes intentos de compartir Jerusalem durante las negociaciones de paz han fracasado, y es que los palestinos se niegan incluso a reconocer la conexión de Israel con los lugares sagrados judíos.

En Camp David en el 2000, la delegación de Israel acordó compartir la soberanía sobre Jerusalem con un futuro Estado palestino. Los Estados Unidos llegaron incluso a sugerir la custodia palestina del Monte del Templo y la soberanía palestina plena y total de los barrios musulmanes y cristianos de la Ciudad Vieja. La operación se derrumbó cuando los palestinos rechazaron la propuesta norteamericana en favor de una soberanía palestina plena sobre todas las partes del Jerusalem conquistado por Israel en junio de 1967, incluido el Monte del Templo en sí. La causa, el entonces primer ministro Ehud Barak respondió que la soberanía de Israel sobre el Monte del Templo era “el punto de Arquímedes de nuestra existencia”. En respuesta, los palestinos afirmaron que ningún templo judío había existido en Jerusalem, y negaron por completo toda relación entre Israel y el Monte del Templo.

Teniendo en cuenta la posición del lado palestino, la negociación sobre la cuestión del Monte del Templo podría parecer inútil. Sin embargo, incluso después de la cumbre, también fracasó cuando Israel propuso la división de la soberanía sobre el Monte del Templo en dos niveles: el futuro estado palestino controlaría el nivel superior, e Israel, el subterráneo (por la presencia de los restos de los dos Templos). En diciembre del 2000, el entonces ministro de Asuntos Exteriores israelí, Shlomo Ben-Ami, incluso llegó a ofrecer a los palestinos la soberanía plena y exclusiva sobre el Monte del Templo (incluido el nivel inferior o subterráneo), a condición de que los palestinos solamente reconocieran la santidad de ese lugar para el pueblo judío y se impidiera la destrucción de restos judíos en el Monte del Templo. Sin embargo, incluso esta propuesta fue rechazada por los palestinos.

Mediante la aplicación de dobles raseros a Israel y a los palestinos sobre la cuestión de las medidas de fomento de la confianza, apoyando públicamente la posición palestina y desestimando el estatus legal de Jerusalem para Israel, y el hecho de pasar por alto la historia del tratamiento por parte de Israel y de los palestinos de los lugares santos de otras religiones, con todo ello, la comunidad internacional parece convencida de que Israel utiliza sus políticas de construcción como la única manera que posee de reclamar su soberanía sobre su capital histórica.

Autor: Emmanuel Navón – JPost BlogCentral
Traducción: Jose Antonio – Safed-Tzfat

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Fecha de la nota
29/03/2010

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Comentarios para “El síndrome de Jerusalem”


  1. Unhumildelector expresa que:

    Estos grupos puramente árabes, que desde 1964 han tomado el nombre de “palestinos”, tiene gente muy buena y que quiere paz, pero muchos son muy violentos, matan a sus propios hermanos si no siguen al pie de la letra sus mandamientos y son extremos en su visión religiosa.

    El problema mayor es que Israel tiene un territorio muy pequeño, ya que Gran Bretaña le sacó el 78% del territorio al Mandato Palestino para hacer un nuevo reino árabe: Jordania, en cuyas fronteras ya viven un 75% de los llamados palestinos.

    En realidad, lo ideal para todos sería que los árabes que hoy viven en la parte oriental de Israel pasen al este del río Jordán, donde podrán vivir tranquilos, respetando las leyes del país donde habitan y si quieren tener su propio país, que no traten de pedir parte de la eterna capital de Judea e Israel, ya que Jerusalem fue construida por judíos más de 3,000 años atrás y seguirá siendo judía.

    Con todo, Barak quiso entregar parte de Jerusalem a los arabes y Arafat no lo acepto, porque decia que no hay una sola piedra que fuera judia. Ningun derecho sobre el Muro de los Lamentos, y ningun derecho sobre el Monte del Templo, nuestro primer lugar sagrado, a pesar de que Barak le reconocia que para ellos la explanada era el tercer lugar sagrado.

    Olmert, con Abu Mazen, quiso entregar aun mas, y tambien fue rechazado. Lo que ellos quieren es plasmar un estado arabe en lo que es el estado de Israel.

    El fanatismo de los musulmanes es la causa que impide llegar a la paz.

  2. DesdePerú expresa que:

    En mi opinión, la raiz del problema es de caracter religioso. Islam vs Judaismo. Dicho sea de paso, el Juadísmo es muchisimo más antiguo que el Islam. Y hay que ver la estrategia del Islam, de querer borrar los vestigios judíos a como de lugar. Realmente eso me causa indignación.