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18/06/2012

ISRAEL NO QUIERE REALMENTE PONER FIN A LA SEGREGACION DE GÉNERO

 


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¿Estamos realmente interesados en acabar con la segregación de género dentro de la sociedad haredi (ultra-ortodoxa), o cualquiera de los otros males similares, e incluso más graves, que existen en esa sociedad, así como en las demás? No es probable. Tras los tonos estridentes de los últimos días, uno puede asumir con seguridad que la meta de la mayoría de los críticos, incluidos los religiosos, es reprobar a la sociedad haredi, pura y simplemente.
 
La mayoría de los males sociales ocurren porque, como dice la Biblia, “En aquellos días no había rey en Israel, y cada uno hacía lo que le parecía”. Y no está del todo claro que la comunidad ultra-ortodoxa se aproveche más y mejor que otras de esa falta de respeto a la soberanía.
 
Sin embargo, los haredim están sujetos a un marcaje y a unas leyes diferentes que los demás – con excepción, quizás, de los colonos. ¿Qué fácil resulta unirse en contra de ellos, especialmente durante Hanukkah, y cantar con gran sentimiento la canción favorita de esta festividad, “Banu Hoshech Legaresh”: “Hemos venido a desterrar la oscuridad”.
 
La secta violenta existente en Beit Shemesh podría haber sido controlada cuando todavía era pequeña y débil. Sin embargo, ella no era la parte más débil: lo eran la policía, las autoridades municipales y la mayoría silenciosa de sus residentes. Ahora que los medios de comunicación nos han despertado a todos, lo que debería haberse hecho hace unos años, puede que finalmente no sigan adelante en Beit Shemesh y más allá.
 
Las malas hierbas que crecían en los jardines del movimiento de los asentamientos también se han cortado de raíz. Pero aquí también, no hubo prisa. Sin embargo, sorprendentemente, sólo dos semanas después de que un ataque a los soldados provocara la protesta pública, hay indicios convincentes de que la policía ha comenzado a actuar con decisión.
 
Hay otros problemas que igualmente necesitan erradicarse, y en una escala incomparablemente mayor, y que también se dan en otras comunidades. Pero la corrección política otorga mayor importancia a la segregación de la mujer en la sociedad haredi que en el abuso emocional y sexual, las drogas, la pornografía y el abuso del alcohol existente en otras comunidades.
 
Esta corrección política bloquea sin lugar a dudas una discusión abierta acerca de los graves problemas de ese tipo que arrastran la sociedad árabe y la beduina (como la poligamia, que la ley prohíbe claramente, el matrimonio entre parientes cercanos, la mutilación genital femenina, etc.). Ni siquiera está permitido – y esto es evidente por sí mismo – discutir acerca de los incidentes protagonizados por árabes y beduinos atrayendo a niñas judías de las comunidades periféricas y de hogares pobres a abandonar la casa de sus padres y mudarse a los pueblos árabes, aunque esto sea un secuestro en todo el sentido de la palabra cuando la niña es menor de edad.
 
Aunque este fenómeno es bien conocido, rara vez se denuncia públicamente, y las autoridades policiales y del bienestar no suelen emprender acciones incluso cuando los padres presentan denuncias. Tampoco hay casi nadie interesado en las historias de esas niñas que finalmente logran huir del abuso psicológico, físico y sexual, como sí lo estuvieron con la historia de Naama Margolese (*1) la semana pasada (por no mencionar el hecho de que los secuestradores y abusadores no son procesados). ¿Por qué?
 
Caminar por las calles de una gran ciudad por la noche también resulta peligroso, y no sólo para las niñas, de hecho es mucho más peligroso que en Beit Shemesh(*2). ¿Qué colectivo es responsable de esto? ¿A qué líderes públicos se les culpa de ello, o por lo menos se les obliga a explicarse? ¿Por qué sólo los ultra-ortodoxos y los colonos son culpables de manera colectiva de lo que sucede en sus patios traseros, mientras que a la gente de Tel Aviv (como colectivo), y/o a los intelectuales que se perciben como sus padres espirituales, nunca se les acusa de tener responsabilidad en sus respectivos males, pero sí en cambio se acusa directamente a los rabinos? ¿Por qué existe un dedo acusador que apunta al colectivo haredi de Beit Shemesh mientras que los graves problemas existentes en otros lugares están huérfanos de padre y de responsabilidad pública?
 
La principal causa por la que los ultra-ortodoxos pueden ser condenados colectivamente, y sus rabinos hechos responsables, es la degeneración a la que ellos mismos se han condenado, de la que la segregación de la mujer es sólo un síntoma. Sin embargo, la parte productiva de la sociedad debe preguntarse: ¿Por qué aceptar dócilmente y financiar esta continua degeneración? ¿Por qué, en respuesta a injusticia, no se levanta un movimiento de protesta, tal como lo hizo contra el costo de la vivienda, y tiene lugar una manifestación de “un millón” de personas?
 
Autor: Israel Harel – Haaretz / Diciembre de 2011
Traductor: Jose Antonio – Safed-Tzfat http://safed-tzfat.blogspot.com.ar/
 

(*1) Niña de 9 años que fue insultada por un Haredi, por vestir “indecentemente”.
(*2) Ciudad ubicada a 20 km. al oeste de Jerusalem, la mayoría de la población es Haredí.

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18/06/2012

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