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11/05/2012

¿IGNORANCIA, ESTUPIDEZ O PERVERSIDAD?

 

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En más de una oportunidad comentamos en estas páginas sobre la tergiversación de la historia por parte de árabes en general y palestinos en particular, tanto en lo referente al conflicto con Israel como inclusive a la historia judía, muy especialmente en lo relativo al vínculo milenario con Jerusalem.

 

Pero esta vez, la imaginación ha superado cualquier cosa.

Recientemente, en la televisión de la Autoridad Palestina (identificada con Al Fatah, no con Hamas), un catedrático palestino de la Universidad de A-Najah en Nablus , el Dr. Omar Ja´ara, brindó una equivocada lección de historia en un programa sobre religión, diciendo que Moisés, musulmán, sacó de Egipto “a los musulmanes de los hijos de Israel”  y que la conquista de la tierra que se concretó después de la travesía por el desierto, fue “la primera liberación palestina…de Palestina”. Según él, al frente de dicha conquista no estaba Yehoshua (Josué) , como indica la Biblia, sino Talut (Saul).

La organización “Palestinian Media Watch” que hemos citado aquí en repetidas ocasiones- que hace un seguimiento de los medios palestinos traduciendo sus contenidos cuando hay algo problemático-, recuerda acertadamente que parte de lo dicho por el docente palestino es una repetición de lo que aparece en la tradición islámica, como ser la presentación de Moisés, como musulmán. No es la única figura de la Biblia que aparece de esa forma en la islámica. También Abraham, para los musulmanes, era musulmán. Pero la “clase” del Dr. Ja´ara tergiversa inclusive lo escrito en el Korán, con evidente intención política.

El libro sagrado del Islam hace referencia en varios de sus capítulos a los “hijos de Israel”, pero nunca los llama  “palestinos”. Cabe recordar que el término Palestina fue acuñado por el Imperio Romano, en referencia a los filisteos, en un intento de borrar el nombre que imperaba entonces, Judea, o sea tierra de los judíos, por ser ellos la mayoría de los habitantes de la tierra. Asimismo, el Koran nunca hace referencia a la conquista de la tierra como “conquista palestina”. A pesar de ello, el catedrático palestino en cuestión habla de ello como “la primera liberación  palestina a través de la lucha armada, para liberar Palestina”.

Estas fueron las palabras exactas del Dr . Ja´ara:

“Debemos aclarar al mundo que el David de la biblia hebrea no está relacionado al David del Koran, Salomón de la biblia hebrea no está conectado a Salomón del Koran y tampoco lo está Saul o Yoshua bin Nun de la Biblia”.

“Tenemos un gran líder, Saul (en el Koran), que derrotó a la nación de los gigantes y mató a Goliat. Esta es una gran victoria musulmana. Los musulmanes de los Hijos de Israel salieron de Egipto bajo el liderazgo de Moisés, y lamentablemente, muchos investigadores  niegan el éxodo de ese pueblo oprimido liberado por un gran líder, como Moisés el musulmán, el líder creyente, el gran musulmán, que fue sucedido por Saúl, el líder de estos musulmanes, en la liberación de Palestina. Esa fue la primera liberación palestina por medio de lucha armada para liberar Palestina de la nación de los gigantes guiada por Goliat. Esta es nuestra lógica y esta es nuestra cultura”.

Y uno lee y se pregunta a qué se desea llegar con la presentación de hechos no simplemente tergiversados sino totalmente retorcidos, para crear una narrativa extraña y carente de fundamento.
Esa no puede ser la base sana de ninguna reivindicación.

Fuente: Semanario hebreo. Uruguay – PorIsrael.org
Autora: Ana Jerozolimski

Clip donde el  Dr. Omar Ja´ara brindó una equivocada lección de historia en un programa sobre religión, diciendo que Moisés, musulmán, sacó de Egipto “a los musulmanes de los hijos de Israel”  y que la conquista de la tierra que se concretó después de la travesía por el desierto, fue “la primera liberación palestina…de Palestina”.

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11/05/2012

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Comentarios para “¿IGNORANCIA, ESTUPIDEZ O PERVERSIDAD?”


  1. Americo Figueroa expresa que:

    COMENCEMOS A HACERNOS OIR

    Recordemos algunos pasajes importantes de la historia israelita.

