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30/08/2010

La historia de Cliona Campbell, o como el antisionismo alcanza nuevas cuotas de ruindad

 


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Es muy raro que te encuentres con alguna persona que se merece el título de “héroe” o “heroína, pero el caso es que estamos ante una de ellas.

Cliona Campbell es una estudiante de 19 años de Cork, en Irlanda. Ella es una especie de chica prodigio. En 2008 fue finalista en una competición para jóvenes periodistas a cargo de cadena de televisión británica Sky News. El año pasado ganó el concurso literario de redacción organizado por la Facultad de Derecho del University College de Cork, una de las instituciones más prestigiosas de enseñanza superior en Europa. Ella tenía, al parecer, todo a su favor.


Cliona Campbell
 
Sólo que en estos momentos, Cliona vive con miedo. Se ha convertido en un objeto de difamación de parte de la prensa irlandesa. Algunos hombres se ponen a su lado caminando por la calle y la insultan. Visitando una tienda de ropa, el guardia de seguridad la reconoció y se puso a insultarla. Diversas amenazas se le han enviado a su correo electrónico.
 
Y todo esto porque Cliona pasó un par de meses en Israel como voluntaria en el Ejército de Defensa de Israel (IDF). Cuando regresó a Irlanda, escribió sobre sus experiencias en su periódico local, el Evening Echo. Era una pieza elocuente, atractivamente escrita, pero aún así, resulta raro que un artículo de una estudiante contando sus experiencias vacacionales se convierta en el centro de atención de un país – y de hecho, con repercusión nivel internacional -. ¿A qué se debe esto?
 
Es por eso que la experiencia de Cliona nos sugiere algunas preguntas adicionales. Las más obvias, el carácter de aquellos que la han insultado e intimidado. ¿Qué nos sugiere la naturaleza del movimiento de solidaridad con Palestina que permite que una joven indefensa se convierta en un objeto de odio? ¿Y qué decir de esos antisionistas asentados en los medios de comunicación y en los ámbitos académicos, que sin duda alzarán sus brazos con horror al ser asociados con ese comportamiento de matones, pero que tanto han contribuido a esa atmósfera de odio que cada vez más rodea a los que públicamente apoyan a Israel? ¿Son culpables de alguna manera todas esas personas rencorosas que le envían a esta bonita pelirroja e-mails para decirle que ella tiene pinta de ser “una bestia”?
 
¿Qué pasa con la doble moral dolorosamente obvia que rige para todo lo que tenga que ver con esa pequeña franja de tierra entre el Mediterráneo y el río Jordán? ¿Por qué los participantes en las payasadas pro-Hamás del Movimiento de Solidaridad Internacional son agasajados, incluso comparados con Ana Frank, mientras que alguien como Cliona Campbell se convierte en una encarnación del mal?
 
Y por encima de todo, ¿cómo es que las bien establecidas normas de la cultura democrática en Irlanda puedan ser tan brutalmente dejadas de lado con el fin de garantizar que, gente como Cliona, “no pueda expresar su propio punto de vista político sin ser acosados públicamente, amenazados e intimidados”?
 
En mi opinión, Cliona ha clavado una gran parte de la respuesta a esas preguntas en su artículo en el Evening Echo. “Desde los nueve años, he estado cautivada por el pueblo judío”, escribía, “una nación que ha sufrido el odio, la persecución y el genocidio, y, sin embargo aún conserva una inquebrantable voluntad de sobrevivir, unificada en un parentesco irrompible. Así que siempre había querido ir a Israel para contemplarlo por mí misma”.
 
Ella continua: “Pero ¿por qué el Ejército? Porque con los años, veía como los israelíes sufrían incesantes ataques con cohetes de los terroristas y, cuando finalmente respondían, esos mismos terroristas colocaban a su propia población civil en la línea de fuego como escudos humanos”.
 
Esta aguda observación captura la esencia de esa palabra tan difamada, “sionismo”. Si el sionismo significa la autoresponsabilización de los judíos – en otras palabras, la organización de un estado de cosas en el que los propios judíos ejercen el control sobre su seguridad y su destino -, el ejército israelí es la expresión más tangible de ese principio. Para alguien que simpatiza intelectualmente con el destino de un pueblo judío marcado por la ausencia de soberanía, el IDF se convierte en una historia atractiva.
 
Pero como Cliona Campbell ha descubierto de una forma sorprendentemente personal, sólo existe una visión y no tolera la disidencia, y es la que representa al IDF como un instrumento de la violencia radical. Así es como esa arraigada imagen permitió que el periodista que escribió un perfil de Cliona para el Sunday Tribune comentara casualmente que el IDF había “asesinado a nueve pacíficos pasajeros” a bordo del Mármara Mavi, la nave en la flotilla turca que se dirigió recientemente a Gaza.
 
Una redacción de esa índole implica que los soldados israelíes se dedican al asesinato a sangre fría y con premeditación. Ahora bien, todo aquél que siguió la debacle del MármaraMavi sabe que eso no fue lo que sucedió, como lo ha demostrado sin lugar a dudas un programa de investigación de la BBC, Panorama. El caso es que si los restantes medios de comunicación aún prefieren echar mano de ese otro mito sórdido, ¿es de extrañar que los menos matizados de entre ellos se refieran a Cliona Campbell, en la jerga de los activistasanti-imperialistas, como un objetivo legítimo?
 
Una vez escribí que el antisionismo en nuestro tiempo es más un bistro (una casa de comidas francesa) que un Bierkeller (una cervecería alemana, alusión al origen del movimiento nazi), es decir, un fenómeno que se manifiesta principalmente entre las élites intelectuales que se consideran líderes del pensamiento progresista. Creo que sigue siendo cierto: lo que también es cierto es que los límites entre estos dos mundos se superponen y desdibujan cada vez más, al mismo tiempo que el conflicto entre Israel y los palestinos se dota de un poder cuasi metafísico. Por eso, cuando todo está dicho y hecho, lo que queda es el espectáculo de una joven que visitó uno de los cientos de conflictos en todo el mundo y volvió a su casa para verse convertida en un villano.
 
Estoy seguro de que muchos de los opositores de Israel reprocharían el trato dispensado a Cliona Campbell. Bastantes, pero no lo suficientes. Este lamentable asunto pone de manifiesto que el debate sobre Israel en Occidente ha ido mucho más allá de una preocupación por los derechos palestinos hasta alcanzar el reino de lo irracional. En todo caso, a los matones que han violentado a Cliona se les puede hacer responsables de salirse del guión, pero no de haberlo escrito (y sí a las élites progresistas y mediáticas).

Por: Ben Cohen (Huffington Post)
Traducción: José Antonio Safed-Tzfat

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Fecha de la nota
30/08/2010

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Comentarios para “La historia de Cliona Campbell, o como el antisionismo alcanza nuevas cuotas de ruindad”


  1. Aron expresa que:

    La unidad del pueblo judio terminara con todo este gigantesco bodrio.

  2. Hernan Becerra-Alvarez expresa que:

    Cuando los extremistas-terroristas se uedan sin argumentos, como no tienen la capacidad para razonar, el único camino que les queda es la violencia. Pero cuando esa misma violencia se vuelve contra ellos mismos, ahí si posan de víctimas. Ocurre no solo en Irlanral. es común en Latinoamérica.

  3. Agustina expresa que:

    ·a los matones que han violentado a Cliona se les puede hacer responsables de salirse del guión, pero no de haberlo escrito” (y sí a las élites progresistas y mediáticas).