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30/08/2010

Estados Unidos: los judíos estadounidenses se alejan de Obama

 

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En un informe del Pew Research Center titulado “Un creciente número de estadounidenses dicen que Obama es musulmán” (trágica por derecho propio), hubo otro poco de malas noticias para Obama: el número de judíos que se identifican como republicanos o como independientes que se inclinan por los republicanos ha aumentado en más de la mitad desde el año en que fue elegido. En el 2008, la proporción de judíos republicanos a judíos demócratas fue mucho más que tres a uno. Ahora es menos de dos a uno.
 
Esto es sin duda una reacción, al menos en parte, a la postura de la Administración Obama de adoptar una dura retórica con Israel, al tiempo que mantiene “cuidados especiales” con el mundo musulmán, como Robert Gibbs, secretario de prensa de la Casa Blanca , lo dijo en junio. Si eso suena como un cortejo, lo es.

Algunos de los críticos más fervientes del presidente y algunos de los más firmes defensores estadounidenses de Israel (dos grupos que no son excluyentes entre sí) han dado cuenta de lo que consideran un trato injusto y desequilibrado de la administración de Israel.

En septiembre de 2009, Obama se presentó ante las Naciones Unidas y declaró: “Estados Unidos no acepta la legitimidad de más asentamientos israelíes”. Fue una línea que el presidente había utilizado unos meses antes en un discurso en El Cairo. John Bolton, embajador ante las Naciones Unidas durante la administración de George W. Bush, respondió: “Este es el discurso anti-Israel más radical que puedo recordar por parte de un presidente”.

La Casa Blanca, sintiendo la presión sobre la grieta en desarrollo, trató de limar asperezas a través de una serie de reuniones y declaraciones, pero como Helene Cooper publicó enThe Times: “No está claro si las recientes acciones de Obama darán confianza a los judíos americanos y al público en general en Israel, donde los puntos de aprobación a Obama han caído fuertemente.

Cuando Obama se reunió en julio en la Casa Blanca con el Primer Ministro Benjamín Netaniahu, subrayó el apoyo inquebrantable de los Estados Unidos a Israel y su compromiso con el “vínculo especial” entre las dos naciones.

Sin embargo eso no fue suficiente para sofocar los gritos de los que, como el representante Mike Pence, el Presidente de la Conferencia Republicana, que a principios de este mes le dijo a la Christian Broadcasting Network, “Creo que el gobierno de Obama es la administración más anti-Israel en la historia moderna del Estado de Israel”.

Justo o no, estas críticas están cristalizando en una creencia compartida por muchos: Obama está quemando puentes con la comunidad judía con el fin de construir puentes hacia el mundo musulmán.

[New York Times – Traducción: Noti-Israel]

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30/08/2010

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Comentarios para “Estados Unidos: los judíos estadounidenses se alejan de Obama”


  1. DnTeo expresa que:

    La postura adoptada por OBAMA con respecto a Israel es muy delicada. Las últimas acciones realizadas dentro del ámbito de los conflictos con los radicales musulmanes ofrecen una significancia de que pretende atenuar la presión bélica que hasta la fecha se ha tenido con ellos.
    Pero algo que el mandatario estadounidense no debe olvidar que para las organizaciones radicales musulmanes, él está en la “casa de la guerra” y todo cuanto haga por bajar de nivel las ostilidades con éstas, serán vistas como signos de debilidad y no como un afán de terminar con la violencia.
    Todos esos signos de debilidad darán pie a que se fortalezcan las organizaciones ultraderechistas internas de Estados Unidos, que se agudicen los atentados en contra de grupos etnicos en desventaja y que resurjan organizaciones racistas que por algún tiempo se creían exterminadas o al menos reducidas.
    En caso de seguir en esa línea de gobierno, Barak Obama romperá un equilibrio que mantuvo en cierta calma a la sociedad norteamericana por unos 30 años en tanto que, en el ámbito internacional dará mayor confianza a las pretenciones facistas de dictaduras como Venezuela, Cuba, Irán y Corea del Norte.
    La estabilidad política y económica de los Estados Unidos está ante un grave riesgo.