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31/08/2012

RECHAZAR LAS ÓRDENES ES UNA SEÑAL PELIGROSA

 

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Un número de cosas bastante malas han ocurrido recientemente en el debate público sobre la cuestión iraní: No sólo algunos de los participantes parecen desconocer los hechos – ni tienen ninguna manera de saber sobre ellos -, sino que recientemente varias personas importantes han estado pidiendo a líderes y funcionarios militares que no obedezcan la decisión del liderazgo político electo si decide atacar. Además, los pilotos han sido llamados a negarse a llevar a cabo tal ataque.

Yo soy una de esas personas que tiene dudas acerca de la necesidad y conveniencia de una operación militar contra Irán en estos momentos, pero las cosas que algunos escritores y periodistas han dicho sobre este tema son exasperantes, y son una señal peligrosa. Lo que ellos han dicho no tiene cabida en un Estado democrático, aunque se pueda entender la angustia y la sinceridad de los opositores a una acción israelí.

Los logros de Israel como un estado democrático eran manifiestamente evidentes en el momento de la retirada dela Franjade Gaza y la evacuación de los colonos israelíes. Hubo un doble logro en lo acontecido: el hecho de que la difícil decisión tuviera que pasar por todas las instituciones pertinentes, desde el gabinete ala Knesset, y de ahí ala Corte Supremade Justicia, y el hecho de que a pesar de las palabras beligerantes escuchadas de parte de algunos colonos y sus partidarios, la evacuación se llevó a cabo sin violencia y sin bajas. Son pocos los países democráticos que serían capaces de presumir de un logro similar, y la combinación de determinación y sensibilidad es más que una frase vacía.

En aquellos momentos, la mayoría de la población entendió que un llamamiento a desobedecer la decisión del gobierno, tal como se escuchó de parte de varios rabinos, socavaba no solamente la democracia, sino que ponía en tela de juicio la existencia misma del Estado judío. En ausencia de soberanía oficial, a lo largo de las generaciones de judaísmo rabínico, se podría haber adoptado lo que dicela Mishná: “Haz tú mismo de rabino”, que no sólo es una receta para el pluralismo, sino sobre todo para la anarquía.

Uno de los grandes logros del primer ministro David Ben-Gurion, por el que fue criticado muy a menudo, fue su firme decisión, después del establecimiento del Estado, de asegurar que mantendría el monopolio del ejercicio de la fuerza. Este fue el origen de la difícil situación y decisión tomada en el affaire Altalena, y la disolución de las milicias derechistas del Irgun y del Lehi en Jerusalén después del asesinato del Conde Bernadotte. También fue el motivo para que se tomara la decisión de desmantelar el cuartel general de la fuerza de comandos Palmach.

Había una sola autoridad, y esto ayudó a Israel a evitar la danza de la muerte que caracteriza a los movimientos nacionalistas y a países como Irlanda, donde este principio no se llevó a cabo.

Los que querían colocar la idea de un Gran Israel o los decretos rabínicos por encima del principio de la aceptación de la autoridad del gobierno electo, expresaban realmente un legado del exilio, el de la ausencia de soberanía, de gobierno, y donde “todo el mundo hace lo que le parece bien”.

Es lamentable comprobar ahora cómo los que cuestionan la autoridad democrática son personalidades de la izquierda. La decisión con respecto a Irán no está en las manos de una o dos personas: es evidente que antes de la decisión final sobre el tema éste se discutirá en el gobierno, en el gabinete político y en el de seguridad, en el “octeto”, con los principales ministros, y enla Comisiónde Asuntos Exteriores y de Defensa dela Knesset, donde la oposición tiene representación. Según los informes, existen diferencias de opinión en el propio octeto, dando pruebas de la fuerza y del buen funcionamiento del sistema democrático. Ni los periodistas ni famosos escritores pueden servir como un sustituto del mismo.

Si alguno de los oficiales de alto rango tiene dudas sobre la decisión política, tiene la opción de renunciar a su puesto e incluso advertir al público contra el camino adoptado por los líderes políticos (Esto es lo que hizo el coronel Eli Geva, por ejemplo, en la primera guerra del Líbano).

Pero la promoción de una negativa a obedecer una decisión de la dirección política significa un golpe de estado político y militar. Estoy seguro de que nadie en el liderazgo del ejército israelí seguirá el consejo de Balaam, aunque provenga de personas de las que pensábamos que podíamos esperar responsabilidad moral y democrática.

Autor: Shlomo Avineri – Haaretz

Traducción: Safed-Tzfat 

 

 

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31/08/2012

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