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05/07/2012

YITZJAK SHAMIR, UN PRECURSOR DE LA PAZ PARA ORIENTE MEDIO

 

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NOS DEJÓ sobrado de años y pletórico de sabiduría, tras la implacable lucha contra la enfermedad y el tiempo inexorable que devasta, pero que también encumbra en la memoria a quienes dejan su huella indeleble entre sus semejantes. Como el rey David, fundador de Jerusalem hace más de 3.000 años, el que fuera presidente dela Knessety, en varias ocasiones, primer ministro, Yizjak Shamir, traspasó las puertas de paraíso, dela Eternidad. Se fue en silencio, sin ruido ni estridencias, casi de puntillas y sin que apenas se hiciera notar, con la sencillez de un gran hombre, cuyo corazón no cabía en su cuerpo y cuya estatura moral es un reclamo para el ejercicio de la función pública y de la práctica de la alta política de Estado para esta y las futuras generaciones. Supo anteponer los intereses nacionales a los personales, como se ha podido apreciar en toda su trayectoria política institucional.

Su amor a Israel no tenía límites, como lo constata toda una vida entregada a su pueblo, a la sociedad que le confirió la responsabilidad de ocupar instancias relevantes en la conducción del Estado judío, su gestación y alumbramiento feliz y también tortuoso en la primavera de 1948. Sin duda alguna, el Likud tiene en Yitzjak Shamir a uno de sus nombres propios y notables.

Un luchador como pocos, junto a recordados y valerosos promotores e impulsores de la independencia del país como Abraham Stern o Menahem Beguin, David Ben Gurión, Golda Meir o Jaim Weizmann, entre otros, desde que arribara a Palestina, bajo el mandato británico, en 1935, procedente de Bielorrusia. Una vez establecido en la Palestina ocupada por los británicos, Icchak Jaziernicki (1915-2012) adopta el nombre de Yitzjak Shamir, con el que se le conoce hasta el momento de su irreparable pérdida, acaecida el pasado sábado. Activista del Irgun y del Haganah (que luego abandonaría), se desempeñó como jurista y reputado político hasta convertirse el séptimo primer ministro de Israel (1983-1984) y repetir mandato entre 1986 y 1992. Sin ánimo de ser pretencioso, su segunda etapa tiene una gran significación personal para mí, porque fue la del comienzo de mi proceso de naturalización, que culminaría felizmente en octubre de 2001, en Jerusalem. En 1986 efectué mi primer viaje a Eretz Israel, y en 1990 tuve el honor de coincidir con él y su reducido séquito en la Gran Sinagogade Jerusalem en el rezo de Kol Nidrei de Yom Kipur (Día del Perdón).

A él y a su gobierno les tocó lidiar con la primera Intifada o revuelta palestina con las implicaciones que tal circunstancia conllevó para el país en 1987 y se había apuntado como detonante un accidente de tráfico que costó la vida a cuatro palestinos. Una revuelta que se prolongó hasta 1993 y contribuyó al desgaste del Gobierno y a una mayor presión internacional hostil o sesgada hacia Israel.

En enero de 1991, Yitzjak Shamir daría muestra de su alta visión de Estado al no ceder a la provocación del entonces presidente de Irak, Sadan Hussein, tras el ataque con misiles Scud a Israel. Engulló sus propias palabras pronunciadas pocos meses atrás en el sentido de que Israel sería implacable ante cualquier provocación del régimen iraquí, consciente, tal vez, de que una respuesta contundente de Israel en aquella guerra del golfo Pérsico, hubiera tenido consecuencias impredecibles para la región y para el propio país, entonces, en fase de recuperación económica y aún con las secuelas de la guerra del Líbano. Optó por la prudencia y se decantó por la diplomacia para articular una solución al conflicto con los vecinos árabes y abrir una vía de diálogo a través dela Conferenciade Paz de Madrid, en noviembre de 1991, bajo la sugerencia del Gobierno de España y auspiciada por la Unión Soviética y Estados Unidos, donde se logró sentar en torno a una misma mesa a Israel, la Organización para la  Liberaciónde Palestina (OLP), Jordania, Siria y Líbano, y cuyos resultados fueron el embrión de los acuerdos de Oslo de 1993, que suscribirían su sucesor, Yitzjak Rabín; Yasser Arafat (líder dela OLP) y Bill Clinton (presidente de los Estados Unidos de América), aunque, posiblemente, con un alto coste político que se tradujo en su derrota en las urnas en 1992 y el triunfo de su oponente laborista Yitzjak Rabín.

Yitzjak Shamir ya formaba parte de la historia de Israel antes de su partida. Siempre quedará su recuerdo entre quienes seguimos y admiramos su dedicación encomiable y singular.

Fuente: eldia.es

 

 

 

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05/07/2012

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