    Cuando el ex Jefe del Gobierno de Egipto Sen Mut (Mu Sen), se entrevistó con Amenofis II, el nuevo faraón (c. -1438), le exigió la libertad de los israelitas que permanecían desde hacía 430 años en condiciones de servidumbre, solicitud que el rey egipcio rechazó y contestó incrementando el trabajo de los siervos hebreos.

    Senmut-Musen habló personalmente con el rey en más de seis ocasiones, lo que prueba que se trataba, en efecto, de “una persona muy conocida por el pueblo y admirado por los funcionarios de la corte debido a sus palabras y a sus obras”. El cayado que llevaba en la mano era la vara que identificaba a los nobles de Egipto, “los hombres de la vara” y el conjunto de sus vestiduras (detalle que él no menciona cuando redacta el Libro de Moisés), las prendas suntuosas que correspondían a los altos magistrados y miembros de la nobleza, los únicos que merecían ser tratados cara a cara por el divino faraón y obtener más de seis audiencias personales con el rey.

    Se dirigió al soberano como líder de los israelitas en el aspecto político, y habló en nombre de Dios como su profeta en el plano religioso y solicitó la libertad de las tribus hebreas subyugadas. “Deja marchar a mi Pueblo” solicitó en variadas ocasiones, invocando su representación.

    Amenofis II obcecado, impermeable a ambos títulos, se negó a negociar. Promulgó sus famosos tres no: “no a la representación invocada, no a la libertad de los oprimidos, y no a la negociación”, hasta que la muerte de su primogénito motivó que al fin prestara algo de oídos a las reiteradas advertencias previas de sus consejeros: “Dale a este hombre lo que pide, ¿no te das cuenta que Egipto se pierde?”

    Lo que finalmente se pactó, a la luz de los documentos históricos posteriores, era la potestad, el poder delegado de Visir para sacar a los israelitas de Egipto y llevarlos a Canaán, la Tierra Prometida, a cambio de recibir en metales los tributos de sumisión de aquellos reinos que Egipto había dejado de percibir desde la muerte de su padre Tutmosis III, demanda que Israel cumplió puntualmente según consta en las Cartas de Tell el Amarna, la correspondencia tripartita entre Amenofis III, los reyezuelos de Canaán y la tribu de Judá en representación de las tribus hebreas (c. -1390)

    Por eso le confió a Judá la iniciativa de ser la primera en abrir la marcha, ser la primera en entrar en combate y ser la primera en traer los metales capturados. “Estoy enviando al rey el tributo convenido”, escribió en sus cartas el león de Judá, y lo prueba el hecho que a consecuencia de ello el oro le sobraba a Amenofis III, el rey constructor, para edificar y refaccionar templos, una nueva ciudad para su hijo Akenatón y destinar el sobrante de oro al rey sirio de Mitani para asegurar la tregua entre ambas naciones.

    Al faraón no le interesaba el nombre del reyezuelo de turno en Canaán, lo único que le importaba era recibir regularmente las partidas de oro en concepto de tributo de sumisión. Cuando el rey de Jerusalem le pidió arqueros para repeler a los hebreos (habiru), no obtuvo respuesta. El rey pidió explicaciones a Judá, el león Labayu, quién protestó fidelidad al mismo y que seguía enviándole el oro, el tributo de sumisión de los pueblos cananeos conquistados.

    Canaán, la Tierra Prometida, no sólo comprendía la ciudad de Jerusalem, también incluía Judea y Samaria, y ambas márgenes del Jordán, Gaza y la ribera norte del Mediterráneo. Ahora, a Israel le piden que abandone Jerusalem, que desocupe toda Cisjordania, que se retire hasta la costa mediterránea y ¿qué más? ¿que suba a los barcos y que los israelitas regresen a Europa como refugiados? ¿o que vuelvan directamente a Auschwitz como rebuznaron por radio los provocadores nazis de la “flotilla humanitaria”?

    Es hora que Israel, apoyado por el pueblo hebreo de la Diáspora, empiece a reclamar abiertamente Canaán, desde la costa mediterránea hasta la ribera del río Éufrates, tal como estaba convenido en el pacto político entre Senmut-Musen y Amenofis II, dueño del territorio, tal como está escrito en el Libro de Moisés y en los restantes documentos históricos cruzados (la estatua de Idri Mi, los escritos de Ugarit, etc). Si los adversarios pueden pedir las fronteras de 1967, 1948 y 1944 o devolvernos a Auschwitz nosotros tenemos el derecho indiscutible de pedir hasta el último centímetro de nuestra Tierra Prometida. Si los adversarios reclaman “Palestina”, nosotros debemos reclamar “Canaán” porque nos sobran argumentos históricos y constancias escritas para hacerlo y tal vez la paz nos encuentre en el medio.

