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28/10/2010

El padecimiento de Ariel Sharón como alegoría de la sociedad israelí

 


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El ex Primer Ministro, Ariel Sharón, postrado en la cama de un hospital en estado de coma, es el principal tema de una exposición en Tel Aviv, como alegoría de la deriva política del Estado Israel. Se trata de una obra realizada por el escultor israelí Noam Braslavsky, que se presentó en la galería Kishon de Tel Aviv y pretende acercar al público a la figura del polémico político y díscolo general, amado y aclamado por unos y odiado por otros, pero que no deja indiferente a nadie.

La réplica de Sharón, hecha originariamente de cera y recubierta de una pasta especial de plástico, retrata de forma hiper-realista al ex Primer Ministro de 82 años, tendido en una cama de hospital con los ojos entreabiertos, respirando sin ayuda mecánica y con una vía por la que se le suministra suero y alimento.

El mandatario sufrió una fuerte hemorragia cerebral en enero de 2006 cuando ostentaba la jefatura del Gobierno de Israel, y desde entonces se encontraba en estado vegetativo en un hospital al que sólo acuden sus hijos y allegados más cercanos hasta que fue trasladado recientemente a su granja Shikmin, en el desierto del Neguev.

El artista trabajó durante dos meses para realizar la escultura, que pudo configurar gracias a que un fotógrafo le facilitó instantáneas de Sharón de “todos los ángulos”.

Tras desarrollar su obra durante décadas fuera del país, principalmente en países europeos como Polonia, Rusia o Alemania, Braslavsky regresó recientemente a Israel para continuar su labor.

“Busqué algo que representara el carácter israelí, algo que moviera los ánimos y perteneciera a todos los israelíes y descubrí la figura de Sharón”, explicó el escultor.

Apunta que el hecho de que el político se encuentre entre la vida y la muerte desde hace más de cuatro años, y que aparentemente a nadie le interese su situación, le dio la idea de trabajar en la escultura, “para dar a los israelíes la posibilidad de poder despedirse de él”.

La experiencia promete ser única, pues el visitante podrá tener su encuentro privado con Sharón, ya que el acceso está limitado a una o dos personas como máximo, al igual que las visitas a la sala de cuidados intensivos de cualquier centro hospitalario.

“Pensé que sería una experiencia increíble levantar una especie de mausoleo para una persona y devolver a Sharón a la realidad”, precisa Braslavsky, para quien la obra es “un icono de él”.

Sharón culminó su vida política gozando de gran predicamento entre la población, que lo consideraba un político aguerrido capaz de sacar adelante al país.

En su faceta militar es conocido principalmente por el cruce del canal de Suez, desobedeciendo órdenes, durante la guerra de Iom Kipur en 1973, cercando al tercer ejército egipcio, lo que definió el curso de la guerra, y alcanzando el kilómetro 101 de la ruta a El Cairo. Pero también se lo evoca porque siendo Ministro de Defensa, los falangistas libaneses cometieron una masacre en Sabra y Shatila en El Líbano en 1982, o por ser el responsable del confinamiento en Ramallah del histórico dirigente palestino Yasser Arafat, durante la Segunda Intifada, lo que valió fama de líder intransigente.

El artista ha querido retratar a Sharón como se le recuerda en sus últimos día de vida pública y pretende llamar la atención sobre la influencia de figuras de la vida moderna sobre la población.

“Sharón no está muerto sino vivo y es una personalidad con un enorme impacto en la vida israelí, para bien o para mal, que mueve tantas emociones de amor y adoración, en contraposición al odio y vergüenza”, resalta.

Sobre si su obra puede reflejar la situación actual del Estado de Israel en una especie de limbo político, como han querido ver algunos críticos, Braslavsky afirma que no fue su intención inicial, aunque reconoce que “no puedes ignorar que mucha gente lo vea así”.

Insinúa que la situación del país puede verse reflejada en la figura de Sharón, “un personaje duro y con poder que sigue vivo y respira, como podría considerarse a la pujante economía israelí, pero que a su vez depende del exterior para subsistir”.

El artista recurre a “la alegoría de los ojos que siguen abiertos pero ya no ven” de Sharón, para aludir a la indiferencia y apatía de gran parte de la sociedad israelí por la situación circundante.

[Aurora]

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28/10/2010

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