    Que la comunidad de naciones lo piense, ya que nuevamente corremos el riego de perder la vida, y ya que si esta vez perdemos, perderemos todo, sepan que si ganamos no deberíamos devolver más nada como hicimos antes, pues todo el territorio de la Tierra Prometida nos pertenece desde siempre, por derecho político, por derecho histórico, por derecho legal, por derecho de conquista y por derecho moral, la Tierra prometida pertenece al Pueblo hebreo de Israel y al pueblo israelita de la Diáspora. Si las naciones que pueden ayudar no nos ayudan, tampoco podemos permitir que nos maten y nos arrojen al mar. Vayamos todos tomando nota y comencemos a hacernos oír.

  2. Americo Figueroa expresa que:

    A quienes cuestionan desde hace varias décadas la historia, en especial desde la independencia de Israel, atacan la identidad y la memoria de la milenaria y sufrida dispersión del pueblo hebreo y otros que inclusive niegan o banalizan el holocausto nazi, deberíamos informarles que ahora finalmente surgieron las pruebas arqueológicas de la presencia del pueblo hebreo en Egipto, de Moisés su liberador llamado en egipcio Sen Mu(t) -Mu Sen silábicamente invertido, compuesto por Mu agua y Sen hermano- y de la realidad del Éxodo liderado por el profeta y estadista iniciador del movimiento político y moral contenido en el Pentateuco o Libro de Moisés. Los ocultadores de la verdad, historiadores minimalistas y egiptólogos negadores bíblicos, vienen insistiendo en ocultar, a partir de la creación del Estado de Israel, que el pueblo israelita haya vivido en el Egipto faraónico, y que haya existido un Moisés, un Éxodo y que son ciertos los lazos históricos con Eretz Israel. Ellos no admiten ninguna prueba de la veracidad de los relatos bíblicos y rechazan sin analizar hasta sus propios registros arqueológicos que demuestran la vinculación y los derechos históricos-políticos de Israel a su tierra.

    ¿Dicen que no hay pruebas de la presencia del pueblo hebreo en Egipto? ¿Que no hay evidencias de la existencia histórica de Moisés?

    No sé si está al tanto que se ha descubierto recientemente en Egipto la cripta-cenotafio que preparó en vida el profeta (la tumba tebana 353) y que nunca llegó a ocupar pues debió exiliarse alrededor de sus 40 años. Esa cripta secreta, sin terminar y sin uso, la ocultó con tanta habilidad que recién en 1927 el arqueólogo Herbert Winlock la excavó intacta luego de 3400 años. El sorprendente descubrimiento ha puesto punto final a siglos de especulaciones históricas. La egiptología oficial acorralada ante las evidencias se niega a debatir abiertamente cualquier hallazgo arqueológico que confirme la historia bíblica. La cantidad de pruebas arqueológicas es tan abundante e irrefutable que el consejo supremo de antigüedades de la República Árabe de Egipto se aboca actualmente a una obsesiva campaña de recuperación de los textos y estatuas que están en museos occidentales (hay veinticuatro estatuas del profeta y numerosos autorretratos en los Museos Metropolitano de Nueva York, de Fort Worth, el Louvre, de Berlín, de Brooklyn, de Munich, Museo Británico, etc.) porque no les conviene que se sepa la verdad histórica. Desde hace setenta años se dedican a tergiversar, desvirtuar y deslegitimar la verdad histórica.

    ¿Cuál es la verdad histórica entonces? Israel y su descendencia vivieron en Egipto, en su seno nació el futuro libertador hacia el año 1520 a.e.c., que la Toráh, Pentateuco o Libro de Moisés la escribió en esa antigua época, y que existió un Éxodo confirmado por muchas fuentes arqueológicas cruzadas (estela de Amenofis II, el gran templo funerario de Hatshepsut, dos criptas privadas, el papiro Ipuwer, la correspondencia de Tell el Amarna, los abundantes textos de Senmut, de Manethon, la estatua de Idri Mi, los textos de Ugarit). Lo que sobran son los documentos históricos relacionados demostrativos de que Musen fue en Egipto Senmu, el querido hijo adoptivo de Hatshepsut y su jefe de Gobierno durante diecisiete años entre el 1497 y 1480 antes de la era común.

    El grave revés, el gran fiasco para los mencionados historiadores y egiptólogos minimalistas y negadores bíblicos es que el “mito” de la Biblia no es un mito, que el relato central es verdadero, que la arqueología dispone actualmente para probarlo de antiguos y superabundantes textos y monumentos que respaldan sobradamente los derechos originales del pueblo de Israel y de sus descendientes a la tierra prometida, derechos otorgados expresamente a través de un reclamo por escrito -el Pentateuco- sobre la tierra de Canaán extendido por Sen Mut (Mu Sen, persa Mohsen, Vulgata Mosen, árabe Musa) alto dignatario político de Egipto, la potencia dominante de Canaán, luego de recibir del faraón el mandato de abandonar el país y conseguir que delegara en sus manos los destinos del pueblo hebreo -“Levántate tú y llévate a los israelitas de Egipto, y haced con ellos como has dicho”-, mandato que representa la carta política de independencia del imperio egipcio. Ahora la arqueología y la historia prueban fehacientemente que el primer titular, el más antiguo, el originario, es el pueblo de Israel, que la tierra de Canaán, que incluía Israel, Gaza, parte del Líbano, de Siria y de Jordania, fue reclamada mediante un incuestionable documento escrito -el libro de Moisés o Pentateuco- en favor de Israel, sus hijos y toda su descendencia, más de veinte siglos antes de producirse la conquista árabe islámica.

    Que con respecto a su profeta y caudillo político, criado y educado en Egipto durante cuarenta años, no debe extrañar que su cultura y creencias fueran egipcias, pero luego a lo largo de sus restantes cuarenta años en íntimo contacto con los pueblos abramitas, cananeos y semitas seminómadas diera la espalda a sus primeros credos y elaborara por escrito una síntesis superadora, el inspirado monoteísmo ético destinado a ser copiado y trasmitido de generación en generación y cuyo texto dio posterior origen al judaísmo, cristianismo e islamismo. Se adjuntan algunos de los documentos arqueológicos descubiertos que deberían difundirse traducidos al inglés y hebreo para ir desenmascarando las falsas teorías acerca de la historia del pueblo de Israel en sus comienzos.
    ¿Se anima a ayudarnos a difundir esta trascendente verdad histórica?

  3. Americo Figueroa expresa que:

    Por supuesto, es ignorancia, es estupidez y sobre todo es perversidad. Hace poco empezaron a decir, y los medios los aplaudieron, que Moisés no era Hebreo sino egipcio. Ahora que ¿Es musulmán?, ¿qué será mañana, de Liliput, será liliputiense?. Aclaremos bien la cuestión desde el principio.

    MOISÉS. ARQUEOLOGÍA (ver citas y referencias al final)

    ¿Cuáles son algunas de las numerosas pruebas arqueológicas coincidentes entre la narración bíblica que escribió Moisés y los textos que escribió Senmut, protegido desde pequeño por la hija de faraón, Hatshepsut?
    Anterior a la redacción de los primeros libros de la Biblia y concordantes con ella, en los cientos de documentos que escribió sobre sus estatuas y monumentos propios y de su madre adoptiva la reina Hatshepsut, Senmut -lo mismo que Musen (Moshé) décadas más tarde escribió en las páginas del libro del Éxodo- nos informa ser hebreo, originario del Delta, de Ramsés (1), entregado a la creciente del río, salido de las aguas, con poder sobrenatural sobre ellas (2), educado desde pequeño en toda la sabiduría egipcia, jefe político, administrador del culto, recolector de todos los impuestos (3), reconocido como hijo propio por la esposa real Hatshepsut al ser nombrado noble y príncipe hereditario pese a ser hijo de padres de la clase baja (4), educado en toda la sabiduría de Egipto, gran personaje admirado por el pueblo y los funcionarios, poderoso por sus palabras proféticas y sus obras arquitectónicas (5), guardián del oro, custodio de las artesanías religiosas y de la morada divina (6), desaparecido de Egipto en la cuarentena de su vida (7), todas circunstancias exactamente iguales al relatobíblico. Por lo tanto, los ochenta cargos públicos que ejerció al frente del gobierno egipcio coinciden punto por punto con las funciones ejecutivas, legislativas, judiciales, económicas, impositivas, administrativas y proféticas a la cabeza de Israel. Su momia nunca fue hallada. Su sarcófago, vacío y sin uso, se encontró en la tumba de su familia TT71 partido en 1300 pedazos como parte de la campaña contra su memoria (8) después del Éxodo. Muchas de sus estatuas fueron desnarigadas, decapitadas o destruidas hasta la base misma, y su nombre descincelado para borrar su recuerdo y sus antecedentes grabados en sus estatuas y en los monumentos que dejó en Egipto.
    El resto de las pruebas arqueológicas están bajo estudio y hasta ahora no se ha hallado ningún material histórico-arqueológico refutatorio. En cambio siguen apareciendo nuevas confirmaciones positivas. En total hay 51 monumentos suyos, incluyendo 24 estatuas, varios autorretratos, un sarcófago reconstruido y gran cantidad de textos concordantes de que Sen Mut, luego del Éxodo, se daría a conocer como Mu Sen (Moisés). Historiadores y egiptólogos negadores bíblicos siguen fracasando en su intento de desacreditar seriamente una sola de tal abrumadora y coherente cantidad de pruebas materiales. También la cronología coincide gracias a la verificación cruzada entre el calendario astronómico que él diseñó en el cielorraso de su cripta secreta TT353 (9) concordante con la nueva cronología que luego él mismo fijó para fechar el Éxodo (10) pues al comienzo del reinado de Salomón habían transcurrido 480 años desde este nuevo calendario. Autores antiguos y modernos señalan como correcto el período de gobierno sucesivo de Tutmosis II y Hatshepsut datados entre c.1520 y 1480 antes de nuestra era, coincidentes con los cuarenta años de Moisés en Egipto. Casualmente, o adrede, sen-hermano y mu-agua, conservan el mismo significado invertidos (Mu Sen – Sen Mu), “hermano del agua”, porque la hija del rey lo bautizó diciendo “porque del agua lo he sacado” . Informe suministrado por el CELEB, Centro laico de estudios bíblicos y egiptológicos. [email protected] Ver moisés-senmut en el buscador.

    (1)Texto del gran emblema-criptograma frontal de las estatuas de Senmut sitas en los museos de Brooklyn, Kimbell Art -Texas- y Museo del Louvre. Concuerda con Génesis 47:11. También este criptograma lo inscribió por docenas en los frisos y sobre la cabeza de las estatuas de Hathor en el Templo de Hatshepsut. (2) Texto de la estatua de Senmut sita en el Chicago Field Museum. Coincide con la traducción de Deroches Noblecourt, “Hatshepsut”, editorial Edhasa, España, 2004. Concuerda con Éxodo 2:1/14. (3) Textos escritos por Senmut en su cripta-cenotafio TT 353 e inscripciones en Karnak Statue, Benson and Gourlay, “The temple of Mut in Asher”, paginas 209 a 309, London, 1899. Concuerda con Hechos 7:22. (4) Texto escrito por Senmut en sus estatuas sitas en el British Museum, en el Museo Egipcio de El Cairo, Karnak Statue e Assuan Inscription. Coincide con Éxodo 2:10 y Hechos 7:21.(5) Texto de la estatua de Senmut del Museo de Berlín, Concuerda con Hechos 7:22. (6) Texto de la estatua de Senmut sita en el Museo de Berlín, Karnak Statue y otras. Traducción de James H. Breasted, “Ancient Records of Egypt”, Vol.II, Senmut, página 144 a 153, University of Illinois Press, 2001. (7) Según la edad que representa en el autorretrato de su cripta secreta 353 y la fecha que indica el calendario astronómico (-1482) que diseñó en el cielorraso de la misma y única fecha cierta de Egipto. Coincide con Hechos 7:23. (8) “The monuments of Senenmut”, Peter Dorman, Kegan Paul International Ltd., London & New York, 1988. (9) Excavada intacta por el arqueólogo Herbert Winlock en 1927. (10) “…este mes -de la salida de Egipto- será el primer mes de los meses del año”, Éxodo 12:2. En el cuarto año del reinado de Salomón habían transcurrido 480 años desde el Éxodo origen de este nuevo calendario (1 Reyes 6:1).